Qué es el Pensamiento Único

Carlos Álvarez de Sotomayor Reina
Catedrático de Filosofía y Coordinador del Área de Investigación
y Publicaciones del INET en Córdoba.

 

1.- Primera aproximación.- El artículo de Ramonet. 

La discusión actual que se ha generado en torno al Pensamiento Único tiene su origen en el artículo que Ignacio Ramonet publica en Le monde Diplomatique en el 95, que aparece en la edición española de dicho periódico en el 96 y al que, por su carácter de fuente, me permito remitir al lector. 
En síntesis se podría decir que, a juicio de Ramonet -director del medio citado y profesor de Teoría de la Comunicación Audiovisual en la Universidad de París VII-, el Pensamiento único viene a ser una visión social, una ideología, que se pretende exclusiva, natural, incuestionable, que sostiene y apuesta -entre otras- por estas tesis: 


Se trata -como puede verse- de una formulación muy sintética, pero con enunciados tan contundentes, que nos permite considerarla como una buena primera aproximación al tema. Esta -no obstante- puede quedar enriquecida si pasamos a tener en cuenta algunos conceptos o acontecimientos claves que ayuden a entenderla mejor. 

 

2.- Claves para su comprensión.

Hemos venido diciendo del Pensamiento único que es una ideología. Profundicemos en ello. Parece connatural a la persona y a los grupos humanos el que intenten saber a qué atenerse ante las situaciones en que viven. Este "saber a qué atenerse" lo resuelven a través de la formulación o la construcción de representaciones, imágenes, símbolos, conceptos y mitos que buscan la manera de explicar la situación, de encontrar su lógica, justificarla y, a ser posible, perpetuarla. Éste es, fundamentalmente, el concepto comúnmente aceptado de ideología y el que se aplique con toda normalidad al Pensamiento Único no tiene, en principio, que ser objeto de reparo alguno. 
Naturalmente cuando un grupo humano forjador de su ideología se hace suficientemente complejo, lo lógico es que, en su seno, aparezca la diversidad ideológica, y en el momento que existan ideologías diversas, puede haber confrontación y lucha entre las mismas. Es, por tanto, explicable que haya una ideología dominante dentro de este grupo humano complejo y, además, que ésta haga valer su fuerza, en la medida en que la tenga, para imponerse sobre las demás. 
Cualquier análisis social cuenta con la ideología, como un factor que define a un colectivo social. Algunos insisten en que aquélla tiene un papel fundante en cualquier colectivo, de tal manera que podría decirse: "dime como pensáis y os diré como sois". Otros, por el contrario, piensan que la ideología no tiene tanto un papel fundante del grupo humano sino que viene a ser el resultado de su modo de vida. "Dime, entonces, cómo vives y te diré cómo piensas". Es la clásica discusión entre si es la conciencia la que determina la vida, o es la vida la que determina la conciencia. En cualquier caso, insisto, todos dan a la ideología un papel relevante en el análisis de cualquier grupo humano o formación social histórica. 
Así lo entendió en el siglo pasado el fundador de la Sociología, Augusto Comte, sosteniendo que la ideología es un elemento fundamental para explicar las conductas sociales. Tan es así que, en un texto muy preciso y de modo contundente, afirma que las crisis y convulsiones que se generan en el siglo XIX se deben "a la gran anarquía intelectual existente en el momento". Si esto es así -sostiene él- la asunción, por parte de todos de una teoría social única, de una única ideología, llevaría a la solución de los conflictos. Así lo entendía él y ésta es la propuesta que él ofrece para la solución de la situación convulsiva que vive el siglo XIX: el Positivismo, Entiende por ello aquella teoría social que insiste en que hay que atenerse a lo "positum", a lo puesto, a "lo que está ahí", sin que valgan rastreos que quieran explicar las causas de la situación, ni siquiera, por supuesto, críticas posibles a la misma. No procede sino atenerse a lo que hay y, si acaso, detectar cuales son las leyes de funcionamiento de esta realidad social. 
Dándole ya contenido concreto a esta ideología -el Positivismo-, entiende Comte que la sociedad debería estar estructurada de modo piramidal, con un reparto jerarquizado de funciones, algo así como ocurría en el mundo de una empresa organizada: hay personas que tienen que apretar tornillos, el jefe de personal que cuida de los ritmos de trabajo y el presidente del consejo de administración (por no seguir la escala) que toma las decisiones últimas de qué se produce y cómo se produce. En esta escala, es claro que el presidente del consejo no tiene que apretar tornillos, pero tampoco el operario tiene por qué meterse en la toma de decisiones. Las cosas están así y así funcionan. En la jerarquía social él piensa que la cúspide de la pirámide debería estar ocupada por los técnicos, los científicos. El modelo propuesto por el Positivismo comtiano deja en el aire ecos que tal vez tengan mucho en común con lo que venimos entendiendo por Pensamiento Único. 
