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Perspectiva de género para reescribir el género negro
Con la redefinición del personaje femenino en la literatura criminal como hilo conductor, los ponentes coincidieron en que la mujer ha transitado desde roles secundarios o estereotipados —femmes fatales, víctimas silenciosas o figuras decorativas— hacia posiciones centrales como protagonistas, investigadoras, autoras o incluso villanas complejas. La escritora y editora Carmen Moreno subrayó cómo esta evolución responde tanto a cambios sociales como al creciente número de mujeres que escriben, editan y transforman el género desde dentro.
Esta mirada también se amplió desde el ámbito judicial y penitenciario. La jurista de Instituciones Penitenciarias María Dolores Ferrer aportó una visión realista de los módulos de mujeres en prisión, describiendo sus dinámicas, sus carencias y los desafíos específicos que enfrentan, especialmente en centros concebidos históricamente para población masculina. Su intervención permitió contrastar realidad y ficción, un eje que volvió a aparecer en la reflexión del magistrado Javier Gracia Sanz, quien analizó cómo la representación de la mujer delincuente en series y películas suele simplificarse o distorsionarse frente a los casos reales que llegan a los juzgados.
Desde la creación literaria, los escritores Alberto Puyana y Hugo Andrés pusieron el acento en la importancia de construir personajes creíbles y moralmente complejos, capaces de conectar con el lector incluso cuando encarnan la transgresión o el conflicto. Puyana hizo un completo repaso de autores del género y sus protagonistas desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días que puso de manifiesto cómo el entorno y la sociedad de cada momento influyen no solo en la historia y las tramas sino, sobre todo, en la definición y el perfil de los personajes protagonistas y que dejó clara la capacidad del género negro para afrontar el análisis tanto de la sociedad como del crimen y la transgresión de las convenciones sociales de cada época.
Por su parte, la periodista y escritora Aída Agraso defendió una perspectiva de género natural e integrada en la narrativa, donde el lenguaje inclusivo y la caracterización respetuosa de las protagonistas sumen en verosimilitud, más que en artificio. Culminó con un análisis crítico del uso no igualitario del lenguaje que aún persiste, y con la reivindicación de un feminismo trasversal en la literatura.
Entre las cuestiones abordadas destacó el análisis del microrrelato dentro del género negro, un formato que —según coincidieron los ponentes— exige un alto nivel de precisión narrativa: contar una historia completa en apenas unas líneas sin renunciar a la tensión, el ambiente o la sorpresa final. Y, para aprender de la experiencia, durante las jornadas se desarrolló un concurso de microrrelato cuya ganadora fue, como no podía ser de otra manera en esta ocasión, una mujer. Justicia de saldo, de Nina Vinuesa, recibió el galardón por su capacidad para condensar en muy pocas palabras una historia potente y equilibrada, fiel al espíritu del género, y fue leído en voz alta para los asistentes.
