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Eventos Observatorio Paz Seguridad y Defensa (OPSD)

Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado

OBSERVATORIO PAZ SEGURIDAD Y DEFENSA (OPSD)

El Observatorio Paz, Seguridad y Defensa del IUGM nació en diciembre de 2022 como una unidad propositiva programática capaz de generar y transferir conocimientos claves en materia de seguridad y defensa en un contexto global.

La reunión ha consistido en una reunión de expertos y ha versado sobre el tema “Capacidad de Despliegue Rápido de la UE”. Con la incorporación de la Capacidad de Despliegue Rápido (RDC) al modelo existente de gestión de crisis en la UE, se abre un futuro complejo para la UE en la forma de reaccionar ante las crisis que ésta percibe y ello requiere un análisis.

La finalidad de este evento es, por tanto, profundizar en el análisis de los aspectos que puedan ayudar a definir la postura española sobre el desarrollo de estos nuevos instrumentos para la gestión de crisis, ofreciendo una posible solución a través de un catálogo de propuestas concretas, desde la posición e interés nacional de España, para avanzar en los próximos años 2023-2024.

Imagen 1 de la Primera reunión OPSD IUGM
Imagen 3 de la Primera reunión OPSD IUGM
Imagen 2 de la Primera reunión OPSD IUGM
Imagen 4 de la Primera reunión OPSD IUGM

La reunión ha consistido en una reunión de expertos y ha versado sobre el tema: “Nueva iniciativa de la Unión Europea hacia la adquisición conjunta en el ámbito de Defensa”Se trata de una nueva iniciativa de la UE para el fortalecimiento de sus capacidades, su base industrial y tecnológica defensa, hacia un marco de adquisición conjunta de la UE en el ámbito de la defensa.

El objetivo fundamental de este ejercicio, es saber cómo encaja las nuevas EDIRPA y EDIP en las iniciativas anteriores establecidas desde 2017 por la EDA, también discernir sobre el interés de España en estos nuevos instrumentos y cuál podría ser nuestra postura en su puesta en marcha y desarrollo.

La temática del tema de la reunión anterior que tuvo lugar el pasado 25 de enero estuvo referida a la nueva “Capacidad de Despliegue Rápido de la UE”.

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Imagen 1: Segunda reunión OPSD IUGM
Imagen 2: Segunda reunión OPSD IUGM

El tema de análisis ha sido el “Establecimiento de directrices generales a seguir por todos los estudios formativos actuales de todos los niveles relacionados con la cultura de seguridad nacional”.

De acuerdo con lo dispuesto en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017, se ha establecido el proyecto de aprobar un Plan Integral de Cultura de Seguridad Nacional que sirva de catalizador para la implantación progresiva de una cultura de Seguridad Nacional inclusiva, participativa y colaborativa, con el fin de reforzar el Sistema de Seguridad Nacional, mejorar la coordinación y eficacia de la acción del Estado y la participación de la sociedad.

El OPSD del IUGM pretende ofrecer un documento (Libro Blanco) analizando los aspectos que determinan esas directrices generales anteriormente mencionadas de manera que se pueda apoyar a los organismos competentes a dar el impulso adecuado al Plan Integral de Cultura de Seguridad Nacional.

Imagen 1: Tercera reunión OPSD IUGM
Imagen 2: Tercera reunión OPSD IUGM

España y su Ubicación Geoestratégica

Con motivo del comienzo de la presidencia española del Consejo de la UE, el encuentro supuso una oportunidad científica y reflexiva, para abordar las cuestiones geoestratégicas que influyen sobre España en la actualidad.

El seminario abordó el papel que debería jugar España en el nuevo contexto internacional, todavía en evolución y difícilmente identificable, como ha quedado patente desde el comienzo de la invasión rusa de Ucrania. En este sentido, la España democrática no ha logrado establecerse como un actor geoestratégico de primer orden, como consecuencia de no haber desarrollado una verdadera estructura estatal de Seguridad Nacional; cuestión que resulta especialmente llamativa por las claras amenazas que se derivan de su situación geopolítica –con un territorio dividido entre la península, dos archipiélagos y varios enclaves norteafricanos– y por constituirse el Estrecho de Gibraltar como uno de los chokepoints internacionales más relevantes.

La principal dificultad se origina en la falta de líneas estratégicas nacionales claras, producto de los desafíos en la gobernabilidad interna del país o la carencia de una comprensión precisa de lo que constituye una estrategia, tanto en la sociedad en general como entre los líderes políticos en particular.

