ALGUNAS CLAVES DE LA MANIPULACIÓN INFORMATIVA

PEDRO SOLER                                                        

Introducción.

La Real Academia Española de la Lengua dice que manipulación es “intervenir con medios hábiles, y a veces arteros, en la política, la economía, etc., con distorsión de la verdad y al servicio de intereses particulares”. Añadamos la palabra información antes del etcétera y tendremos una definición precisa de lo que es manipulación informativa.

Nos encontramos, por lo tanto, ante una práctica que se caracteriza por su intencionalidad al servicio de intereses ajenos a la propia naturaleza de la información y ante un término que, en la nueva sociedad de la comunicación, se utiliza de forma genérica para referirse a las malas prácticas informativas que inundan los medios.

Es cierto que en el proceso de elaboración y difusión de una noticia se puede intervenir de muy variadas formas y que resulta prácticamente imposible delimitar con precisión donde empieza y donde termina la manipulación de una información y en que grado intervienen en ella, la autocensura, la falta de datos objetivos o el propio criterio errático del periodista.

El proceso de comunicación empieza a perturbarse en la propia fuente de la noticia cuando esta es contraria a los intereses de cualquier grupo de poder, ya sea público o privado y la historia ha demostrado que en situaciones de crisis, cualquier Gobierno intenta imponer restricciones a la libertad de información, aunque sea a expensas de su propia credibilidad.

Pero hay otros factores determinantes en la objetividad de la noticia que son atribuibles al propio editor o informador y que tienen que ver con diversos condicionantes  laborales o con el sistema de trabajo que se ha impuesto en las redacciones.

Censura y autocensura.

La censura ha vuelto a ser una práctica habitual en los medios de comunicación de nuestro país. Aunque su forma de expresión se haya camuflado entre un mayor pluralismo de medios y a pesar de que el proceso informativo se haya dotado de mecanismos aparentemente democráticos, como por ejemplo la discusión de los temas en reuniones de redacción, la realidad es que la mayoría de los contenidos informativos responden a intereses políticos o empresVerdanaes y que los profesionales que elaboran la información se mueven en un estrecho margen de independencia informativa. Una independencia que, ante asuntos controvertidos, suele ceder en beneficio de la línea editorial impuesta por el propietario del medio.

Esta situación se ha agudizado desde finales de los noventa con la fuerte concentración de empresas del sector y la entrada del Gobierno, a través de las grandes empresas públicas, en el negocio de la información. Lejano aquel tiempo de la transición en el que el periodismo fue garante de la libertad de expresión y portavoz de las distintas sensibilidades que afectaban a la vida pública española, hemos desembocado en un escenario mediático polarizado en dos grandes grupos : uno que apoya al Gobierno y otro que es favorable al principal partido de la oposición. Como afirma el periodista Domingo del Pino en un artículo titulado “del viejo bipartidismo al actual biperiodismo” : “ha surgido un biperiodismo que hace realidad aquél convencimiento de que lo que no se publica (o se emite) en mi medio no existe. Alrededor de esos dos grandes grupos existen otros que intentan ser independientes, pero la fuerza de los primeros radica en la identificación con ellos de una ciudadanía también polarizada que no parece necesitar versiones alternativas”.[1]

Los medios de comunicación juegan un papel determinante en el funcionamiento de las sociedades democráticas modernas. La propia Comisión Europea confiere al servicio público de radiodifusión un papel central en el desarrollo y transmisión de valores sociales. No existe ningún otro servicio que, simultáneamente, tenga un acceso tan amplio a la población, proporcione tal cantidad de informaciones y contenidos e influya de forma tan generalizada en los comportamientos sociales. En una sociedad como la española, donde la influencia de los medios es decisiva para el desarrollo de una opinión pública libre y formada es obligada la existencia de una radiotelevisión pública plural, independiente y veraz, que sirva al interés de los ciudadanos por encima de consideraciones empresVerdanaes o políticas.[2]

Sin embargo, cuando se habla de manipulación informativa, todas las miradas confluyen en Radiotelevisión Española (RTVE), un medio al que la ley encomienda expresamente una función de servicio público y que, sin embargo, no ha demostrado ser coherente con las leyes que regulan su funcionamiento ni con los principios básicos que definen sus programaciones[3]. Por el contrario, la Radiotelevisión Pública Estatal se ha caracterizado por una constante dependencia del poder político que ha mermado progresivamente su credibilidad y la ha conducido al extremo de ver cuestionada su rentabilidad social.

¿Cómo funciona el proceso informativo en RTVE?

Para entender cómo funciona la manipulación informativa en RTVE y porqué se ha mantenido vigente a pesar de las leyes y de la pugna de sus profesionales por salir de esa espiral de dependencia gubernamental, hay que remontarse a la propia naturaleza política de un medio en el que el Director General es nombrado directamente por el Gobierno.

En el caso de los responsables de los Servicios Informativos de RTVE, aunque formalmente los designe el Director General, en la práctica son también puestos de confianza del Gobierno, que en el caso de Televisión Española (TVE) mantiene un estatus de separación de poderes con respecto a la Dirección General. De este modo, los servicios informativos administran sus contenidos sobre la base de una estructura jerarquizada que atiende directamente a criterios políticos.

Esta “cadena de mando” propicia una presión constante sobre los responsables de este medio y permite que ciertos contenidos puedan llegar a ser decididos y sugeridos desde los propios gabinetes de prensa de organismos oficiales y partidos políticos.

En una entrevista concedida a la cadena de televisión France 5, con motivo del primer juicio por manipulación informativa seguido contra TVE en mayo de 2003 [4], el Director de Informativos de la Televisión Pública, Alfredo Urdaci, respondía de esta forma a su entrevistador Michael Richard [5]:

P: ¿Ha recibido usted presiones?

R: Yo no he dicho que hubo una presión, yo he podido decir que hubo llamadas después de la emisión, pero presiones no.

P: Después de la emisión, algunas llamadas…¿del partido popular en el poder?

R: Silencio

P: Pero, en España, es complicado hablar de la posición francesa contra la guerra.

R: En absoluto, hemos hablado mucho…Yo no voy a hablar de las presiones que recibo. Si te hablo de las que recibo del Gobierno, puedo hablarte igualmente de las que recibo de la oposición.

P: ¿Eso significa que usted recibe presiones de la oposición y del partido del PP en el Gobierno?.

R: ¡Claro!

P: ¿Las presiones de los partidos políticos son frecuentes?

R: Son constantes.

P: ¿Por parte del Partido Popular y del partido socialista?.

R: Risas…No, de eso no hablo.

Las contradicciones que se reflejan en esta entrevista obedecen a una realidad cotidiana que ha viciado durante años el proceso informativo de selección, elaboración y difusión de las noticias en Televisión Española.

La redacción central de TVE está formada por alrededor de 300 informadores, distribuidos en áreas o secciones: Nacional, Economía y Laboral, Sociedad, Cultura, Internacional y Deportes. De la sección de Nacional dependen las noticias relacionadas directamente con la política, así como asuntos institucionales, Casa Real, defensa, tribunales, terrorismo y seguridad. Esta sección es, por lo tanto, la que acapara la mayor atención por parte de los directivos y la más susceptible de verse sometida a presiones.

Todos los días, los editores y los jefes de las respectivas áreas celebran reuniones previas a la emisión de los telediarios para proponer los contenidos que integrarán la emisión. Sin embargo, cuando se trata de asuntos de interés político relacionados con el Gobierno, las noticias suelen estar orientadas de antemano desde la propia Dirección de Informativos, que indica a sus editores de confianza cómo deben enfocar el tema o qué grado de cobertura informativa (actos públicos o entrevistas) deben realizar. Los servicios informativos disponen de una extraordinaria dotación de medios técnicos y humanos, de manera que es muy habitual enviar cámaras y redactores a otros actos de relevancia social o política con el fin de cubrir el expediente. Luego, estas otras informaciones consideradas de “segundo orden”, no llegarán a emitirse, si con ello se altera la pauta editorial preestablecida por la Dirección. Para justificar estas decisiones se recurrirá a cualquier pretexto como por ejemplo el de argumentar que tal o cual contenido no pudo ser emitido por “exigencias de programación”.

