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El Quijote en la Escuela
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Hace cuatro siglos, en otoño de 1604, entraba en imprenta la primera parte del Quijote, un libro que salió a la luz en 1605. El Quijote ha sido y es una referencia permanente en la literatura, no sólo española, sino universal. La historia de Don Alonso Quijano ha inspirado a multitud de autores de diferentes culturas y en todas las épocas. El número de ediciones publicadas y de lectores que de ellas han disfrutado es incalculable. Las aulas escolares no han escapado de esta influencia. Al menos desde mediados de siglo XIX y hasta el último tercio del siglo XX el Quijote también encontró su espacio y su lugar en las escuelas de enseñanza primaria.
Con motivo de la celebración de este IV Centenario de la publicación del Quijote y desde el seno del Centro de Investigación MANES, presentamos esta exposición virtual de Quijotes que han sido utilizados en la escuela a lo largo del siglo XX.
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Como es bien sabido, el libro de lectura ha ocupado tradicionalmente un lugar privilegiado en los primeros años de escolarización. Desde comienzos del siglo XIX las diversas normas promulgadas acerca de la instrucción primaria consideran a la lectura como la formación elemental o básica, ya que constituía el modo de acceso a la cultura de mayor valor social. Esto determinó y justificó la publicación de un gran número de textos destinados a la enseñanza de la lectura, tanto, que han formado un género con características propias y distintivas.
El Quijote se
encuadra entre estos libros de lectura, aunque también fue
empleado para otros fines que traspasaban el mero aprendizaje de la lectura.
A mediados del siglo XIX ya aparecen algunas ediciones del Quijote para uso “escolar y popular”, que gracias al éxito que experimentaron, dieron pie a la publicación de sucesivas versiones por diversas editoriales. Pero fue a comienzos del siglo XX, coincidiendo con el tercer centenario, cuando Eduardo Vicenti, después de publicar una versión abreviada del Quijote bajo el título El Libro de las Escuelas (1905), solicitó que fuese declarada obra útil para la enseñanza. De esta forma, y en ese mismo año, una Real Orden lo recomendó como libro de lectura escolar.
Más adelante, la Real Orden del 12 de octubre de 1912 dispuso en su artículo 11: “los maestros nacionales incluirán todos los días, a contar del 1º de enero próximo, en sus enseñanzas una dedicada a leer y explicar brevemente trozos de la obra cervantina”. Fue finalmente en 1920 cuando se proclamó la obligación de la lectura del Quijote en las escuelas nacionales, durante el primer cuarto de hora de clase cada día y adaptando la lectura a la capacidad de los niños.
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Ya hemos situado el Quijote dentro de la escuela, veamos brevemente para que se usó durante su estancia en esta institución:
Lo que entró como un libro útil para la enseñanza de la lectura en la escuela primaria, fue utilizado también en cursos más avanzados para enseñar “vocabulario y fraseología” otorgándole al Quijote una orientación más pedagógica y didáctica. Algunos Quijotes incluían prácticas que reforzaban el aprendizaje gramatical y ortográfico, así como ejercicios de prosodia, sintaxis, redacción...
Pero además, la patente voluntad pedagógica de los ejemplares que comenzaron a editarse hicieron de este texto un “manual” de ética y moral. Ezequiel Solana llegó a afirmar que “La muchedumbre y variedad de reflexiones, de sentencias y discursos que se encuentran en el Quijote sobre casi todos los asuntos y ocurrencias de la vida, justifican la admiración y el aprecio con que han mirado este portentoso libro (...) considerándolo como el más adecuado para enseñar a la juventud el camino del honor, de la caballerosidad y de la hidalguía”.
Se comenzaron entonces a difundir ediciones del Quijote que promovían la enseñanza de máximas morales y de asuntos relacionados con la ética y la conducta, sobre todo una vez terminada la Guerra Civil, tras la que este tipo de manuales comenzaron a introducir en sus páginas apartados específicamente destinados al trabajo escolar.
Sin embargo los Quijotes utilizados en la escuela fueron más allá, o al menos lo intentaron. Como ha constatado la profesora Mª del Mar del Pozo en su obra Currículo e Identidad Nacional. Regeneracionismos, nacionalismos y escuela pública (1890-1939), alrededor de 1904 los liberales intentaron convertir a Cervantes en símbolo de identidad nacional, utilizándolo como vehículo de exaltación del idioma español. El Quijote fue entonces empleado para que los niños aprendieran a “venerar el Santo nombre de la Patria” a través de una de sus glorias literarias. Este fue otro factor que favoreció que ciertos sectores exigieran su obligatoriedad en la escuela, hecho que como hemos visto anteriormente, se consiguió en 1920.
ALGUNOS ANTECEDENTES
Como se ha apuntado anteriormente, los Quijotes entraron en la escuela ya a mediados del siglo XIX. Fue alrededor de 1850 cuando las editoriales comenzaron a realizar compendios y abreviaturas de esta extraordinaria obra, adaptándola al nivel y características de los alumnos. Este texto escolar tuvo vigencia en las escuelas durante más de un siglo; los últimos Quijotes escolares editados datan de finales de los años 70, aunque como es obvio, evolucionaron en su aspecto externo, en la manera de presentar los contenidos y en el uso que de ellos se hizo.
El profesor Alejandro Tiana Ferrer, verifica que en 1856 la lista de libros escolares autorizados por el Consejo de Instrucción Pública incluía ya El quijote de los niños y para el pueblo, abreviado por un entusiasta de su autor Miguel de Cervantes, editado por Nemesio del Campo y Rivas. Este ha sido el Quijote escolar más antiguo que hemos identificado.
Posteriormente, este mismo libro fue publicado a lo largo del siglo XIX por diferentes editoriales, entre las que destacan una edición de Martínez García en 1873; dos ediciones de José G. Fernández en 1877, y ya en 1885 una versión editada por los Sucesores de Rivadeneyra en Madrid.
En 1867 se publicó por la editorial Garnier de París El Quijote de la juventud, destinado a la lectura infantil y juvenil, que tuvo al menos tres ediciones posteriores durante el último tercio del siglo XIX. En La Biblioteca Pública del Estado, en Segovia, podemos encontrar un ejemplar de 1887.
LOS QUIJOTES ESCOLARES EN EL SIGLO XX
Una de las editoriales
que podemos destacar sobre otras es la editorial Hernando
de Madrid, que desde principios
del siglo XX hasta al menos 1962 estuvo editando Don Quijote de la
Mancha para usos de los niños. En 1933 aparece la 12ª edición y ya en 1944 encontramos la 18ª edición.
La Biblioteca Nacional posee un ejemplar que data del año 1962.
Comienza el libro
con una breve biografía de Miguel de Cervantes. Incluye capítulos de las
dos partes del Quijote: de la primera parte aparecen hasta el
capítulo 25 y de la segunda hasta el 40. Contiene 57 ilustraciones, todas ellas
son grabados en blanco y negro y, salvo excepciones, todas son de pequeño
tamaño. Aparecen insertadas en medio del texto y representan alguna acción de
Don Quijote, sin pie de página.
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