En este sentido, los más recientes documentos estratégicos españoles han mostrado principalmente una actitud reactiva ante potenciales riesgos para la seguridad nacional, centrándose en preservar el statu quo actual. Simultáneamente, los intereses y objetivos de seguridad de España carecen de una definición clara y se presentan como difíciles de traducir en una estrategia nacional estable a lo largo del tiempo, incluso ante cambios en la Administración.

Otro debate reside en sí, realmente, la debilidad o ausencia de una verdadera Cultura de Seguridad y Defensa constituye el principal obstáculo para la definición de los intereses y objetivos nacionales. Aunque España no ha desempeñado un papel central en la geopolítica reciente ni ha definido claramente su posición en el mundo, a excepción, posiblemente, de la Transición, la falta de confianza de la ciudadania en la influencia internacional real del país se ha visto afectada. Es importante destacar que esta influencia es considerablemente mayor de lo que generalmente se percibe, a pesar de la limitada cohesión política interna.

Sin embargo, este aspecto no carece de cierta controversia, ya que alguna nación europea importante está adoptando la política de seguridad nacional de España a su propia realidad, reproduciendo, casi literalmente la visión española en relación con la promoción de la Cultura de Seguridad. De igual manera, se puede considerar que, aunque España no tiene una ambición estratégica significativa, su Estrategia de Seguridad Nacional describe de manera bastante coherente tanto la posición general del país en el mundo como la necesidad de tener una visión global, aunque con una mayor atención a lo regional.

Como conclusión, hubo un consenso casi unánime de que el país debe adoptar una postura más proactiva en sus relaciones bilaterales en el futuro. Además, se destacó la necesidad de que su posición internacional no dependa exclusivamente de instituciones supranacionales. Si bien Madrid ha buscado establecer fuertes vínculos en temas de seguridad con la ONU, OTAN y UE, con el objetivo de contar con su respaldo o el de algún país aliado en momentos de crisis, la realidad es que la nación es considerablemente más resistente de lo que percibe la opinión pública. España tiene la capacidad plena de abordar, de manera individual, muchas, si no todas, de las principales amenazas y riesgos que afectan su seguridad.

POLÍTICA EXTERIOR DE SEGURIDAD Y DEFENSA EN EL MOMENTO ACTUAL: CONTINUIDAD, CAMBIO Y NUEVOS RETOS

24 de octubre de 2023

 

Resumen ejecutivo

 

El grupo de trabajo comenzó planteando la pregunta de si en España existe una política nacional de seguridad y defensa. Para responder a esta cuestión, las intervenciones de los expertos giraron alrededor de las siguientes ideas.

 

Se observó que en España existe una tendencia a ajustarse a políticas previas, con objetivos políticos esenciales que presentan continuidades. En el ámbito internacional, se destacaron desafíos como el cambio en el modelo geopolítico global y la falta de liderazgo en organizaciones internacionales. Se identificó a Rusia como una amenaza para Europa y se discutió el riesgo asociado al uso privado de tecnologías disruptivas. Se enfatizó la necesidad de reforzar la colaboración internacional y la importancia de incorporar objetivos estratégicos a las políticas españolas. También se mencionó la relevancia de la estabilidad regional, especialmente en relación con África, y se cuestionó si España debiera centrarse exclusivamente en Europa o establecer conexiones más amplias.

 

Por otro lado, se resaltó la importancia de adaptarse a un entorno incierto, donde destaca el cambio del paradigma de seguridad, influenciado por las acciones híbridas de Rusia a las que ha reaccionado enérgicamente la OTAN. Por parte de la UE, se resalta el papel de la Brújula Estratégica y la Política Común de Seguridad y Defensa en la gestión del cambio, enfatizando la necesidad de respaldar la acción de las instituciones europeas y lograr coherencia en las estrategias que se utilicen. Tanto la Brújula Estratégica como la PCSD constituyen herramientas útiles para gestionar el cambio, subrayando la necesidad de respaldar la acción de las instituciones europeas y buscar coherencia en las estrategias de los países. Se aborda el desafío de armonizar objetivos y recursos en Europa, señalando la ineficiencia derivada de la falta de coordinación.