Hay veces en que las indicaciones de los responsables de la edición entran en colisión con el criterio del informador. En esos casos, lo más habitual es que se produzcan discusiones previas sobre el modo de tratar un tema y que, ocasionalmente, el redactor se niegue a cambiar su noticia cuando ya la tiene elaborada o a firmarla si es emitida contra su voluntad. Estas situaciones son cada vez más frecuentes entre aquellos redactores que han adquirido conciencia de sus derechos profesionales aún a riesgo de ser marginados del proceso informativo. Pero tampoco podemos cometer el error de pensar que toda la información controvertida que se emite en TVE está manipulada, ya que todos los días se elaboran y difunden informaciones que son ejemplo de un buen hacer periodístico. Lo que suele ocurrir es que muchas de estas noticias que podríamos calificar de ejemplares quedan eclipsadas en el conjunto de un bloque informativo en el que destaca, por encima de todo, la línea editorial impuesta por el medio.

Si tomamos como ejemplo cualquier información política emitida en los telediarios de la primera cadena, podemos encontrarnos con una noticia bien elaborada por el informador que, sin embargo, queda desvirtuada en el contexto de una estructura que tiene siempre el mismo esquema: testimonios encadenados del Gobierno seguidos del testimonio de la oposición y de un nuevo testimonio del partido en el poder, que cierra por sistema el bloque informativo. No importa que el protagonista de la noticia no sea en muchos casos el Gobierno, basta con que el hecho noticiable le afecte indirectamente. Si, inesperadamente, los partidos de la oposición generan una noticia que no estaba prevista en la agenda informativa del día, inmediatamente se cursa la orden de enviar una cámara al portavoz más asequible del Gobierno o de su partido para que contrarreste el mensaje emitido por la oposición.

Este esquema de trabajo es una norma no escrita en los informativos de Televisión Española y de Radio Nacional de España, pero a veces adquiere dimensiones extraordinarias, como en el ejemplo que mostramos a continuación y que corresponde al informativo territorial de RNE en Galicia el 26 de enero de 2003, en pleno periodo de la crisis del Prestige [6]:

Emisión de RNE Galicia : Domingo 26 de enero de 2003

Duración del Informativo : 15 minutos

Pauta

1.- Presentación del informativo.

2.- Crónica en directo de la intervención del Presidente del Gobierno en la convención del PP en Santiago.

3.- Crónica resumen del resto de la intervención del Presidente del PP. (Total 4 minutos 11 segundos)

4.- Crónica de 1m 55 segundos con otras intervenciones de dirigentes del PP en la misma Convención.

5.- Valoración del Partido Popular al Plan Galicia, aprobado dos días antes:

testimonios del Secr. Gral. del PP en Galicia,  del Conselleiro de Presidencia y Relaciones Institucionales de la Xunta y de la candidata del PP en Vigo. (Total 2 minutos)

6.- Información con declaraciones del  Conselleiro de Política Territorial y Obras Públicas, para valorar las inversiones en infraestructuras del Plan Galicia. (1m. 30 segundos)

Incluyendo las presentaciones de cada noticia, las denominadas “entradillas”, el tiempo total dedicado por este informativo al partido del Gobierno fue de 13 minutos, de los 15 que duró la emisión.

Condicionantes laborales de la manipulación informativa.

A pesar de la resistencia de los profesionales a aceptar determinadas imposiciones contrarias a sus principios éticos, en la mayoría de los casos acaba prevaleciendo el criterio de la Dirección. En unas ocasiones, las informaciones comprometidas son encomendadas a personas consideradas afines a la línea editorial de la empresa. En otras, para no generar mayores tensiones o conflictos internos, esas informaciones son realizadas por algunos editores o jefes de área que asumen personalmente la responsabilidad de elaborar y presentar la noticia. Por lo general, es el propio director de informativos quien se encarga de conducir y presentar programas especiales y también de revisar personalmente las noticias controvertidas y efectuar las modificaciones que estima oportunas. Esta práctica de intervencionismo directo en las noticias se institucionalizó cuando dos de los Directores de Informativos de TVE que ocuparon el cargo desde septiembre de 1998[7] decidieron simultanear su función con el de Directores y presentadores del telediario de mayor audiencia, el TD2, que se emite a las 21 horas por la primera cadena y que, en ese período tenía una media diaria de audiencia próxima a los cuatro millones de espectadores. 

Pero además de esa intervención directa sobre las noticias, la empresa pública RTVE dispone de poderosos instrumentos económicos y laborales que restringen, de forma indirecta, la libertad de los periodistas.

Los redactores en plantilla de TVE cobran un complemento salVerdana que representa, en el menor de los casos, el 30 por ciento de su salario bruto: una retribución que, en el año 2003, no superaba los 1.500 euros mensuales. El complemento aplicado es de libre designación y exige plena disponibilidad, de forma que concede a la Dirección de la empresa un control laboral casi absoluto sobre sus trabajadores. Esta vinculación entre un salario relativamente bajo y un complemento especial que puede ser concedido y retirado a criterio de la Dirección conlleva, a la larga, a una dependencia económica que marca sus propios límites sobre el libre ejercicio de la profesión y que en ocasiones se convierte en una de las principales causas de la autocensura.

En numerosas ocasiones, algunos sindicatos de RTVE han denunciado la presión psicológica que reciben los informadores y que repercute en que aquellos que no siguen la línea editorial establecida sean marginados del proceso informativo o frenados en su proyección profesional. Esta práctica, que adquiere connotaciones de mobbing es, de hecho, la más extendida entre los profesionales de la información de RTVE. El periodismo, especialmente el televisivo, es una profesión dinámica, muy agradecida en su proyección pública y que adquiere su máxima expresión en el seguimiento diario de las noticias y en la posibilidad de conectar asiduamente con la audiencia. Los directos in situ, el seguimiento de campañas institucionales o políticas, los reportajes especiales, los desplazamientos a las zonas de conflicto y la investigación de las informaciones de interés público son la esencia de este trabajo periodístico. La Dirección conoce este “flanco débil” de la profesión y utiliza el poder que le proporciona esta peculiaridad del medio para marginar a los informadores que le resultan incómodos, ya sea mediante la escasa o nula adjudicación de tareas efectivas o mediante el cambio funcional del trabajador a otra área o franja horaria en la que su labor pase desapercibida.

Hay otro factor que influye enormemente en lo que hemos dado en llamar manipulación informativa, y es el gran aumento de la precariedad laboral que se ha producido en el mundo del periodismo y que cada vez es más extensivo a las empresas públicas de comunicación. La precariedad laboral hace que, en muchas ocasiones, el periodista no sea dueño de su información ya que su propia estabilidad en el empleo está habitualmente condicionada al grado de identificación con la línea editorial de la empresa. El miedo a no renovar el contrato fomenta en muchos de estos periodistas la tendencia a imponerse límites, una autocensura que en ocasiones es más eficaz que las presiones directas que ejerce la empresa. Simultáneamente, en RTVE cohabitan los llamados “contratos estrella”, es decir, aquellos profesionales que no pertenecen a la plantilla y que son generosamente remunerados a cambio de la prestación de un servicio determinado. Estas contrataciones se traducen en puestos de responsabilidad en la áreas de informativos, dirección de los programas de mayor audiencia o trato privilegiado en tertulias de carácter político. Una relación contractual que, por regla general, se mantiene hasta el siguiente cambio de Gobierno.

Condicionantes jurídicos

En la televisión pública y en los medios de comunicación españoles en general, un redactor no puede negarse fácilmente a realizar un trabajo, aunque la orden de sus superiores pudiese parecer contraria a los principios éticos de la comunicación. Existe una normativa legal muy estricta en materia de relaciones laborales que considera la negativa a cumplir el encargo de un superior como falta muy grave que puede ser causa de expediente disciplinario y dar lugar al despido del trabajador. Además, la ausencia de organismos reguladores, como los Consejos de Información, o el Estatuto Profesional del Periodista impide que, a diferencia de lo que ocurre en otros países de nuestro entorno, se pueda recurrir a una mediación o arbitraje en caso de conflicto.

