Freud y la educación

Guillermo Kozameh Bianco 

Médico Psicoanalista, Profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Pontificia de Comillas. Madrid. España
Miembro de la"Fundación Europea para el Psicoanálisis"

 

El punto de vista Freudiano relaciona la educación del niño con una tarea ética particular del psicoanálisis que tiene como guía conductora, la verdad.

Conocemos por autores como Mannoni o Doltó, las consecuencias psicopatológicas si desconocemos insistentemente la verdad de nuestra propia historia y nuestros deseos.

La capacidad de pensar, de fantasear, de soñar y de hablar nos permite acercarnos aunque sea levemente a esta realidad interior.

En el niño se añaden además su plasticidad lúdica y sus fabulaciones, cuando estas no están perturbadas por bloqueos emocionales.

La educación para la realidad que Freud comenta en "El porvenir de una ilusión", consiste en que el niño no solo se enfrente y apropie de su realidad exterior sino fundamentalmente de sus laberintos desconocidos.

Estos aunque, para algunos pedagogos no lo parezca, están intimamente conectados con los caminos externos de la educación.

No cesó de advertir que esta comunicación, que desconocemos parcialmente; se traba cuando es el educador el que no quiere saber nada de su propia vida infantil, de sus deseos más arcaicos, de sus carencias constitutivas.

El trabajo educativo tradicional, habitualmente preconiza un estado de quietud, como un lago de aguas peligrosamente estancadas.

Desde este silencio no se cuestiona nada, no hay revueltas ni disturbios. Las pasiones duermen sin soñar.

Parecería que el principal objetivo de algunos educadores es ignorar "el niño que él fue", ya que su reconocimiento tendría el riego de develar la máscara de la propia amnesia infantil.

Curiosamente al principio de su obra Freud relaciona el método analítico como una post-educación. (Lecciones de introducción al Psicoanálisis 1915, Introducción al Método psicoanalítico de Oscar Pfister 1913,)

En este momento de su obra, albergaba la esperanza que la enseñanza podría funcionar como profilaxis de las enfermedades mentales, y el tratamiento analítico corregiría lo que la educación no pudo lograr.

Ambas habrían logrado su meta si el mundo pulsional se organizaría satisfactoriamente a través de la Formación reactiva y sublimación.

Si bien es cierto que en sus trabajos posteriores ofrece una lectura totalmente diferente, ya en esta época subraya que ni el educador ni el analista pueden arrogarse el derecho de imponer fines y objetos a las pulsiones del paciente y el educado.

Aconseja al educador que se limite solo a favorecer las virtudes propias del alumno.

En 1911 (Los dos principios del funcionamiento psíquico), apunta a 2 aspectos diferentes pero complementarios.

El psicoanálisis apunta a levantar las represiones que mantienen la sintomatología y la educación evita que esta represión patológica se produzca.

Con los trabajos de la sexualidad infantil se producen cambios en sus concepciones.

La represión de la sexualidad aparecerá más precozmente y la cultura del sujeto, su entorno y la educación pasan a tener un papel coadyudante.

La sexualidad se presenta como radicalmente otro, extraño, antinómico con respecto al Yo.

Él Yo y la sexualidad no pertenecen al mismo mundo (oso blanco y la ballena). Desde esta perspectiva la moral y las pautas ambientales, pasan a un segundo plano. Este lugar siempre fue mantenido en su importancia por Freud.

Desde esta nueva perspectiva, solo una parte del hombre puede ser educada. Son las pulsiones del Yo. Estas se someten facilmente y por el beneficio de la autoconservación a los objetos exteriores para su satisfacción.

En cambio las pulsiones sexuales y los fantasmas son irreductibles a cualquier tipo de "domesticación". Prescinden del objeto exterior, pueden satisfacerse autoeróticamente, y escapan del desarrollo Yoico.

La educación llevada a cabo por los padres y las instituciones conduce y modela a los procesos de autoconservación por medio del principio de realidad, y es la que permite que él Yo placer arcaico infantil y omnipotente se transmute en Yo realidad.

Por el contrario las tendencias sexuales llevan así una existencia parasitaria, escapan a la influencia educativa y en la mayoría de los hombres conservan durante toda la vida ese carácter arbitrario, caprichoso, refractario, enigmático. (Introducción al psicoanálisis 1915-1916).

Las medidas educativas protegerán al niño y le ofrecerán elementos para que su inserción en la vida sea auténtica, sabiendo tolerar el dolor que esto implica. Se le ofrece a su disposición elementos, instrumentos y fundamentalmente palabras, pero que él debe en un acto de apropiación activa poseerlos para acceder al orden simbólico y cultural.

