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Canogar

Libertad y belleza

Rafael Herrera Guillén. Comisario de la exposición. Rafael Canogar (Toledo, 17 de mayo de 1935) es uno de nuestros pintores contemporáneos más importantes. Siempre a la vanguardia, desde sus inicios en los años 50 hasta hoy, no ha dejado nunca de crear, configurando un legado artístico único, tanto por su calidad como por su alcance en el tiempo. Aún hoy, con 90 años, sigue creando con la intensidad gestual de los primeros tiempos, cuando, junto a otros jóvenes artistas, fundó el Grupo El Paso en 1957.

El Paso representó la reconexión de España con las Vanguardias históricas que la Guerra Civil había truncado. Pero no sólo eso, los componentes de aquel ya mítico grupo artístico lograron algo que no se ha repetido después: situar el arte español en el primer nivel internacional.

El 14 de junio de 2001, la UNED nombró a Rafael Canogar Doctor Honoris Causa. Víctor Nieto Alcaide, Catedrático de Historia del Arte, quien actuó como padrino del nuevo doctor, afirmó en la laudatio: «La pintura de Canogar no presenta una evolución, sino una sucesión de secuencias generadoras de una poética fragmentada». En efecto: desde el informalismo gestual inicial hasta el informalismo sintético actual, la obra canogariana conserva una unidad secuencial cuyo nexo inquebrantable es la integración permanente de libertad y belleza. [Leer+]

Poesía

Reseña de "Reflejos y fulgores"

Reflejos y fulgores es un libro pequeño en tamaño, pero hondo en significado. Acaba de incorporarse a nuestra biblioteca y reúne los poemas de Angelina Muñiz-Huberman con las fotografías de Jean Duroux, publicado por la editorial Doce Calles. Para quienes conocimos a Jean, este libro es también una forma de volver a encontrarnos con él.

Desde la primera página se percibe que aquí no hay ilustraciones ni textos que se acompañen de manera casual. Hay un diálogo profundo, una complicidad que hace imposible saber quién llamó a quién. Palabra e imagen caminan juntas, como lo hacen las conversaciones largas entre amigos. Este poemario —este rompeolas escrito por Angelina— parecía estar esperando la mirada de Jean, su manera tan particular de detener la luz, de escuchar el mar y de devolvernos ese instante que dura apenas un segundo y, sin embargo, permanece.

Las fotografías de Jean captan los reflejos del agua en movimiento con una sensibilidad casi secreta. Son imágenes que parecen irreales, pero están llenas de verdad. En ellas hay pasión por el instante presente, por lo que sucede y se pierde al mismo tiempo. Al mirarlas, uno tiene la sensación de que esos reflejos marinos nos pertenecen, como si formaran parte de nuestra propia memoria, como esos atardeceres que seguimos viendo aun cuando ya no están.[Leer+]

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