La ley orgánica 2/1997 reguladora de la cláusula de conciencia (BOE 20/6/97) establece en su artículo 3º que los profesionales de la información “podrán negarse motivadamente a participar en la elaboración de informaciones contrarias a los principios éticos de la comunicación sin que ello pueda suponer sanción o perjuicio”. Pero esta ley, como todas, es interpretativa y apenas ha generado jurisprudencia ya que son contadas las ocasiones en las que algún profesional de la información se ha acogido a ella.[8]

Sin embargo, hay otras normas reguladoras del trabajo informativo en RTVE que son sistemáticamente ignoradas y que podrían contribuir a una  mejora de la calidad informativa y a una defensa más eficaz de los derechos de los profesionales. El Estatuto de la Radio y la Televisión encomienda entre otras cosas a RTVE “promover activamente el pluralismo, con pleno respeto a las minorías, mediante el debate democrático, la información objetiva y plural y la libre expresión de opiniones”. Asimismo, los Principios Básicos de Programación resaltan el papel crucial de los medios que dependen del Ente Público RTVE y establecen “como principios inspiradores de la actividad de los medios de comunicación social del Estado la objetividad, veracidad e imparcialidad de las informaciones y la separación entre éstas y las opiniones”.[9]

¿Porqué razón son sistemáticamente ignorados estos principios básicos?.

Debido a la falta de precedentes jurídicos, las prácticas de manipulación informativa, que constantemente son denunciadas por los sindicatos de RTVE, son muy difíciles de formular ante los tribunales de justicia. Sin embargo el 23 de julio de 2003, la Audiencia Nacional dictó una sentencia que convulsionó el mundo de la información y abrió la puerta a un debate social sobre el derecho de acceso a los medios públicos de los grupos sociales más representativos. El auto dictado por el Tribunal se convirtió, de hecho en la primera sentencia por manipulación informativa contra RTVE y fue consecuencia de una demanda interpuesta por el sindicato CC.OO. La Audiencia Nacional estimó que TVE había incurrido en la vulneración de los derechos fundamentales de huelga y libertad sindical debido a la cobertura informativa que este medio público realizó sobre la huelga general del 20 de Junio de 2002. La sentencia resaltaba como hecho probado la ocultación, por parte de TVE, de todos aquellos datos de la encuesta del CIS que eran favorables a los agentes sociales, como los que revelaban que la mayoría de los españoles se mostraban de acuerdo con la convocatoria de huelga y encontraban motivos suficientes para convocar el paro.[10]

La información sesgada de la encuesta del CIS fue repetida en los dos telediarios de mayor audiencia de Televisión Española, el TD1 y el TD2 correspondientes al 14 de junio de 2002. Tal como fue presentada la información sobre la encuesta del CIS no puede argumentarse que la sentencia pusiera en tela de juicio como deben informar los medios. Tampoco se puede justificar la información de TVE como fruto de un error o un tratamiento inadecuado de la información. Como apunta el catedrático de derecho constitucional, Marc Carrillo en un artículo de opinión sobre este asunto, publicado en el periódico El País el 13 de agosto de 2003, no debe confundirse el derecho a la libertad de expresión con el derecho a recibir información veraz. “algo tan sencillo como tan propio de la deontología profesional como era difundir las diversas posiciones que la encuesta oficial reflejaba respecto a la huelga, se trocó en un uso torticero, sectario y parcial. Era evidente que la información difundida faltaba a la verdad a través de la información sesgada de unos datos, transmitiendo a la audiencia un estado de la opinión pública que no era el que se derivaba del estudio sociológico de un órgano dependiente de la presidencia del Gobierno. Ante un hecho de interés general el derecho a la información veraz está sujeto a unos límites constitucionales más intensos que los que afectan a la libertad de expresión. En ese contexto jurídico, la manipulación informativa es deontológicamente reprobable y jurídicamente censurable cuando, como es el caso, se aleja de forma palmaria de la verdad de los hechos”.[11]

Tratamiento inadecuado de la información

Hay otros tipos de manipulación que tienen que ver con el grado de implicación del informador, con su mayor o menor habilidad para contextualizar la noticia o con un desmedido afán, ya sea personal o empresVerdana, de obtener el mayor número posible de lectores o espectadores. Uno de los casos más llamativos de este tipo de prácticas lo protagonizó un reportero del New York Times en junio de 2003. Jayson Blair puso en evidencia otra preocupante vertiente de la manipulación informativa: la que propicia un sistema de trabajo fuertemente competitivo y en el que la ética queda supeditada a la búsqueda del estrellato profesional a cualquier precio. A sus 27 años, Jayson Blair, era uno de los reporteros más prometedores del Times por su habilidad para conseguir exclusivas sensacionales. Cuando se descubrió que su verdadero mérito era la capacidad para inventar y plagiar las historias que publicaba, tanto el Director del Times, Howell Raines como su adjunto Gerald Boyd dimitieron de sus cargos y asumieron la responsabilidad de aquel fraude periodístico.[12]

En otras ocasiones, la falta de objetividad que el lector o el espectador perciben como un intento de manipulación informativa no es más que el resultado del sistema de trabajo que impera en las redacciones, en las que cada vez hay más redactores y menos periodistas. El periodismo de investigación casi ha desaparecido y en su lugar se ha impuesto un ritmo de trabajo que impide que los profesionales acudan a las fuentes para contrastar la información. Cada vez es más cotizado un estilo acelerado de fabricación de noticias que prioriza rellenar espacios y servir de espectáculo a un nuevo prototipo de audiencia: espectadores pasivos pero ávidos de emociones fuertes que son tratados como meros consumidores de información. En base a esta premisa se está consolidando un tipo de periodismo en el que se impone la cantidad sobre la calidad, la espectacularidad frente al rigor, la imagen sobre la palabra y la ficción documentada ante la realidad.

Sería interesante profundizar en ese proceso de transformación que se está produciendo en los medios e indagar sobre qué papel van a desempeñar los informadores en el escenario mediático que se avecina, pero sería injusto para la profesión no establecer una clara distinción entre lo que representan las prácticas  intencionadas de manipulación informativa y aquellos errores, más o menos justificables, que acompasan en ocasiones la difícil tarea del informador.

La manipulación como fenómeno social.

En el periodo comprendido entre junio de 2002 y la primavera de 2003, se produjeron en nuestro país tres grandes acontecimientos sociales que elevaron la manipulación informativa, sobre todo en el medio público RTVE, a un rango de preocupación social desconocida hasta entonces.

La huelga general del 20 de junio de 2002, el desastre del petrolero Prestige en noviembre de ese mismo año y, finalmente, la guerra contra Irak que abarcó desde el 20 de marzo al 8 de abril de 2003, provocó entre los ciudadanos españoles un sentimiento de rechazo hacia la televisión pública y una sensación compartida de que estaban siendo engañados.

Resignados a tolerar los tradicionales métodos de censura y desinformación inherentes a la televisión estatal, considerada tradicionalmente un instrumento de comunicación al servicio del Gobierno de turno, los ciudadanos españoles percibieron, acaso por primera vez, el fenómeno de la manipulación informativa en toda su dimensión.

Para la sociedad española no se trataba, sin embargo, de un fenómeno nuevo. En anteriores periodos políticos ya se habían producido graves episodios de manipulación informativa que se hicieron acreedores de numerosas denuncias entre la opinión pública. ¿Porqué entonces esa reacción social ante una práctica igual de grave que en otras etapas y tan poco novedosa para los espectadores de los telediarios?.

Probablemente, la concatenación de tres grandes sucesos en menos de un año y la equivocada gestión de estos acontecimientos por parte de los máximos responsables de los servicios informativos de TVE evidenciaron, como nunca antes lo habían hecho, que la veracidad en este medio público estaba seriamente amenazada.