Si el niño tolera cierto displacer por la renuncia a la satisfacción inmediata es porque se le ofrece y recibe algo a cambio: El amor.

"No se tarda en comprobar que ser amado es una ventaja a la que se puede y se debe sacrificar muchas otras". (Freud, Consideraciones sobre la guerra y la muerte.1915)

En el ser humano, el amor (relacionado con las pulsiones sexuales y satisfacción libidinal), es simultáneamente garantía de protección y seguridad, (propio de las pulsiones de autoconservación).

De tal manera que aunque las pulsiones sexuales y las del Yo tengan escenarios, vías y modalidades de satisfacción diferentes, ambas están imbricadas para siempre.

Esta íntima interdependencia, es la que con seguridad, se debe tener en cuenta siempre en la educación.

Para que los procesos de simbolización y pensamiento puedan desarrollarse es imprescindible soportar el displacer pero por un plus de placer.

Francoise Doltó ha hecho hincapié en estos aspectos de compensaciones y gratificaciones, en el niño para que la castración tenga un efecto simbolígeno y no letal.

El pensamiento se enfrenta y procesa la realidad exterior, pero en psicoanálisis nos interesa también como aborda su otra realidad, la de los deseos.

Esta doble faceta es la que integra y concilia el mundo de las pasiones y el mundo cognitivo. Es necesario que se mantenga una frontera entre ambos, pero que haya un pasaje y no un muro impenetrable.

Este intercambio creativo de los procesos primarios y secundarios es lo que permite observar en el niño el juego, la fabulación, el error (tan poco admitido), y su capacidad de soñar.

Para que el pensamiento se desarrolle plena y satisfactoriamente deberá saber "algo" de su mundo psíquico y relacionar y explorar las compatibilidades o no con sus deseos.

Un saber que el sujeto no sabe que tiene, y que le es desconocido por su propia división constitutiva.

Esto no significa que para un aprendizaje adecuado todos los niños o adultos deberían pasar obligatoriamente por un análisis. (Como en algunos tiempos se sostenía

La cura analítica apunta a una revelación progresiva de este saber (que nunca es un saber absoluto hegeliano), mediante una forma especial de la palabra que es la asociación libre.

El ser humano tiene la posibilidad de conectarse con algo de ese saber a través de las transacciones creativas en su vida o en el peor de los casos mediante las formaciones sintomáticas que muestran la ignorancia por no querer saber.

Existe una estrecha relación entre no desear saber de la realidad exterior y no desear saber sobre la realidad psíquica.

Freud subraya que esto no solo ocurre en el niño sino en el educador, y que su amnesia infantil bloquea el saber de los niños que educa.

Los riesgos de este saber es la constatación paulatina de la falta de correspondencia absoluta de la sexualidad humana.

La represión que es la marca de este encuentro imposible es remplazada por el juicio de condenación del proceso de pensamiento consciente.

El juicio de condenación es para Freud una metamorfosis de la negación y continua llevando la marca de la represión a la cual substituye.

El sujeto toma conciencia de sus deseos pero sé prohibe su realización, por razones morales o de oportunidad. (Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis).

La represión que es automática y excesiva es remplazada por este proceso mesurado e intencional con la ayuda de las instancias psíquicas superiores.

"El juicio de condenación es el substitutivo intelectual de la represión, su no es la marca de esta, un certificado de origen como, para así decirlo un Made in Germany". ( Freud: La negación).

En esos momentos cuando Freud preconiza una educación para la realidad, es una educación que tiene en cuenta los deseos del sujeto y cuestiona a aquella que los ignora.

Justamente el precio por este no saber, hace que la sexualidad está dispuesta siempre a reaparecer en los procesos secundarios, retornando desde lo reprimido, forzando aún más la represión y ocasionando los síntomas, entre ellos los frecuentes trastornos en el aprendizaje escolar.

El fantasma reprimido reaparece en esta dificultad de comprender, asimilar o memorizar en el niño. Las funciones del pensamiento son desviadas de su funcionamiento normal, por estar ahora bajo el dominio de la satisfacción fantasmática.

Las fantasías sexuales que causan placer en un sistema (inconsciente), son las que provocan displacer en el Yo (Precons. Y consc.).

Las primeras serán estudiadas y relacionadas por Freud, como las de las leyes de la naturaleza: incestuosas, y representan una amenaza para el individuo.

