 Cómo afectan las grasas de los alimentos sobre las grasas en nuestro cuerpo
Una vez que sabemos qué tipo de grasas podemos
encontrar en los alimentos (las grasas de los alimentos) y
cómo estas se transforman y circulan por nuestro cuerpo convertidas en las diferentes
fracciones lipídicas alimentos (las grasas en nuestro cuerpo),
veremos como interactúan las unas con las otras y de qué forma esto afecta al desarrollo
de las enfermedades cardiovasculares.

Colesterol
A pesar del miedo que nos han hecho tenerle, el colesterol presente en
los alimentos no es tan peligroso como el que circula por nuestras venas. En numerosos
experimentos con diferentes especies de animales se encontró que el colesterol de la
dieta resultaba ser altamente aterogénico (formador de placas de ateroma en las
arterias), por lo que se pensó que en los humanos ocurriría lo mismo. Sin embargo, los
humanos en general no son tan sensibles al colesterol de la dieta como otras especies de
animales, y hoy en día tenemos la evidencia de que el colesterol ingerido influye
bastante menos sobre el aumento de colesterol en sangre (que es el realmente peligroso)
que el consumo de grasas saturadas.
Esto se explica porque la absorción del colesterol en el intestino
humano está limitada a un 40 o 50 % de lo ingerido, con amplias diferencias de unos
individuos a otros determinadas por factores genéticos. Esta variabilidad también
depende de numerosos factores. Por ejemplo, los triglicéridos presentes en el intestino
(de alimentos grasos) favorecen la absorción de colesterol, mientras que los esteroles
vegetales (de alimentos ricos en fibra vegetal) y marinos (del marisco) la reducen por
competir con su absorción.
El contenido de colesterol de la alimentación típica occidental es de
unos 400 mg/día. Cuando la ingesta sobrepasa los 500 mg/día la absorción disminuye
porcentualmente. No obstante, las recomendaciones oficiales al respecto señalan que el
contenido en colesterol de la dieta no debe nunca sobrepasar los 300 mg/día.


Acidos
grasos saturados
Como se ha visto anteriormente, los ácidos grasos saturados carecen de
dobles enlaces y les cuesta combinarse con otras moléculas. Por este motivo, la mayor
parte de las grasas saturadas se mantienen en estado sólido a temperatura ambiente. Todas
las grasas animales son altamente saturadas, excepto las del pescado y los mariscos, que
son muy poliinsaturadas. Algunas grasas vegetales, como el aceite de coco y el de palma,
son muy ricas en ácidos grasos saturados.
En numerosos estudios epidemiológicos se ha comprobado que la ingesta
de grasas saturadas aumenta los niveles de colesterol en sangre, especialmente los de la
fracción LDL. Aunque el mecanismo por el que este aumento se produce no está del todo
esclarecido, parece ser que los ácidos grasos saturados enriquecen los fosfolípidos de
la membrana celular, interfiriendo con la función normal de los receptores LDL y
reduciendo de esta forma la absorción de las LDL por las células. Al reducirse la
eliminación de las LDL, su concentración en la sangre es mayor.
Los diferentes ácidos grasos saturados tienen distintos
comportamientos sobre los niveles de LDL-colesterol:
Acidos grasos monoinsaturados
El principal representante de los ácidos grasos monoinsaturados en
nuestros alimentos es el ácido oleico (C18:1). Tiene un único doble enlace y está
presentes en todas las grasas animales y aceites vegetales, especialmente en el aceite de
oliva.
Durante muchos años el interés sobre los ácidos grasos de la dieta
se ha centrado en las proporciones entre ácidos grasos saturados y poliinsaturados. Los
ácidos grasos monoinsaturados fueron olvidados de los estudios durante muchos años. En
el Estudio de los Siete Países se demostró que un alto consumo de monoinsaturados
derivados del aceite de oliva traía consigo niveles bajos de colesterol e incidencia
reducida de las enfermedades cardiovasculares.
Tanto los ácidos grasos poliinsaturados como los monoinsaturados
pueden reducir el colesterol total y LDL cuando reemplazan en la dieta a las grasas
saturadas. Pero no es oro todo lo que reluce, las dietas ricas en poliinsaturados pueden
reducir el colesterol HDL, que tiene un papel protector claramente demostrado en las
enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, estudios bastante recientes han demostrado que
al sustituir las grasas saturadas por monoinsaturadas no sólo no se reduce el colesterol
HDL, sino que incluso lo aumenta. También se ha comprobado que se aumenta la
concentración de apolipoproteína A-I, a la que se le atribuye un papel antiaterogénico
importante.
En resumen, las dietas ricas en ácidos grasos monoinsaturados son las
que producen el perfil lipídico más favorable para la prevención de las ECV.