Acostumbrados a la utilización política del medio se produjo un hecho diferenciador en este periodo que puede explicar la reacción de los ciudadanos. Hasta entonces, los responsables de los medios públicos, especialmente de RTVE, se habían caracterizado por la utilización política de la radio y la televisión con una finalidad muy concreta: la apología de la gestión del Gobierno y el descrédito del adversario político. A raíz de estos tres acontecimientos se produjo, sin embargo, una traslación de la manipulación política a la esfera social y un divorcio entre la información que se estaba ofreciendo y unos hechos reales fácilmente reconocibles que estaban afectando a millones de ciudadanos.

Una cosa era imponer restricciones al grupo político de la oposición y otra muy distinta intentar silenciar a los colectivos sociales y negarles el acceso a los medios de comunicación en unos momentos especialmente sensibles para la ciudadanía. En las radios y las televisiones afines al Gobierno se produjo, sin embargo, una reafirmación a favor de las tesis oficiales y un progresivo aumento de la manipulación que se tradujo en una distorsión de la realidad y en un permanente descrédito de los colectivos contrarios a las posiciones del Gobierno.

Las denuncias contra la manipulación informativa fueron en progresivo aumento a medida que la manipulación se acentuaba, pero el verdadero detonante de la contestación social contra TVE fue la guerra de Irak, que comenzó en marzo de 2003 y en la que el Gobierno desplegó una campaña de desinformación más intensa aún que en los anteriores conflictos.

La política informativa del Gobierno en la Guerra de Irak.

Para analizar el papel que TVE jugó durante la Guerra de Irak, hay que partir de la estrategia de comunicación seguida durante esta crisis por el Gobierno de José María Aznar.

Analicemos el argumento utilizado por el Presidente del Gobierno Español cuando hubo de hacer frente a las críticas de la oposición que reclamaban una declaración oficial sobre las pruebas que le impulsaron a apoyar la invasión de Irak (las supuestas armas de destrucción masiva en poder de Sadam).[13] En declaraciones realizadas a los medios el 4 de junio de 2003, Aznar dijo que esas críticas le parecían una ligereza, “máxime cuando se había actuado bajo el mandato de la ONU”.

En una junta de portavoces, celebrada en el Congreso el 10 de Junio, el representante del PP, subrayó este mensaje del presidente del Gobierno, pero matizó que Aznar nunca se había referido a las supuestas armas de destrucción masiva como si manejase información propia, sino que se apoyaba en la resolución 1441 del Consejo de Seguridad de la ONU.

Obviamente, la ONU no había aprobado la intervención en Irak. La realidad es que EE.UU., y sus principales aliados, El Reino Unido y España, decidieron actuar sin el consentimiento de las Naciones Unidas, abriendo así una crisis histórica en el seno de esta organización. Pero la memoria histórica es frágil y es posible que este mensaje –lanzado tres meses después de la crisis abierta en las Naciones Unidas y simplificado en su contenido-, hiciera creer a muchos ciudadanos españoles que la ONU siempre estuvo de acuerdo con la decisión de los aliados de atacar a Irak.

La afirmación realizada por el Jefe del Gobierno no provocó una controversia social inmediata, aunque si dio pie a numerosas críticas en los medios considerados próximos a la oposición. En una tertulia radiofónica de una cadena de radio perteneciente al grupo Prisa, uno de los participantes señaló como, tras la afirmación del Sr. Aznar, se ocultaba la falta de pluralismo de los medios de comunicación en España, dónde se intentaba imponer una sola corriente de opinión oficial.

A juicio de este tertuliano, el hecho de que en el Senado de EE.UU. y en el Parlamento Británico se hubiesen creado comités de investigación para dilucidar si sus respectivos Gobiernos mintieron o manipularon los informes sobre el armamento de Sadam, respondía a otra cultura democrática y a un pluralismo eficaz en los medios de comunicación que no existía en el caso de España.

En Junio de 2003, la posibilidad de que Tony Blair hubiese mentido sobre la existencia de armas de destrucción masiva para justificar la guerra contra Irak, se convirtió en centro de debate en el Reino Unido. La sospecha de que el Primer Ministro hubiese engañado al Parlamento fue considerada en aquel país un hecho muy grave que comenzó a desgastar irremisiblemente su credibilidad política ante la prensa y la opinión pública internacional.

La cadena pública británica, BBC, jugó un papel decisivo en la difusión de aquella  información de interés general que era contraria a los intereses de su Gobierno y, a pesar de las fuertes presiones de que fue objeto, preservó en todo momento su independencia. Para entender el copernicano giro que se produjo en el debate social de los británicos hay que considerar la independencia que tienen los medios de comunicación en el Reino Unido y la cultura democrática asociada a este rol de la prensa que exige de sus dirigentes la máxima transparencia y sinceridad en sus afirmaciones públicas. Como ejemplo de esa independencia informativa está el hecho de que Blair pudo imponer que la investigación se llevara a cabo por un Comité designado por el Gobierno, pero no pudo impedir, sin embargo, que las sesiones de este Comité fuesen públicas y televisadas en directo.

La percepción social sobre la sinceridad de los líderes políticos es muy diferente en España donde, de algún modo, se tiene asumido que el ejercicio de la política lleva asociado un nivel de incumplimiento entre lo que se afirma que se va a hacer y lo que realmente se hace. Prueba de esta doble percepción son los resultados de la encuesta realizada por el Instituto Opina para la cadena SER –el llamado pulsómetro-, dados a conocer el 23 de Junio de 2003.

A la pregunta: ¿Cree ud. que Bush y Blair dijeron la verdad sobre la existencia de armas de destrucción masiva? Sólo el 9 por ciento opinaba que Sí frente a un 74 por ciento que opinaba que No. (El resto de los encuestados no se pronunciaba).

Sin embargo, cuando esa misma pregunta se aplicaba a José María Aznar, el porcentaje variaba en diez puntos. En este caso los que opinaban que Aznar había dicho la verdad eran el 18 por ciento frente a un 64 por ciento que opinaban que había mentido. (El resto de los encuestados no se pronunciaba).

“Pueden estar seguros de que el régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva”

                               José María Aznar en entrevista concedida a

                               Antena 3 TV el 13 de febrero de 2003

El Presidente del Gobierno Español apeló a su propia credibilidad personal en una entrevista concedida a la televisión privada Antena 3, considerado uno de los medios próximos a las posiciones del Gobierno.

En aquella entrevista, José María Aznar dijo textualmente a su entrevistador:

“Puede estar seguro, y pueden estar seguras todas las personas que nos ven, que les estoy diciendo la verdad”...”el régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva, tiene vínculos con grupos terroristas y ha demostrado a lo largo de su historia que es una amenaza para todos. Justamente ahí reside la dureza de las responsabilidades que hay que tomar”.[14]

Dicha entrevista fue muy comentada en diversos foros de opinión, por el grado de implicación personal que había decidido adoptar el Jefe del Gobierno Español en una campaña mediática sin precedentes y que tenía como finalidad convencer a la opinión pública de la necesidad de utilizar la fuerza contra Irak, a pesar de la oposición de la ONU.

En los meses previos a la invasión de Irak, todos los Gobiernos y medios proclives a la política informativa de la administración Bush dentro y fuera de los EE.UU. desplegaron una intensa campaña informativa en favor de la Guerra que, en algunos países, como en España, provocaron una reacción social sin precedentes contra lo que fue considerado un grave atentado hacia el estado de opinión democrática, caracterizado en un fenómeno mediático de manipulación informativa.

Con el Gobierno de José María Aznar como uno de los principales aliados de los EE.UU. y con el 91 por ciento de la población española en contra de la guerra, se generó un fuerte rechazo contra la política seguidista de algunos medios de información y, en particular, contra el tratamiento informativo que estaban ofreciendo los telediarios de mayor audiencia de Televisión Española.

