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De regreso al Museo de Berlín,
relacionó el descubrimiento con otros cilindros,
varillas y tapones de asfalto iraquíes similares;
todos ellos con varillas delgadas de hierro y
bronce. Concluyó que tantas como 10
“baterías” de estas habían sido unidas en serie para
aumentar el voltaje producido, teniendo como
objetivo inmediato proporcionar la corriente
necesaria para el electrochapeado con oro y plata de
la joyería local.
Las cosas quedaron así hasta que
después de la Segunda Guerra Mundial,
Willard Gray, ingeniero
en electrónica del Laboratorio de Alto Voltaje, de
la General Electric Company,
de Pittsfield, Massachussets, fabricó un duplicado
de estas baterías y las llenó con sulfato de
cobre en lugar del desconocido electrolito
supuestamente usado. La pila funcionó y generó entre
uno y dos volts.
Para Köning y Gray no había nada más
fácil que afirmar que estos recipientes eran pilas.
Sin embargo, la hipótesis de las pilas es
insostenible: no se encontraron restos, ni
siquiera trazas, de ningún electrolito dentro de los
cilindros de cobre. Si estos recipientes se
hubieran utilizado como generadores de voltaje,
deberían haber contenido algún electrolito, el cual,
aunque hubiese pasado mucho tiempo, se debería
detectar en la actualidad. Además, tampoco
se encontró el alambre necesario para hacer
uso de las pilas.
El hecho de que al agregar sulfato
de cobre como electrolito se haya generado una
diferencia de potencial de 1.5 volts, no implica que
realmente se hubiesen utilizado como baterías, ya
que cualquier otro objeto que contenga dos
metales y un electrolito puede generar un voltaje.
Todo aquel que tiene nociones de
electroquímica sabe que, de acuerdo con la serie
electromotriz, cuando dos metales diferentes
se ponen en contacto, en presencia de un
electrolito, se forma un par galvánico,
generándose un flujo de electrones del metal más
activo o anódico hacia el metal más noble o
catódico, con la consecuente disolución del primero,
y la generación de una diferencia de potencial o
voltaje. Este voltaje depende de muchas variables:
relación entre las áreas anódica y catódica;
concentración del electrolito; temperatura; presión…
Un área catódica grande (el caso de las pilas de
Bagdad), por ejemplo, puede generar una corrosión
acelerada en el ánodo, disolviéndolo hasta hacerlo
desaparecer.
Para la electrodepositación lo
importante no es el voltaje sino la intensidad de
corriente. Consideremos el siguiente modelo para
explicar estos dos conceptos: El voltaje o
diferencia de potencial sería la altura a la que
vamos a colocar nuestras gotas de agua; la
intensidad de corriente son las gotas de agua. Aún
cuando coloquemos una gota de agua (baja intensidad
de corriente) en el Everest (alta diferencia de
potencial), no podrá mover la rueda del molino. Por
otra parte, si dejamos caer un buen volumen de agua
(alta intensidad de corriente) desde medio metro de
altura (bajo voltaje), la rueda se moverá muy
fácilmente.
Luego, la idea de Köning de colocar
estas “pilas” en serie, producirá un gran voltaje
pero una baja intensidad de
corriente, lo que impedirá que produzca la
electrodepositación.
Para electrodepositar un metal sobre
otro es necesario seguir varios pasos, una simple
pila (o varias) no funciona. El proceso normal lleva
varias etapas:
Desengrase
Lavado
Decapado
Neutralizado
Lavado
Plateado (dorado, zincado…, según el metal que se
quiera depositar)
LavadoSecado
Si no se siguen por lo menos estas
etapas (algunos procesos comprenden varios ciclos de
lavado), no se puede conseguir una pieza
electrochapada. Esta tecnología aprovecha que los
metales que funcionan como ánodos se reducen
(disuelven) al paso de la corriente eléctrica, yendo
a depositarse en el cátodo (la pieza que se va a
recubrir). Pero si esta pieza tiene grasa, está
contaminada, no posee un perfil de anclaje, o el
medio electrolítico no tiene el pH adecuado, el
electrochapado no se verifica. Dudo mucho
que los partos hubieran llegado a este refinamiento
tecnológico.
Todavía más, dependiendo del
electrolito usado y, como ya dijimos, de otros
muchos factores, la intensidad de corriente será más
o menos elevada. Teóricamente con esa configuración
y utilizando vino como electrolito (reacción en
medio ácido), la intensidad de corriente puede ser
de 0.01 amperes, un buen amperaje en las condiciones
ideales.
Hagamos un ejercicio de cálculo.
Suponiendo que no exista polarización de la pila
(que funcione por un tiempo infinito), ¿Cuántos
coulombs se necesitarían para depositar 10
gramos de oro y qué cantidad de corriente será
necesaria para hacer esta electrodepositación en un
día? El primer valor lo podemos obtener a partir de
la fórmula del equivalente electroquímico
a = m F/Q
a = equivalente electroquímico
m = masa
F = constante de Faraday (96500 C)
Q = cantidad de corriente (Coulombs)
Q = (10 g)(96500 C)/197 = 48984.77 C
I = Q/t
I = intensidad de corriente (Amperes)
t = tiempo (segundos)
I = 0.057 A
Pero, como decíamos, esas pilas
pueden generar, teóricamente 0.01 A, entonces, para
depositar 10 g son necesarios casi 6 días de trabajo
continuo.
Para el caso de la plata, el asunto
empeora. Se necesitan poco más de 10 días.
Esto es en condiciones teóricas, en
la práctica el tiempo se puede duplicar o triplicar.
Dudo mucho que los partos tuvieran
esta tecnología. No creo que las “pilas” se
hayan utilizado con fines electrolíticos.
Pero los objetos generan un voltaje, dirán los que
apoyan estas teorías exóticas.
Si, pero ¿para qué les
serviría un voltaje de 1.5 V? ¿Acaso tenían
lámparas sordas o radios de transistores? Si es así,
nunca se han encontrado esos aparatos. Como
tampoco se han encontrado los alambres necesarios
para hacer esas conexiones, y lo que es peor,
nunca se ha encontrado una sola figurita
electrochapada.
Esas piezas se han interpretado
desde la óptica actual. Como parecen
una pila y están constituidas por dos metales,
lo más fácil es pensar que son una
pila. Pero también parecen cocteleras,
con la varilla de hierro como agitador. Es más: si
agregamos el mismo vino que utilizó Gray, y
condimentos al gusto, cerramos el recipiente, y
agitamos, obtendremos un cocktail.
Pero ni esta opción me parece
factible. La configuración, la relación de tamaños
entre los electrodos y el comportamiento del par
galvánico (Cu/Fe), agregando vino, vinagre u otro
ácido, produciría la rápida desaparición de la
varilla de hierro (no creo que llegue a durar más de
1 año). No obstante esas varillas han llegado hasta
nuestros días, clara muestra que no se utilizó ese
par galvánico. |