Otro concepto que también puede resultar útil para la comprensión del Pensamiento Unico es el Liberalismo Económico tal y como lo formuló Adam Smith, economista, pero también filósofo. Él propone al Mercado como único agente del equilibrio social, convencido de que éste actúa como una mano invisible que conduce todos los procesos y que es capaz de introducir las rectificaciones oportunas. Esta mano invisible es algo así como la providencia, que regula toda la vida social. 
Quizás otra categoría que se impuso durante algún tiempo y que convendría traer aquí para aclarar que es eso del Pensamiento único es aquella conocida como Darvinismo Social. Seguramente en una mala interpretación de Darwin se hace de su pensamiento una inadecuada aplicación a la vida social, sosteniéndose que en la sociedad, como en las otras escalas de la vida, se produce la pervivencia del más fuerte. Así, hay gente que genéticamente está llamada a cumplir una determinada función, unos son los fuertes, otros los débiles y esto es ley, sin que podamos oponernos a ello. La "selección natural" es un mecanismo implacable y cualquier intento de limitarlo, venido de estructuras o poderes públicos, se torna innecesario, inútil y -en cualquier caso- inconveniente. 
Pasando ya al siglo XX, convendría recordar un libro que allá por los sesenta y tantos o setenta cayó en las manos de algunos de nosotros. Se trata de "El Hombre Unidimensional" de Marcuse. Este teórico-crítico de la sociedad llega a formular en esa obra los rasgos que definen a una sociedad y que también hoy resultan identificables. Haciendo una crítica de la sociedad norteamericana de la época (estamos en los sesenta), dice que es una sociedad que uniformiza, que controla y que invade prácticamente todas las zonas de la vida individual y colectiva. La invasión está protagonizada por un pensamiento de carácter liberal que no admite ningún tipo de oposición: un "pensamiento único" 
También por los sesenta la Universidad de Chicago va a tener un papel muy importante, no solo en la vida intelectual americana, sino en la de todo el mundo. Allí se está forjando un grupo de jóvenes de los que luego van a salir un elenco de economistas de fama mundial. Conocidos como los Chicago Boys, van a tener una importancia fundamental en la orientación económica de la que es portavoz el Pensamiento Único. Rescatan la imagen de la mano invisible, del mercado, del protagonismo hegemónico de la economía, el papel mínimo del Estado, la idea de las privatizaciones y la desregulación como claves para resolver todos los problemas del mundo, incluso de los países menos desarrollados. Todo esto se va acumulando como sedimento que va a encontrar cauce político en los años 80 en dos gobiernos realmente dilatados tanto en América como en Europa y que van a ser decisivos: los gobiernos de Reagan y Thatcher que van a dar forma práctica y concreta a todas estas ideas. 
Otro acontecimiento importante que ocurre en los 80 es la Caída del Muro de Berlín. A partir de ello rebrota con fuerza la convicción de que el Estado no es necesario, que cuando éste mete sus garras en algún sitio, todo lo estropea. El asunto se hace evidente cuando dos años más tarde cae la Unión Soviética, experiencia clara y patente del fracaso de las propuestas estatalistas. Ello es recogido "oportunamente" por un funcionario gris de la administración de Bush -politólogo también- que pronuncia una conferencia con el título de El Fin de la Historia: Fukuyama. "Ya está todo dicho, todo acabado. La única alternativa posible ha fracasado estrepitosamente". Estamos situados en el pensamiento liberal como única salida para la humanidad. No hay más que hacer. Seguiremos viviendo así. "La historia ha terminado". 
Y, por fin, el último concepto útil para mejor esclarecer qué sea eso del Pensamiento único sería el de globalización, mundialización o -en una expresión ya popularizada- la aldea global y que no es otra cosa que el proceso que nos está llevando a la consolidación de un escenario, espacio único mundial, en el que se da la vida de todas las poblaciones del planeta y que es referente inevitable en las actividades productivas, financieras, políticas, sociales y hasta culturales para cualquier toma de decisión. Especialmente útil para nuestro propósito será tener presente la peculiar y casi exclusiva versión económica, mercantil y financiera que de esta mundialización hacen el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y el Acuerdo Multilateral de Inversiones como ámbito adecuado actual para el desenvolvimiento del sistema capitalista. 

 

3.- Algunos interrogantes. 