Esta emisora pública, que también había sido duramente criticada por los agentes sociales y por colectivos ciudadanos, debido a la cobertura de otros grandes acontecimientos como la huelga general del 20 de Junio de 2002 y la crisis del “Prestige” en noviembre de ese mismo año, recibió con motivo de la información sobre la Guerra de Irak las más duras críticas de su historia por manipulación informativa.

La sensación generalizada de sentirse estafados se propagó intensamente por diversas esferas sociales. En universidades, foros ciudadanos, centros de trabajo, etc., los debates sobre la guerra se mezclaron con el debate sobre la manipulación informativa. No hubo manifestación o acto de protesta en la que los gritos y las pancartas contra la guerra no se mezclaran con los gritos y las pancartas de “Televisión: Manipulación”

La situación llegó a tales extremos que muchos profesionales de TVE sufrieron abucheos, insultos y amenazas cuando intentaron desempeñar su trabajo en escenarios públicos. Y es que, indignados por la falsa realidad que veían en los telediarios, los ciudadanos proyectaron su enojo contra todos aquellos trabajadores que representaban a RTVE, fuesen o no responsables de su política informativa. Esta situación de rechazo social provocó una reacción en los servicios informativos de TVE en la sede de Torrespaña, en Madrid, donde trabajaban entonces unos 1.300 empleados. El 6 de marzo de 2003, cincuenta trabajadores de este centro constituyeron un comité contra la manipulación informativa y publicaron en la prensa el siguiente manifiesto que fue avalado por casi ochocientas firmas.

Texto del manifiesto publicado :

MANIPULACIÓN, NO EN NUESTRO NOMBRE

Los abajo firmantes, trabajadores de TVE constatamos dolorosamente,

una vez más, que nuestro trabajo no se pone al servicio de la Información

sino al de los intereses del gobierno de turno, en este momento el presidido

por José María Aznar.

Consideramos que la Información que se ha ofrecido a la audiencia a través

 de los Servicios Informativos de TVE sobre la última Huelga General,

sobre el desastre del Prestige y la que se ofrece en este momento sobre

la crisis de Irak, por poner unos ejemplos, no respeta los mínimos criterios de

veracidad, pluralismo e independencia a los que nos obligan nuestro propio

Estatuto y los Principios Básicos de Programación en RTVE, además

de la Constitución Española.

Porque ya estamos hartos, manifestamos ante la sociedad que nos negamos

a ser cómplices de una situación que menoscaba nuestra dignidad profesional

y la credibilidad de este servicio público.

Este comité contra la manipulación realizó diversos informes que fueron remitidos a la prensa y los órganos de control de RTVE y en los que se detallaban las prácticas de ocultación o manipulación de la información realizados por los responsables de TVE en la cobertura de numerosas noticias.[15]

 

Estrategias de manipulación informativa en TVE durante la Guerra en Irak

Con el conflicto de Irak y la posterior agresión, la Dirección de Informativos de TVE desplegó la misma estrategia informativa que había utilizado en otros acontecimientos recientes, como la huelga general del 20 de Junio de 2002 o cinco meses más tarde con la crisis del petrolero Prestige . Una estrategia que, en nuestra opinión, estuvo centrada básicamente en cuatro ejes y de la que expondremos algunos ejemplos:

En primer lugar se trataba de buscar el apoyo de la opinión pública mediante la exposición de una razón poderosa para iniciar una guerra. Para ello se intentó  hacer más explicita la idea fuerza esgrimida por la administración Bush sobre el peligro que representaban las armas de destrucción masiva en poder de Sadam.

Aquella información, repetida una y otra vez por los portavoces gubernamentales de los países aliados, fue difundida y amplificada sistemáticamente por los periódicos y las emisoras menos independientes contribuyendo así a una estrategia comunicacional muy conocida por los expertos en ciencias del comportamiento: la propagación del miedo entre la población y la justificación, en consecuencia, de cualquier medida extrema tendente a eliminar ese supuesto peligro.

Antes de desencadenarse el conflicto, TVE compró tres reportajes de producción ajena, de una hora de duración que fueron emitidos como especiales informativos en las semanas previas a la intervención armada y que creemos que tenían algo más que una finalidad informativa:

El primero de ellos alertaba sobre los peligros de una guerra bacteriológica y detallaba las terribles consecuencias del ántrax sobre el cuerpo humano. El segundo avanzaba algunas hipótesis sobre quien podía sustituir a Sadam una vez derrocado el régimen y en el tercero se cuestionaba la credibilidad de los países integrantes de la ONU contrarios a la guerra, especialmente Francia y Alemania, a los que se culpaba abiertamente de haber provisto de armamento nuclear a Irak.

En segundo lugar, la estrategia de TVE consistió en reiterar de forma sistemática las tesis del Gobierno a favor de la Guerra mientras se intentaban silenciar las posturas discrepantes.

Además de los programas especiales, el tiempo empleado por los telediarios de TVE para informar de la Guerra contra Irak fue abrumadoramente desproporcionado a favor de la tesis oficiales, al tiempo que se intentaban minimizar u ocultar las multitudinarias manifestaciones que se estaban produciendo por todo el Estado. En este sentido, un informe elaborado por el Consejo de lo Audiovisual de Cataluña (CAC), sobre las primeras 72 horas del conflicto destacó que la primera cadena de TVE fue la emisora que mayor tiempo dedicó  en sus especiales informativos a los miembros del Gobierno, un 43,6% frente al 10,5 % del tiempo dedicado al principal partido de la oposición.

Miembros del comité contra la manipulación de TVE destacaron en sus informes como en esa corriente de ocultación de la información, las corresponsalías de Rusia, Alemania y Francia, es decir, los países contrarios a la intervención armada, prácticamente desaparecieron de la escena informativa durante el tiempo que duró el conflicto. La primera gran manifestación contra la guerra del 15 de febrero de 2003, que sólo en Madrid congregó a más de un millón y medio de personas, no fue merecedora de ninguna conexión en directo por parte de la televisión pública.

Estas técnicas de manipulación alcanzaron eco en un artículo del New York Times publicado el 24 de marzo de 2003 en el que se analizaba la cobertura informativa de la invasión de Irak por parte de los medios de comunicación europeos. Este periódico señalaba como el canal "dominado por el Gobierno", TVE (Televisión Española), pese a hacer una cobertura total de la "guerra contra Sadam", censuraba sistemáticamente las movilizaciones masivas en contra de la guerra que se estaban produciendo por todos los puntos del país al tiempo que rellenaba los espacios muertos entre conexiones en vivo con tertulianos proclives a la guerra.

En tercer lugar, la política informativa de los responsables de TVE se centró en desacreditar a los movimientos sociales que surgieron espontáneamente como resultado de una opinión pública libre y formada.

Esta técnica de comunicación que fue utilizada con anterioridad contra los sindicatos durante la huelga general y contra el colectivo “Nunca Mais” durante la crisis del Prestige, consistió en presentar a los movimientos pacifistas como grupos radicales y violentos que atacaban a la convivencia pacífica de la mayoría de los ciudadanos. El Gobierno acuñó el término de “coalición radical de izquierdas” para referirse a los partidos de la oposición, PSOE e Izquierda Unida, como los promotores de unos ataques que tenían como principales objetivos las sedes y los diputados del PP.

Algunos comentaristas proclives a las tesis del Gobierno y que ocupaban entonces importantes espacios de opinión en la radio y la televisión públicas incorporaron en sus comentarios una terminología especial para referirse a los partidos de la oposición y a los participantes en las manifestaciones. Así el Partido Socialista e Izquierda Unida se transformaron en “la coalición radical de izquierdas” que se escondía tras las pancartas, el término “manifestantes” fue progresivamente suplantado por el de “violentos” y el llamado “acoso” a los dirigentes o militantes del Partido Popular se convirtió en la principal noticia de los telediarios de TVE durante varias semanas.

Hay que tener en cuenta que la mayoría de las manifestaciones incorporan algún tipo de incidentes y que dada la magnitud de la contestación social contra la guerra, cabía esperar que se produjeran disturbios. Sin embargo, estos incidentes fueron especialmente destacados en comparación al tiempo dedicado a las manifestaciones pacíficas y a otros hechos informativos de mayor relevancia social.