 

Asimismo, la amenaza del terrorismo y la presión estratégica de Estados Unidos contra China son factores esenciales que considerar, en particular teniendo en cuenta el posicionamiento de los socios dentro de la OTAN. Es indispensable una mayor integración en las acciones de nuestros socios, más allá de los aliados inmediatos y la importancia de la comunicación estratégica, especialmente en regiones como el Sahel.

 

El Observatorio destacó la significación de los recursos y socios existentes, con el objetivo de mediante la planificación estratégica debe servir para reducir la incertidumbre actual que caracteriza al contexto mundial.

 

Existe un cambio de paradigma en la seguridad, influido por las acciones híbridas de Rusia y la preparación previa dentro de la OTAN. Se destacó la ineficiencia derivada de la falta de coordinación entre los objetivos y los recursos en Europa. La amenaza del terrorismo y la presión estratégica de Estados Unidos contra China resaltan la importancia del posicionamiento de los socios dentro de la OTAN que España debe tener muy en consideración. En esta línea, es preciso integrar otros socios más allá de los aliados inmediatos.

 

Las estrategias de seguridad son mayormente reactivas y carecen de una visión a largo plazo. España se alinea principalmente con la UE, pero esta carece de claridad en sus objetivos, a diferencia de otras potencias como China y Rusia. Las estructuras europeas son menos sólidas y España se encuentra rezagada. Incluso dentro de Europa, los Estados individuales tienen más determinación en sus objetivos de política exterior que la propia UE. Las estrategias están influenciadas por las circunstancias actuales y reflejan los intereses nacionales. Pese a la situación descrita, España aún no contempla un cambio de paradigma en el sistema de seguridad global. Se destaca la rigidez de la UE en seguir procedimientos establecidos.

 

Es esencial reconocer la magnitud del cambio actual, con una reducción del multilateralismo y ciertos cuestionamientos sobre el funcionamiento de las organizaciones internacionales. Se plantea el liderazgo mundial en un contexto de vacío de autoridad en el orden global. La dicotomía entre la autonomía estratégica y los intereses internacionales presenta desafíos, especialmente en temas como la gestión migratoria.

 

Las conclusiones principales obtenidas durante la reunión abordan la combinación de continuidad y cambio en la política de seguridad y defensa en España, sin llegar a un consenso sobre el porcentaje de cada uno de ellos. Es preciso atender a la diversidad del entorno de seguridad, con especial atención al papel de Rusia en el conflicto en Ucrania y si esto representa una novedad o continuidad. La discusión sobre los roles de España en la OTAN y la UE, así como la relación entre recursos y continuidad en la política de seguridad, requiere de un análisis continuado y profundo desde los ámbitos políticos y conceptuales. Asuntos como el multilateralismo, la coordinación entre agencias y el papel de España en la toma de decisiones internacionales seguirán siendo debates abiertos en los próximos meses.

Sexta reunión OPSD IUGM – Invitación Grupo de Expertos

CONFLICTO EN GAZA

 

Los expertos discutieron el conflicto actual en Gaza, considerándolo el más grave desde la Segunda Guerra Mundial, por las posibles derivaciones regionales y globales. Esta histórica rivalidad ha alimentado tensiones en las relaciones entre Oriente y Occidente en los últimos años.

La guerra en Gaza es un conflicto asimétrico entre Hamás e Israel, con objetivos claros para los palestinos y una estrategia reactiva por parte de Israel centrada en destruir los túneles de Hamás. Se plantea una prolongada y desafiante situación para Israel.

A nivel político, hay desacuerdo entre EEUU e Israel sobre la posguerra, con propuestas estadounidenses para la administración de Gaza por parte de la Autoridad Palestina y una fuerza internacional de desmilitarización. Israel se opone a esta postura, pero consideraría una fuerza multinacional árabe. La guerra implica tres niveles: el enfrentamiento directo, una guerra regional contra milicias financiadas por Irán y alianzas globales similares a la situación en Ucrania, sugiriendo un potencial para una conflagración más amplia con un desenlace incierto.

El conflicto en Gaza implica cuestiones éticas, emocionales y políticas, y la idea errónea de resolverlo con “dos estados” pasa por alto la retórica que exige la desaparición de Israel. Los palestinos carecen de autocrítica, pero el argumento pro-palestino ha tenido éxito en la creación de una retórica propagandística. Israel enfrenta tensiones al definirse como un estado judío, con retroceso de posturas progresistas y falta de explicación efectiva a nivel internacional. En la actualidad, la respuesta israelí se percibe como desproporcionada. Se destaca el éxodo masivo de palestinos y se advierte contra subestimar la amenaza terrorista.