La doble aproximación hecha a qué sea el Pensamiento único, detectando las que pudieran ser sus raíces, nos pone en situación de poder formularle ya unos primeros interrogantes. 
Su condición de "natural". Confieso que le tengo mucho miedo a aquellas cosas que se nos presentan como naturales, como pertenecientes a la naturaleza, incluso a la naturaleza física. Es un planteamiento hereditario de la percepción que se tenía de la Física en el siglo XIX, a la que se llegó a endiosar. En esa época se entendía la Física como un saber que tenía por objeto un mundo inalterable, regido por unas leyes mecánicamente implacables a las que se trataba de descubrir. Ello le daba rango de ciencia rigurosa, modelo a imitar por el resto de los saberes. Lógicamente, se dieron pretensiones de extender este rigor al dominio de lo humano y de lo social, convirtiendo a éstos en objetos inalterables, "naturales". Decir de algún fenómeno humano que "es natural" equivale a sostener que es inamovible y que cualquier pretensión de cambio es, en cualquier caso, ilusoria. Es la estratagema que se ha seguido secularmente cuando se quiere perpetuar algo. "Siempre ha habido ricos y pobres. Es natural. No hagas intentos, ni siquiera tímidos, de buscar el equilibrio social". 
Otra cuestión que nos podemos plantear es su persistente empeño de identificación con la democracia. 
No quisiera acudir a la célebre definición de Lincoln de que la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; pero quizás podamos convenir, al menos, que es un régimen de gobierno que permite la máxima participación y control posible de los ciudadanos en aquellos asuntos que le interesan. Si esto es así, no se en qué medida el Pensamiento único, y principalmente el instalado a nivel económico, es conciliable con la democracia. Porque es verdad que, en este ámbito, son muy pocos, sólo unos cuantos en el mundo, libres de cualquier control, los que toman las decisiones, no precisamente orientadas al bienestar social, sino a la obtención del máximo beneficio. 
Es curioso que un personaje tan poco sospechoso como Raymond Barre viniera a decir que es una irresponsabilidad que el orden económico mundial estuviera en manos de seis o siete jóvenes irresponsables de unos 35 años, que deciden lo que quieren, sin necesidad de someterse a ningún tipo de control ni legitimación. ¿Puede el Pensamiento Unico identificarse, sin más, con la democracia? 
Otros interrogantes se refieren a la misma verdad de sus propuestas, como las del mercado libre, su mano invisible, perniciosidad del Estado. Veamos. 
Mercado libre.- Mercado, sí; pero ¿libre?. ¿En qué sentido libre? Hay fuerzas hegemónicas que imponen ritmos y no hay manera de resistirse a ellas. ¿Realmente se está jugando al juego libre del mercado? 
Mano invisible.- ¿Ciertamente ha sido una mano invisible?. Cuando el propio sistema ha tenido necesidad ¿no ha echado y está echando mano de instituciones y mecanismos salvadores? ¿No se ha apoyado a veces en regímenes estatistas férreos, cerrados, en dictaduras, para pervivir en algunas regiones del mundo? ¿Mano invisible cuando cualquier crisis económica o financiera tiene como respaldo determinadas garantías que lo salvan de cualquier descalabro? 
Perniciosidad del Estado.- De una posible y legítima crítica a su funcionamiento, se pasa, sin lógica alguna, a proponer su aniquilación. ¿Y quién dota a la sociedad de aquellos servicios, considerados universalmente como necesarios, que el mercado desatiende por considerarlos no rentables?. El propio sistema económico ¿no solicita de una y mil maneras la ayuda del Estado?. 
Finalmente, otros interrogantes sobre los efectos que produce.- Personas tan significativas como los mismos presidentes del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial vienen haciendo, desde algún tiempo, declaraciones sistemáticas de que hay que poner en cuestión la política de ajuste estructural que se está siguiendo en algunos países menos desarrollados, porque no se está resolviendo el alarmante problema de la pobreza. 
Parece que el sistema pervive haciendo que en el escenario aparezcan, claramente diferenciados, lo que algunos analistas llaman no ya Norte y Sur, sino Centros y Periferias. En el mundo hay centros y periferias, países centrales y países periféricos. Pero, a la vez, dentro de esos países o regiones hay también centros y periferias. En el interior de los países más desarrollados existen bolsas de pobreza muy importantes que son incuestionables. Es el llamado cuarto mundo, que, por las tendencias que se registran, no parece que vaya a desaparecer del horizonte. Pero es que también en los países periféricos hay centros. ¿Qué son, si no, las oligarquías que dirigen la vida social y política de esos países? Lo curioso es que hasta se establece una relación de connivencia, de colaboración entre los países del centro y los centros de esas periferias. 
Esta existencia de centros y periferias se traduce en un mayor poder de unos y sometimiento de los otros y, en último término, en una vulneración sistemática de los derechos humanos. 
Los efectos sociales que, por otra parte, el mercado genera son claros. El mercado busca rentabilidad. El fenómeno de la deslocación productiva es sintomático. Si es más rentable que una empresa afincada en un país pase a otro, se traslada sin más. Los criterios son, en último término, los de productividad y rentabilidad para el propio mercado. Otra cosa es que haya agentes sociales que no estén dispuestos a aceptarlo. Pero eso parece, en muchos casos, una batalla perdida. Las demandas de desregulación radical del Acuerdo Multilateral de Inversiones, gestado en París, son gravemente preocupantes. 
El movimiento de las finanzas, puramente especulativo, pero decisivo hoy en el sistema mundial, opera a velocidades enormes y basta una orden telefónica o dar a una tecla del ordenador para que determinadas acciones pasen de un lado a otro sin más, descuidando, de manera sistemática, la vertiente social de la vida y actividades humanas. 
Parece, pues, que, por sus efectos, el Pensamiento único puede también someterse a interrogante. 

 

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