Durante el periodo de tiempo que duró la guerra se produjeron actos absolutamente reprobables, como ataques contra sedes del PP, así como altercados callejeros y el boicot de algunos actos públicos de dirigentes populares. Uno de éstos dirigentes, tuvo que salir custodiado por la policía de un acto político, mientras era agredido por un grupo de exaltados que le lanzó huevos y que según la información ofrecida por el telediario de las 21 horas (TD2),  pinchó las ruedas de su coche. Esta noticia se produjo el miércoles 26 de marzo, el mismo día que un misil americano había provocado la muerte de 15 civiles en un mercado de Bagdad.

Sin embargo, en la práctica, el trágico suceso de Bagdad quedó relegado a un segundo plano en la presentación de este telediario por un bloque informativo de casi dos minutos de duración que destacaba el clima de violencia que supuestamente se vivía en nuestro país. Tal como las noticias fueron presentadas dieron la falsa impresión de que la sociedad española atravesaba un momento de máxima crispación, con la calle tomada por grupos incontrolados, organizados desde la oposición, con el fin de desestabilizar el sistema democrático.

¿De qué pacifismo estamos hablando?

(Javier Arenas, Secretario General del PP en el TD2 del 26 de marzo de 2003)

Creemos que es interesante transcribir y analizar cómo se expuso la información en algunos espacios concretos de los telediarios, como por ejemplo en el ya referido TD2 correspondiente al  26 de marzo de 2003. Este informativo comienza con imágenes de actualidad de la guerra y un breve apunte en off del presentador sobre las víctimas del misil norteamericano. Luego hace la presentación a cámara con la siguiente introducción:

Presentador a cámara:

“ Buenas noches, en España preocupa la guerra y el clima de violencia que se ha instalado en torno a las protestas. Anoche grupos radicales reventaron un acto político de Alberto Fernández Díaz, senador del partido popular … –(pasa a voz en off y se cubre la narración con imágenes y sonido del altercado)-…. Le insultaron, le siguieron mientras abandonaba el local en Reus, Tarragona, pegaron a la policía, agredieron al senador y le abrieron una brecha en la cabeza, lanzaron huevos y pincharon las ruedas de su coche. Ha sido la penúltima de las agresiones contra dirigentes populares que han visto como se atacaban 120 de sus sedes. Hoy Javier Arenas se preguntaba qué métodos son estos para pedir la paz”.

Continua el testimonio de Javier Arenas:

¿”De qué pacifismo estamos hablando?. ¿Qué pacifistas son los que atacan una sede, intentan agredir, agreden concejales, candidatos, qué pacifistas?. No hay un mayor contrasentido que decir que se defiende la paz ejerciendo la violencia”.

Se muestran imágenes de jóvenes lanzando piedras contra furgones de la policía, volcando contenedores y asaltando un comercio de “El Corte Inglés” tras una manifestación en Barcelona, -no se muestra ninguna imagen del transcurso pacífico de la manifestación-, mientras el presentador añade con voz en off:

“Esa violencia continua. Este mediodía al término de la manifestación de los estudiantes en Barcelona, grupos organizados -han desplegado su violencia ante locales de algunas empresas y de multinacionales y han lanzado un ataque contra el Corte Inglés. Han entrado en los almacenes, han saqueado las zonas cercanas a las puertas, han derribado los mostradores, han vaciado extintores y han roto las lámparas del techo. La violencia seguía después, fuera del edificio entre gritos de ¡asesinos, asesinos y muerte al capital”.(estos gritos no se identifican en el sonido ambiente).

De nuevo a cámara, el presentador termina su presentación diciendo:

“Es miércoles 26 de marzo, lo que ocurre en Irak y los métodos del terrorismo callejero han centrado esta tarde el debate en el Congreso”.

Creemos que el uso de determinadas palabras en la presentación de esta noticia no es casual. Ciertos calificativos posicionan a las audiencias a favor o en contra de los acontecimientos que se están presentando. Por lo general, se recurre a dos técnicas : usar términos que ya llevan asociados un consenso social positivo o negativo, o acuñar y utilizar con reiteración términos nuevos que incorporan palabras de choque y connotaciones negativas. En este caso, el uso del término terrorismo en lugar de “incidentes, disturbios o altercados” adquiere la connotación de violencia más extrema, propia de unos métodos que sólo merecen el aislamiento y la repulsa incondicional de quienes lo practican.

Analizado en su conjunto este espacio informativo, apreciamos como los disturbios e incidentes que se produjeron durante las manifestaciones, aunque denunciables como tales, no fueron contextualizados ni ofrecidos en su lógica dimensión periodística. En vez de eso se mostraron agrupados en un bloque al comienzo de telediario proyectando, en nuestra opinión, una sensación de alarmismo.

Este tipo de informaciones contribuyeron a generar desasosiego y a que muchos  espectadores confundieran los incidentes aislados con la actitud pacífica y legítima de la inmensa mayoría de los ciudadanos que participaron en las manifestaciones. Salvando las distancias, hay un paralelismo histórico de esta situación con las protestas que se produjeron en el mayo del 68 en Francia. Aquella contestación social desembocó también en un movimiento de reacción popular, en el que la mayoría de los ciudadanos percibieron, por la magnitud con que se estaban presentando los incidentes, que el sistema estaba siendo cuestionado y, como reacción, dieron su voto a los partidos de la derecha en las siguientes elecciones legislativas que ganaron de nuevo los Gaullistas.

En cuarto lugar, la mezcla de información y opinión fue otra de las claves de la manipulación informativa profusamente utilizada en el periodo de la guerra de Irak. El interés subjetivo del presentador prevaleció, en numerosas ocasiones, sobre la importancia objetiva de la noticia.

El ejemplo anterior sobre las manifestaciones es una clara muestra de la implicación personal del presentador, y en este caso también responsable de los informativos de TVE. Comienza afirmando que en España preocupa el clima de violencia que se ha instalado en torno a las protestas, llama grupos organizados a los estudiantes y finaliza su introducción calificando unas acciones aisladas como “métodos de terrorismo callejero”.

El presentador de la información es una pieza clave en el proceso de comunicación. La audiencia prestará más o menos atención a la noticia por la forma en que sea presentada y por la credibilidad del propio intermediario. Esa credibilidad quedará gravemente cuestionada desde el momento en que el presentador tome partido en la información, la califique o proponga una versión que no sea neutral ante los hechos.

Puede que en el corto plazo, los espectadores acostumbrados a una línea editorial que coincide con su concepción ideológica, o aquellos que sintonizan por tradición la misma cadena y que no buscan otro referente informativo, concedan a la opinión del presentador una especie de incuestionable autoridad moral e incluso agradezcan que la información se les ofrezca ya digerida. Pero a largo plazo, y en la medida en que el espectador desarrolla una cierta cultura audiovisual, el resultado siempre es el mismo: la pérdida de credibilidad del presentador y del medio al que representa en beneficio de otras cadenas que se caracterizan por un tratamiento informativo de mayor independencia.

El telediario segunda edición tenía hasta entonces una media de casi cuatro millones de espectadores, sin embargo durante los meses que coincidieron con la cobertura informativa del Prestige y la guerra contra Irak, esa audiencia disminuyó en 600.000 espectadores en beneficio de otras cadenas privadas como Tele 5, cuyo enfoque informativo se percibió, por parte de la audiencia, como más objetivo. El propio Director de Informativos de TVE, Alfredo Urdaci, reconoció en uno de los cursos de verano 2003 de la Universidad Complutense que los informativos de TVE habían perdido audiencia y credibilidad, circunstancia que achacó directamente a “una feroz campaña política contra TVE y a una notable competencia por parte del resto de las cadenas”.[16]

También es una regla no escrita entre el redactor de la noticia y el presentador de la misma, que debe existir una concordancia entre la información elaborada por el periodista y la presentación de esta. Corresponde normalmente al redactor escribir la introducción al presentador para que él la adapte a su estilo, sin que ello suponga una alteración sustancial sobre el contenido del texto.

