

El efecto es menor que el de las grasas y además es
indirecto. Se ha establecido una relación positiva entre peso corporal y cáncer.
Concretamente dietas hipercalóricas se relacionan con el cáncer de
mama, colon, recto, útero y riñón.
En animales de experimentación, las investigaciones sugieren que la
sobrealimentación se relaciona con un aumento de la incidencia de cáncer de mama. Esta
sugerencia se basa en que el depósito de carcinógenos del tejido adiposo produce un
aumento de la replicación celular, lo que incide positivamente en la fase II del
desarrollo de tumores.
También el exceso de energía el la dieta tiene influencia sobre la
producción de hormonas femeninas y su metabolismo en el tejido adiposo.


A pesar de haberse demostrado que el consumo excesivo de café
aumenta el riesgo de enfermedades coronarias, no está muy claro su papel como factor
cancerígeno. Algunos estudios han querido implicar al café en el desarrollo de algunos
tipos de cáncer, pero otros estudios de laboratorio han encontrado que la methylxantina,
compuesto que se encuentra en la cafeína, teofilina y teobromina, no es cancerígeno.


Algunos estudios sugieren el papel del alcohol como
factor de riesgo en los tumores de boca, laringe y esófago. Estos estudios parten de la
relación concreta con el elevado consumo de cerveza (más de 2 l/día) que se llevó a
cabo en Dinamarca en 1979, entre los trabajadores de una fábrica de cerveza. Lemon en
1964, ya advirtió que entre el grupo de población de los Adventistas del séptimo día,
que son absolutamente abstemios, la incidencia de cáncer de boca, faringe esófago etc.,
era significativamente más baja que en el resto de la población americana.
Parece que el alcohol tiene importantes efectos negativos sobre los
tejidos con los que tiene contacto, no directamente sino a través de su metabolito el
acetaldehido. Este efecto es mayor si la ingesta de alcohol se hace conjuntamente con el
consumo de tabaco. Además, parece que el alcohol puede actuar como vehículo de otros
carcinógenos. También se le relaciona con la disminución de la respuesta inmune, con
ciertas alteraciones del metabolismo de las células epiteliales, favorece el transporte y
la absorción de algunos compuestos cancerígenos y aumenta la sensibilidad general a
otros. (Roger and Corner 1986).
Otro aspecto que también es conocido es la malnutrición asociada al
alcoholismo que constituye un factor de riesgo muy importante para la salud en general y
para el cáncer en particular.


Se ha querido relacionar a estos edulcorantes, sobre todo a la
sacarina, con tumores del tracto urinario. Los resultados de diferentes estudios son
contradictorios. En unos se atribuye el peligro a la dosis (dosis altas constituyen un
factor de riesgo), sin embargo otros estudios sugieren que no existe relación. Otros
deducen que, probablemente, el efecto dependa de cada individuo.
El metabolito al que se atribuía la culpa es el ciclamato, tras muchos
estudios, diferentes organismos: Federal Drug Administration, la Cáncer Assessmente
Comittee y la National Academy of Sciences of USA, concluyeron que no se podía demostrar
que fuera cancerígeno.
En la actualidad el edulcorante considerado más seguro es el
aspartame. Sin embargo, recientemente han aparecido estudios en los que se expone que al
calentarlo a la temperatura de 33º C (86º F) el alcohol del aspartame se convierte en
formaldehído y posteriormente a ácido fórmico, provocando acidosis metabólica y
reproduciendo los síntomas de la esclerosis múltiple. Sin embargo, no sólo su uso sigue
estando autorizado en todos los países sino que está generalizando en todo tipo de
productos "bajos en calorías".
De todas formas, suponiendo que pueda existir un grado de verdad en
todos los postulados y que los edulcorantes artificiales no son en absoluto necesarios, es
bueno restringir su consumo.


Ahora se está en la línea de acusar a las sales biliares y al
colesterol de ser transformados por las bacterias intestinales produciendo metabolitos
cancerígenos. Otros mantienen que la irritación que provocan en la pared intestinal
favorece la alteración tumoral. También se ha intentado implicar al colesterol mediante
un mecanismo de acción a través de productos de su degradación.


Algunos conservantes alimentarios en los que se ha demostrado
claramente su efecto carcinógenico, han sido retirados de las listas de productos que se
pueden utilizar en alimentación. Cada año se elimina algún nuevo aditivo de las listas
autorizadas por considerarse cancerígeno.
Actualmente, son el BHT (Butylated hydroxytoluene) y el BHA (Butylated
hydroxyanisol), que son empleados como antioxidantes en la conservación de los alimentos,
los más "atacados" en este grupo de factores. Los resultados de diferentes
estudios no son concluyentes, ya en su momento la FDA y NCI negaron su actividad
cancerígena. Sin embargo recientes estudios los relacionan con la alteración celular en
ratas.


Las nitrosaminas han llamado la atención a causa de su actividad
como potentes carcinógenos. Éstas se producen como consecuencia de la reacción de los
nitritos con unos compuestos que forman parte de la dieta habitual: las aminas. Los
nitritos, por su parte, proceden de la oxidación de los nitratos, que también se
encuentran habitualmente en la dieta, (alimentos salados, bebidas refrescantes, algunos
embutidos, carnes, pescados, verduras, etc.).
Estas transformaciones se pueden dar en diferentes partes del aparato
digestivo, boca, esófago, estómago etc. Se le atribuye una mayor afectación sobre el
cáncer gástrico. Por ahora, no se conoce el mecanismo de actuación concreto.
Algunos alimentos, cuyo contenido en sal es elevado, pueden alterar las
mucosas del tubo digestivo, de forma que lo hacen más vulnerable a la acción de estos
compuestos.
El consumo de cantidades adecuadas de vitamina C, verduras y frutas
frescas puede contrarrestar el efecto nocivo.


El método empleado para preparar los alimentos ahumados, parece que se
ha revelado como cancerígeno. Su efecto tóxico proviene de los hidrocarburos
policíclicos que se producen en el proceso.
En la actualidad, se seleccionan las maderas para el ahumado a fin de
evitar el contenido en resinas y se aplican los métodos a bajas temperaturas. Estas
precauciones disminuyen la cantidad de sustancias tóxicas. Se recomienda el consumo
esporádico.