Acidos grasos poliinsaturados
Estos ácidos grasos no pueden ser sintetizados por el organismo humano
y sin embargo son esenciales, por lo que deben ser aportados por la dieta. Se clasifican
en ácidos grasos w -3 y w -6 según
la posición del doble enlace.
 | Acidos grasos w -6
|
El principal ácido graso w -6 es el
linoleico (C18:2), que se encuentra principalmente en los aceites vegetales de semillas
(maíz, soja, girasol, etc.).
Los ácidos grasos poliinsaturados reducen el colesterol total y LDL
cuando reemplazan en la dieta a las grasas saturadas. También reducen el colesterol HDL,
lo cual no es deseable para una máxima protección frente a las enfermedades
cardiovasculares.
 | Acidos grasos w -3
|
Los ácidos grasos w -3 se encuentran en
pequeñas cantidades en algunos aceites vegetales, pero su fuente principal son los
animales marinos (pescado y marisco). Los principales son el ácido linolénico (C18:3),
el eicosapentaenoico (EPA; C20:5) y el docosahexaenoico (DHA; C22:6).
Los estudios de poblaciones que consumen grandes cantidades de grasa w -3 de pescado y animales marinos han mostrado siempre una baja
incidencia en ECV.
Los efectos de los ácidos grasos w -3 sobre
las diferentes lipoproteínas en el organismo humano no están todavía completamente
definidos. El efecto más llamativo y claramente demostrado, es la disminución de los
niveles de triglicéridos y VLDL en todo tipo de sujetos. Esta reducción se debe a la
disminución de la síntesis en el hígado de triglicéridos y VLDL. Sin embargo, los
efectos de los ácidos grasos w -3 sobre los niveles de cLDL y
cHDL depende del tipo de paciente y de su perfil lipídico. Así, en pacientes con
colesterol total elevado, los w -3 disminuyen el cLDL si a la
vez se disminuye el consumo de grasas saturadas. El efecto sobre el cHDL varía desde una
ligera disminución, que es lo más frecuente, a un ligero aumento en pacientes con
triglicéridos elevados.
Además de la modificación del perfil lipídico, el consumo de ácidos
grasos w -3 da lugar a una inhibición de la agregación
plaquetaria, principalmente al disminuir la formación de tromboxano A2. Esto supone un
impedimento para la formación de placas en el interior de los vasos sanguíneos y su
adherencia al endotelio, lo cual es un importante factor protector frente a las ECV.
Por si todo esto fuera poco, se ha comprobado también que este tipo de
grasas reduce la presión arterial y disminuye la viscosidad sanguínea.
Estos son los motivos por los que siempre se recomienda aumentar el
consumo de pescado frente al de carnes y otros tipos de alimentos de origen animal para
reducir el riego de enfermedades cardiovasculares.


Acidos
grasos trans
Los ácidos grasos trans han sido los últimos actores que han
aparecido en el escenario del debate anticolesterol. Son utilizados por la industria
alimentaria para la producción de grasas vegetales sólidas, sobre todo en las
margarinas.
La mayoría de las grasas y aceites naturales contiene sólo dobles
enlaces cis (orientados de una forma especial en un único lado de la molécula).
La producción comercial de grasas de origen vegetal sólidas implica su hidrogenación,
un proceso que provoca la formación de ácidos grasos trans (con los dobles
enlaces orientados en distintos lados de la molécula) a partir de los cis, además
de la saturación variable de ácidos grasos insaturados. La mayoría de las margarinas
contienen hasta un 30 % de ácidos grasos trans. El más común es el ácido
elaídico, isómero trans del ácido oleico.
El efecto de los ácidos grasos trans sobre los lípidos y lipoproteínas en el
organismo humano es similar al de las grasas saturadas. A pesar de las campañas
publicitarias de muchos productos que contienen este tipo de grasas hidrogenadas, nunca se
puede recomendar su consumo frente al de las grasas vegetales sin manipular cuando se
trata de prevenir las enfermedades cardiovasculares.


Vitaminas
antioxidantes
La oxidación de las lipoproteínas de alta densidad LDL tiene un
importante papel en el inicio y desarrollo de la arteriosclerosis. El oxígeno es
imprescindible para que nuestras células respiren, pero si no es perfectamente controlado
durante su transporte tiene efectos letales para los componentes de nuestro organismo.
Durante la respiración celular se producen radicales libres de oxígeno que pueden
lesionar las proteínas de las células y alterar sus membranas. También actúan sobre
las lipoproteínas transportadas por la sangre. Los sistemas biológicos se protegen
contra las lesiones oxidativas producidas por los radicales de oxígeno mediante
antioxidantes naturales que trabajan tanto en el interior como en el exterior de las
células.
Las lipoproteínas LDL oxidadas se comportan de una manera totalmente
diferente de las normales. Cuando una célula de la pared arterial capta una LDL oxidada
se convierte en una célula espumosa que capta grasa hasta alcanzar varias veces su
tamaño normal. Esto da lugar a estrías grasas en las paredes arteriales. También
actúan sobre los macrófagos inhibiendo su movilidad, hacen disminuir la producción de
óxido nítrico (factor relajante del endotelio), estimulan la proliferación de células
musculares lisas y aumentan la agregación plaquetaria. Todos estos procesos son
determinantes para la formación de placas de ateroma.
Determinados nutrientes, como las vitaminas E y C y los betacarotenos
se comportan como antioxidantes, y en numerosos estudios de todo tipo se ha comprobado que
cuando se consume una cantidad suficiente de estas vitaminas, la mortalidad por
enfermedades cardiovasculares disminuye.
Debemos asegurarnos de que nuestra dieta contiene suficientes elementos
antioxidantes. El aceite de oliva tiene grandes cantidades de vitamina E, pero los
procesos industriales de refinado a altas temperaturas destruyen esta vitamina. Sin
embargo, el aceite de oliva virgen prensado en frio y sus vitaminas permanecen intactas,
por lo que su capacidad antioxidante es superior a la de cualquier aceite refinado.
También se ha comprobado que las dietas ricas en ácidos grasos
poliinsaturados producen unas LDL más susceptibles de ser oxidadas que las LDL producidas
a partir de ácidos grasos monoinsaturados como el oleico. Esto es muy importante, porque
quiere decir que las grasas monoinsaturadas tienen efectos antiaterogénicos
independientes de los derivados de las mejoras que producen en el perfil lipídico. |