Veamos a continuación un ejemplo práctico de como fue alterada la propuesta de entradilla que envió la sección de internacional el lunes, 3 de marzo de 2003 al presentador del TD2 y Director de los Servicios Informativos de TVE, y que iba procedida de una conexión en directo con Bagdad:

Introducción propuesta por la sección de internacional (entradilla de la noticia):

"Irak ha destruido hoy otros seis mísiles Al Samud, que se suman a la decena desmantelados el fin de semana. Sadam Hussein promete ahora que entregará un nuevo informe sobre sus arsenales de carbunco y gas nervioso, en un nuevo intento de impedir un ataque. En Bagdad está Ángela Rodicio…”.

"Sin embargo, el presentador leyó a cámara lo siguiente:

 

"Sigue el goteo. Es la táctica de Sadam. Irak ha anulado hoy  seis mísiles. Ahora también promete entregar  un nuevo  informe sobre los arsenales de ántrax y gas nervioso. Sadam demuestra que  tiene armas de destrucción masiva y ofrece información conforme la presión sobre su régimen aprieta. En Bagdad está Ángela Rodicio”...[17]

Consecuencias de la manipulación informativa

Se puede engañar a todos en alguna ocasión, incluso se puede engañar a muchos durante algún tiempo, pero no se puede engañar siempre a todo el mundo.

Abraham Lincoln

Como decimos al principio de este artículo, los medios de comunicación son determinantes en el desarrollo y la conformación de las sociedades democráticas modernas. En un país como España en el que la televisión estatal sigue siendo un referente para millones de espectadores, las prácticas de manipulación están reñidas con el propio ejercicio de la democracia. El pluralismo de opiniones y la información veraz son derechos fundamentales que recoge el artículo 20 de la Constitución. La objetividad, la imparcialidad y la separación entre información y opinión son otros principios básicos de la comunicación que las leyes encomiendan expresamente a RTVE como servicio público de difusión.

Las prácticas de manipulación informativa que se produjeron durante el periodo comprendido entre junio de 2002 y marzo de 2003, despertaron en muchos ciudadanos la conciencia de que era necesario acometer una democratización en el proceso informativo de los medios y, especialmente, en Televisión Española (TVE). Ese debate se extendió por diversas esferas sociales y generó numerosos movimientos alternativos de contra información a través de Internet. La contestación social contra la manipulación despertó especial interés  en el ámbito universitario. Durante el periodo de la guerra contra Irak unos 600 estudiantes de política y sociología de la Universidad Complutense se manifestaron espontáneamente en las instalaciones de Radiotelevisión Española de Prado del Rey, en Madrid, para protestar contra lo que llamaron “utilización de armas de desinformación masiva”.

La exigencia de un cambio en la política informativa de RTVE, implicó a los agentes sociales que iniciaron una campaña en defensa de estos valores fundamentales.[18] El sindicato Comisiones Obreras interpuso una demanda por manipulación informativa contra TVE, que daría lugar a la primera sentencia condenatoria de la Audiencia Nacional por vulneración de derechos fundamentales derivados del derecho a la información.

Pero la manipulación también tuvo sus perniciosas secuelas. La más preocupante fue la pérdida de credibilidad de los informativos de la televisión pública que, por primera vez , perdieron el liderazgo de la audiencia e iniciaron un descenso sin precedentes en número de espectadores.

Fue el primer gran desafío lanzado por la sociedad a un medio público que venía siendo largamente cuestionado debido su elevado déficit y a la escasa utilidad social de buena parte de sus contenidos.

Tras ese periodo, los poderes públicos se vieron forzados a reabrir un debate sobre el papel que deben jugar los medios de comunicación del Estado y sobre como deben ser gestionados. La creación de órganos de control como el Consejo Superior del Audiovisual y los Consejos de Información en las redacciones de informativos son algunos de los elementos que integran ese debate y que deben contribuir al desarrollo de un mayor pluralismo e independencia informativa en los medios de titularidad pública. 

Pero, para que esta transición culmine con éxito es necesario abandonar la idea, aceptada de forma tácita por la audiencia, de que la manipulación es algo inherente a la Radiotelevisión Pública y sustituirla por la de que es posible una Radiotelevisión al servicio de los ciudadanos. La incidencia de los medios de comunicación es hoy de tal magnitud que en algunos países, como Francia, se han planteado que la organización del servicio público audiovisual es un deber del Estado, y que como tal debe figurar en la Constitución como un derecho equiparable a otros servicios públicos esenciales como la atención sanitaria y la educación.[19]

También será necesario una mayor voluntad política para superar el clásico, pero estéril debate sobre quién ha manipulado más en las diferentes etapas de Gobierno. No creemos que resulte muy constructivo preguntarse si se manipulaba más antes que ahora si lo que se pretende plantear es la democratización de RTVE desde la búsqueda de la independencia profesional al margen del partido político que gobierne.

Durante años se ha constatado que las prácticas de manipulación en RTVE son proporcionales a la politización del medio. Los intereses políticos suelen condicionar el trabajo informativo, aunque también sucede a la inversa. Ejemplo de esto último es la anécdota que el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero narró en uno de los programas de Tele 5, titulado “Fuentes y Cía.”, emitido a finales de 2002 por esa cadena privada. En el transcurso de la entrevista, Rodríguez Zapatero contó como el Secretario General del partido gobernante (PP), Javier Arenas, le había telefoneado en vísperas de un puente festivo para preguntarle si el también pensaba tomarse esos días de vacaciones o si  por el contrario tenía previsto intervenir en algún acto público que fuese a ser recogido por los medios de comunicación.

No deja de ser paradójico que el secretario general del partido en el Gobierno acomodara su agenda en función de los planes mediáticos de su rival político, pero es que, en aquel periodo, no había ni una sola intervención del jefe de la oposición en la televisión pública que no fuese seguida de la réplica del secretario general del PP.

En cierto modo, nos hemos acostumbrado a una politización desmesurada de los medios públicos y a una desproporcionada relevancia de las noticias políticas que acaparan diariamente la actualidad informativa. Se ha generado así una curiosa interacción entre la práctica del periodismo y el ejercicio de la política que retroalimenta el proceso informativo y provoca una obsesión mediática de los partidos políticos por aparecer en escena. Esa interacción no es exclusiva de España. La muerte de David Kelly en julio de 2003 [20] abrió un debate nacional sobre la manipulación del periodismo político en el Reino Unido que fue más allá de la batalla que enfrentó al Gobierno Británico con la BBC. Peter Hain, ministro para el Parlamento, denunció en esas fechas la llamada “burbuja de Westmister”, una amalgama de intereses comunes y contrapuestos de políticos, televisiones y diarios que han creado un mundo propio, completamente divorciado de la gente y cada vez más alejado del público.[21]

En el caso de España, hay cargos directivos de RTVE que han continuado una carrera política tras abandonar su puesto en la radiotelevisión pública. Uno de los casos más llamativos del trasvase entre el mundo del periodismo y la política se produjo tras las elecciones autonómicas de 2003 cuando el Presidente del Gobierno de Baleares situó en su inmediato entorno político a varios de los directivos y periodistas del centro regional de RTVE en esa comunidad autónoma.[22]

A esta situación ha contribuido en gran medida el sistema bipartidista que se ha implantado en nuestro país. La polarización de la vida política se refleja en todos los ámbitos, incluidos los medios de comunicación, donde se han ido generando dos grandes estructuras políticas que se alternan en el poder político y mediático simultáneamente. Entre esas dos grandes corrientes es fundamental preservar un espacio de independencia para que los profesionales  de los medios no tengan la sensación de que hay un grupo de poder que fiscaliza su trabajo en el presente y otro grupo que lo fiscaliza para el futuro.