La consecución de un acuerdo práctico entre Israel y Palestina requiere un objetivo político aceptable para ambas partes. Aunque hubo intentos de negociación en 1991, el conflicto actual con Hamás y otras milicias palestinas hace la situación más compleja. Israel se enfrenta a la opción de eliminar a Hamás, algo ciertamente difícil. En sociedades polarizadas como la israelí no es sencillo hacer concesiones, lo que dificulta que Israel alcance un acuerdo.

La intervención de actores externos, como ciertos países árabes moderados, constituye un importante desafío. Sin solución política, las capacidades militares son ineficaces y una fuerza multinacional en Gaza no garantiza la seguridad si Israel no destruye los túneles. El "día después" plantea interrogantes sobre la administración de Gaza; la impopular Autoridad Palestina y el control de Hamás complican la búsqueda de soluciones. Se sugiere un alto al fuego y despliegue de fuerza internacional, pero se subraya la necesidad de buscar ante todo una solución política.

Aunque España carece de intereses clave en la región, su relación especial con Israel no le confiere gran influencia. La relación de España con el mundo musulmán y con Israel es compleja. Aunque los españoles dependen más de Israel que la Unión Europea, no pueden asumir un papel protagonista. Quizás, España debería seguir la posición general de la Unión Europea, que tiene que evaluar su interés en el conflicto y, en su caso, asumir el coste del fracaso –no tiene ni capacidad ni influencia para resolverlo–. En este punto de la postura a mantener por la UE y España, se plantea que el análisis se enfoca, erróneamente, desde la perspectiva de la ideología hegemónico-liberal occidental. De manera más realista, España, en ocasiones, debe participar en las iniciativas sin comprometerse con ninguna de las partes.

El problema de Europa es que aborda el conflicto en términos de derechos humanos, una perspectiva que puede no ser la más efectiva. Los gobiernos no son ONG. Si la Unión Europea desea desempeñar un papel, debe evitar perder la amistad del mundo árabe. La coordinación con Estados Unidos es esencial, y también implica exigir a Jordania su responsabilidad histórica en el conflicto.

La crisis actual, aunque grave, no es nueva en este conflicto. Para avanzar, se sugiere el reconocimiento de dos estados con intercambio de territorios y el liderazgo de EEUU en negociaciones directas entre Israel y Palestina. Se aboga por un enfoque multilateral con la participación de Estados Árabes. En cualquier caso, soluciones que impliquen la creación de “guetos” no funcionarán, ya que la paz en la región depende de resolver el conflicto, que alimenta la retórica de las organizaciones extremistas.

Es esencial considerar el nivel de la guerra en Oriente Medio en el que los intereses de EEUU y China convergen. A pesar de las tensiones entre ambas potencias, Pekín –socio comercial clave para Irán, Arabia Saudí e Israel– desempeñará un papel más destacado en las negociaciones.

El conflicto en Gaza refleja una nueva tendencia caracterizada por el aumento de actores que emplean la fuerza de manera contundente. Este cambio de paradigma sugiere la necesidad de abandonar la estrategia previa de aislar el conflicto y estabilizar la región. La política de Israel, que anteriormente buscaba la contención, se ve ahora obligada a imponerse ante actores que amenazan con el uso de la fuerza.

Tras el 7 de octubre, Israel se ha sentido desamparada, experimentando una falta de respaldo por parte de la UE. La dificultad de sobrevivir con problemas territoriales cercanos es evidente. Además, Jordania evita involucrarse en la cuestión palestina.

Israel sostiene que la Fuerza Interina de Naciones Unidas (FINUL) no ha logrado su propósito, particularmente en el entrenamiento de las Fuerzas Armadas libanesas para expulsar a Hezbolá. Sin embargo, ante una tarea políticamente irrealizable, la FINUL ha cumplido su misión en cuanto limitar el grado de la violencia, aunque no la impida.

La perspectiva es que se avecina un conflicto más amplio. Mientras Israel tiene el derecho a defenderse, se destaca la importancia de mantener la legalidad internacional en cuanto a restricciones en el uso de la fuerza. A pesar de los importantes desafíos, es preciso mantener un enfoque optimista que busque de soluciones aceptables por las partes.

 

Reunión del OPSD IUGM del 21 de enero de 2024