Este se reorganiza mediante las leyes sociales: la palabra, protegiéndose de la castración y la muerte que el deseo ocasiona.

El goce cede su lugar a la supervivencia.

El educador, como en otro tiempo lo fue la función paterna, representa las normas sociales, el acceso a la humanidad y el orden simbólico.

Sin embargo hay algo que se le escapa y torna su función en parcialmente exitosa. Es la antinomia irreconciliable entre sexualidad y civilización, entre naturaleza y cultura.

La educación brinda, al menos en sus inicios, una satisfacción narcisista al educado, lo que hace más llevadero la represión de sus deseos.

Pero, obviamente, no solo el amor está presente en la misma.

En el texto de 1914 "Sobre la psicología del escolar" Freud comenta que la adquisición de conocimientos está intimamente ligada al tipo de relación (amor-odio), que el alumno mantiene con su profesor. Esta reproduciría el modo de relación del niño con su padre a la salida del complejo de Edipo.

Los sentimientos de admiración y hostilidad arcaicos dirigidos al padre ahora se reactualizan en la transferencia hacia el maestro.

La destitución del lugar del ideal con respecto al padre, es lo que posibilita que el niño se abra a otros lugares transitoriamente idealizados.

Pero así como el analista no debe mantenerse en ese lugar del ideal del Yo, el docente también tiene que saber renunciar a este lugar, desprenderse progresivamente del narcisismo y evitar que el alumno se coloque en el lugar que sus deseos.

Freud reitera que las consecuencias de la ilusión son el sometimiento y el desconocimiento.

La idealización, la ilusión, que se había estado utilizando en la educación debería dar paso a la verdad. Que el educador se coloque tradicionalmente en el lado del Bien, de quien se hace cargo, no le da derecho a negar la desarmonía permanente entre el hombre y su mundo, o entre el bien y su deseo.

En "Consideraciones actuales sobre la guerra y la muerte", Freud aclara aún más que es lo que el educador no debe ignorar: "la impenetrabilidad a la representación de nuestra propia muerte, anhelo de muerte dirigido al extranjero, y al enemigo, ambivalencia ante la persona amada".

La ilusión pasa a ser una máscara caricaturesca cuando huye de esta verdad, ignorando la división a la que el sujeto está sometido.

La ética tradicional basada solo en los ideales (lo imaginario), es sustituida por una ética que tiene en cuenta a la realidad, pero en su doble vertiente.

La exterior social: la que debemos enseñar y aprender para resolver los obstáculos para la sobrevivencia, y la interior: donde la armonía se logra solo por momentos, y es la que la ilusión y las religiones tratan de enmascarar.

No cabe duda que una educación que ignora las dimensiones auténticas del ser humano, puede brindar una aparente comodidad, logros y plenitudes, pero su precio es demasiado elevado. Es el de no preguntarse, no cuestionarse, no pensar.

En la relación pedagógica el inconsciente del educador demuestra pesar mucho más que todas sus pretensiones conscientes.

Si en sus comienzos Freud, albergó la ilusión de una educación especial que sirviera como prevención las neurosis, en sus desarrollos posteriores (El porvenir de una ilusión,1927, Nuevas lecciones de introducción al psicoanálisis,1933, y otros textos) planteará que ninguna reforma pedagógica ni transformaciones sociales, como algunos aún sostienen, evitarán el malestar en la cultura y el dolor del hombre por su propia existencia.

 

Bibliografía

Sigmund Freud, Inhibición, Síntoma y Angustia, Buenos Aires, Amorrortu, 1978

Sigmund Freud, Un recuerdo infantil de Leonardo de Vinci, Buenos Aires, Amorrortu, 1978

Sigmund Freud, Nuevas conferencias de Introducción al Psicoanálisis, Buenos Aires, Amorrortu, 1978

G.W.F. Hegel, Escritos pedagógicos, España, Fondos de Cultura Económica, 1991

R.D. Hinshelwood, Diccionario del pensamiento Kleiniano, Buenos Aires, Amorrortu 1992

Jaques Lacan, Intervenciones y textos 2, "Dos notas sobre el niño", Buenos Aires, Manantial, 1988.

Jaques Lacan, El Seminario 11, Los Cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidos, 1991.

Jaques Lacan, El Seminario 4, La relación de objeto, Buenos Aires, Paidos, 1994.

J. Laplanche y J.B. Pontalis, Diccionario de Psicoanálisis, España, Labor, 1971

V. Zito Lema, Conversaciones con E. Pi


 

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