Si una vez superado el fragor de los grandes acontecimientos informativos, el debate sobre la manipulación continuase vivo, la consecuencia podría ser una transformación del mundo de la información o, al menos, un cumplimiento más estricto de las reglas que preservan el derecho y la ética de la comunicación, especialmente en los medios que son de titularidad pública y con independencia del partido político que gobierne.

El riesgo, que en cualquier caso tendríamos que asumir, es que este debate se desvanezca o que se mantenga artificialmente en el tiempo alentado por otros intereses políticos o electoralistas. En ese supuesto, muchos de nosotros habríamos aceptado el desafío de denostar una falsa verdad para abrazarnos a otra gran mentira.



[1] “Del viejo bipartidismo al actual biperiodismo”. Domingo del Pino. Artículo publicado en “La Clave” 15-21 de febrero de 2002. (http://www.aideka.tv/publicaciones/laclave.html)

[2] En noviembre de 2001, más de 50 organizaciones sociales crearon la “Plataforma en Defensa de la Radiotelevisión Pública” que editó un manifiesto en defensa de una radiotelevisión al servicio de los ciudadanos. (http://plataformartv.iespana.es/plataformartv/Manifiesto.pdf)

(http://www.aideka.tv/radiotelevisionpublica.html)

[3] El Estatuto de la Radio y la Televisión encomienda, entre otras cosas a RTVE, promover activamente el pluralismo, con pleno respeto a las minorías, mediante el debate democrático, la información objetiva y plural y la libre expresión de opiniones, Art. 5º,  así como La objetividad, veracidad e imparcialidad de las informaciones. Art. 3º (http://www.aideka.tv/Referentes/estatutocompleto.html)

[4] El 20 de Junio de 2002, los sindicatos UGT y CC.OO. convocaron una huelga general en contra de la Reforma Laboral y la Ley de prestaciones por desempleo que acababa de aprobar el Gobierno. El tratamiento informativo de esta huelga por parte de Televisión Española dio lugar a la primera demanda por manipulación informativa contra RTVE que interpuso el sindicato CC.OO..

(www.aideka.tv/huelgageneral20J.html). El 23/7/2003, La Sala de lo social de la Audiencia Nacional condenó a RTVE por vulneración de derechos fundamentales de huelga y libertad sindical, derivados del derecho a la información, debido al tratamiento informativo ofrecido por TVE durante la mencionada huelga general. (http://www.aideka.tv/Serviciosinformativos/sentenciaRTVE.html)

[5] Entrevista emitida en el programa ARRÊT SUR IMAGES, de la cadena pública France 5 tras la celebración del juicio por manipulación informativa contra RTVE. La entrevista estaba centrada en la presunta manipulación ejercida por el responsable de informativos de TVE durante los últimos acontecimientos informativos : huelga general, hundimiento del petrolero Prestige y la Guerra de Irak.

(http://www.aideka.tv/Serviciosinformativos/urdacipres.html)

[6] En noviembre de 2002. El Petrolero Prestige se hundió frente a las costas gallegas. El desastre provocó multitudinarias manifestaciones de protesta contra el Gobierno de José María Aznar por la gestión de la crisis y la política de comunicación que se impuso en el medio público RTVE. Durante la cobertura informativa del Prestige, los informadores de RTVE en Galicia denunciaron ante la opinión pública numerosos casos de censura, manipulación y ocultación informativa. El País, lunes 24 de enero de 2003.

Resumen de la manipulación informativa denunciada por los trabajadores de RTVE Galicia sobre la cobertura informativa del Prestige: (http://www.aideka.tv/prestige.html)

[7] El 14 de mayo de 1996 Ernesto Sáenz de Buruaga es nombrado Director de Informativos de TVE en sustitución de María Antonia Iglesias y en septiembre de ese mismo año asume la presentación y dirección de la segunda edición del Telediario. Alfredo Urdaci continuaría esta práctica de simultanear ambos cargos cuando sustituyó a Javier González Ferrari al frente de la Dirección de informativos el 23 de mayo de 2000.

[8]  La cláusula de conciencia fue invocada por primera vez ante un juez el 21 de junio de 1997 por el periodista Francisco Escobar Jiménez, tras despedirse del desaparecido diario Ya por el cambio ideológico que había experimentado el periódico con la llegada de nuevos editores. Tres años después, el Tribunal Constitucional dio la razón a este periodista. El País, 11 de diciembre de 1997. El Mundo, 7 de enero de 2003. (http://www.aideka.tv/sentenciaya.html). El 10 de junio de 2003, el juzgado de lo social nº 11 de Madrid condenó a la Dirección del periódico “El Mundo” por "vulneración del derecho de libertad de expresión" del redactor-jefe de cierre del diario, Francisco Frechoso, a quien se le negó el permiso para seguir participando en la tertulia de Telecinco ‘La mirada crítica’ después de que criticara en ese foro la actuación de la dirección del periódico en la huelga general del 20-J. (http://www.aideka.tv/Baseant/SentencMundo.html)

[9] Texto íntegro de los Principios Básicos de Programación: http://www.aideka.tv/Referentes/princbasprog1.html

[10] La demanda interpuesta por CC.OO. estuvo basada en un estudio de investigación de AIDEKA (http://www.aideka.tv/Web%20estudio/Estudiointro.htm). Análisis comparativo de los datos ofrecidos por los telediarios de TVE y los datos ocultados que eran favorables a los sindicatos. http://www.aideka.tv/encuestacis.html

[11] TVE y el ejercicio del derecho a la información. El País. 13/8/2003. Marc Carrillo es catedrático de derecho constitucional en la Universidad Pompeu Fabra.

[12] El director de The New York Times dimite por las mentiras de un reportero. Art. De Enric González.

El País. 6/6/2003

[13] Análisis y resumen de prensa sobre el debate social y político que generó la presunta manipulación de informes sobre el potencial armamentístico de Sadam que dio lugar a la intervención de los EE.UU. y de sus países aliados (http://www.aideka.tv/armasirak.html)

[14] El País, sección España.23/6/2003

[15] Informes elaborados por el Comité contra la manipulación informativa. (http://www.terra.es/personal5/no-manipulacion) (http://www.aideka.tv/Serviciosinformativos/manipul.html)

[16] Alfredo Urdaci reconoce la pérdida de credibilidad de los telediarios de TVE. Art. de Belén Hurtado Publicado en ABC el 12 de julio de 2003. http://www.aideka.tv/publicacionesrtve/urdaci.html

[17] Los Principios Básicos de Programación del Ente público RTVE establecen en su apartado 3º la exigencia de separar informaciones y opiniones, la identificación de quienes sustentan estas últimas y su libre expresión, con los límites del apartado cuatro del artículo veinte de la Constitución.

(http://www.aideka.tv/Referentes/princbasprog1.html)

[18] El 5 de diciembre de 2002, con motivo del día de la constitución, el sindicato CC.OO. presento en rueda de prensa una campaña en defensa del pluralismo y la información veraz, que daría lugar a la demanda por manipulación informativa y a la posterior sentencia condenatoria de la Audiencia Nacional.

(http://www.aideka.tv/Serviciosinformativos/demanda.html)

[19] Un informe encargado por el Gobierno conservador francés a un equipo dirigido por la filósofa Catherine Clément pidió en diciembre de 2002 equiparar la televisión pública francesa con otros servicios públicos obligatorios recogidos en la Constitución. La Razón y El País:  11/12/2002

[20]  David Kelly era un científico asesor del Ministerio de Defensa Británico que se suicidó, según las primeras versiones oficiales, tras desvelarse que había sido la primera fuente informativa de la BBC en la polémica  que este medio mantuvo con el Gobierno Británico sobre la manipulación de los informes sobre armas de destrucción masiva que justificaron la guerra en Irak.

[21] El caso Kelly abre un debate sobre el periodismo en el Reino Unido. Art. De Walter Oppenheimer en el País. 29/7/2003

[22] “Matas ficha a directivos y periodistas de TVE”. Artículo de A.M. y R.G.G. en el País. 16/7/2003

(http://www.aideka.tv/publicacionesrtve/gobiernobalear.html)

 

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