MALTRAVIESO
TEORÍAS INTERPRETATIVAS DE LAS REPRESENTACIONES DE MANOS
Desde el descubrimiento de la cueva de Gargas (Aventignan, Hautes-Pyrénées) a principios de siglo (CARTAILHAC, E. 1906a y 1906b), las representaciones de manos con los dedos incompletos o acortados, han sido objeto de estudio por gran parte de sus investigadores y han suscitado numerosas hipótesis. Después de haberse propuesto a principios de siglo la teoría de las mutilaciones voluntarias, otros investigadores, concretamente médicos aficionados al arte rupestre, propusieron un origen patológico para justificar la ausencia de determinadas falanges de los dedos.
La teoría de las manos con alteraciones morfo-patológicas fue defendida fundamentalmente por A. Salhy (1966), quién a su vez se basaba en una propuesta planteada por H. Breuil y E. Cartailhac (1910). Para aquel autor la idea de los dedos flexionados, suscitada por otros investigadores más escépticos, estaba llena de dificultades, a causa de las complicadas contorsiones que supuestamente tendrían que adoptar los autores de dichas improntas. Este sería el caso de la posición de algunas manos derechas con el pulgar hacia abajo y con el eje de la misma también dispuesta hacia abajo y hacia la derecha.
Por otra parte, redundaba en que algunas de las mutilaciones se localizan en la zona media de una falange y no a la altura de una articulación interfalángica. Sin embargo, la formación médica de este investigador le permitió proponer un amplio catálogo de enfermedades, a cuál más rara (como puede ser la trombo-angeiitis obliterante, tipo síndrome de Raynaud), para explicar la ausencia de determinadas partes de los dedos, sobre todo en las cuevas de Gargas y en la vecina cavidad de Tibiran. Con respecto a esta interpretación sorprende el hecho de que en determinadas zonas geográficas, sobre todo de los Pirineos franceses, se concentraran, en un momento de tiempo no excesivamente dilatado, todas las enfermedades y patologías de las extremidades superiores. Más aún si tenemos en cuenta su escasa o nula presencia contemporánea, y sin olvidar otras circunstancias tales como unas condiciones climáticas adversas, una nutrición deficiente o incluso el efecto de la consanguinidad.
En otros casos, los autores defensores de estas sangrientas experiencias, se han basado en la existencia de ciertas huellas negativas en la arcilla blanda de las cuevas de dedos recortados, supuestamente para restañar las heridas. En muchos casos no se ha tenido en cuenta que muchas de estas supuestas huellas, según ha demostrado el estudio geológico de gran cantidad de ellas, se debían a goteos prolongados de estalagmitas. Por otra parte, también parece extraño que los hombres prehistóricos de Gargas, Tibiran, Cosquer, El Castillo o Maltravieso se dedicaran a restañar las heridas producidas por las amputaciones en la arcilla de las cuevas o mediante la aplicación de ocre rojo o manganeso sobre determinadas zonas de las mismas, donde la escasez de luz para la realización de una operación quirúrgica de este tipo sería otra circunstancia adversa que habría que contemplar.
G.H. Luquet llevó a cabo en 1938 una amplia revisión bibliográfica de las supuestas mutilaciones digitales. Este autor concluye que éstas se podían dividir en dos grandes grupos: a) las causadas por motivos mágico-religiosos como prácticas de duelo-luto, profilaxia contra las enfermedades y la muerte, ritos de paso o ritos propiciatorios, y b) las realizadas por razones mucho más profanas, siendo éste el caso de medios de reconocimiento tribal, mutilaciones ligadas al "esclavismo", castigo de delitos, etc.
L.-R. Nougier (1984) admitía que posiblemente no todas las mutilaciones se debieran a causas patológicas, sino a una serie de amputaciones con un significado ritual. Cita como ejemplo el caso de la treintena de manos de la cueva de Maltravieso en los Pirineos españoles (sic), con la mutilación de dos falanges, la media y la distal, únicamente en el dedo meñique, el menos útil de todos los dedos. Mutilaciones que en éste caso, según A. Sahly (1966), sin duda serían de tipo quirúrgico, hecho que le induce a pensar en algún tipo de rito sanguinario.
B. y G. Delluc (1993) consideran que la hipótesis de las manos accidentadas o mutiladas ritualmente resulta clarísima en Maltravieso, donde "siempre" falta el dedo meñique. Para A. Leroi-Gourhan (1964) esta teoría con paralelos etnográficos en países en los que algunas viudas se cortan las falanges distales a la muerte de su marido, se refleja en la bibliografía prehistórica como una curiosa costumbre paleolítica, debiéndose encuadrar las manos mutiladas dentro del capítulo del folklore científico.
Nosotros, siguiendo parcialmente a este último investigador, con el que no estamos de acuerdo en todos sus postulados, pensamos que unos cazadores-recolectores de hace unos 20/30.000 años pudieron en algún caso amputarse los dedos en un rito, con el fin de propiciar un mayor rendimiento cinegético. Pero el hecho de que se repita como un acto consuetudinario no se corresponde con el concepto de economía precaria, en la que la plenitud de facultades era una necesidad perentoria.
Podemos pensar en la existencia de algún tipo de mutilación fortuita bien por causas mecánicas o por congelación de alguna de las falanges, pero su reiteración en ámbitos geográficos tan dispares nos induce a pensar en otras causas mucho menos "sangrientas" para explicar su ausencia, como puede ser la existencia de un código o lenguaje críptico por signos. Entre los esquimales contemporáneos, con un clima tanto o más riguroso que el de la última glaciación, no se sufre este tipo de mutilaciones. Su tecnología y vestimenta se adaptó perfectamente a un medio hostil. Así mismo es de suponer que nuestros antepasados supieron aprovechar con acierto las aptitudes térmicas de las pieles de los animales y de los recursos que les ofrecía el entorno, como demuestra el sensacional hallazgo de Ötzi, el Hombre del Similaun o el Hombre de los Hielos, el cual portaba en el interior de sus botas de piel una espesa capa de heno como aislante para el frío (Spindler, 1993).
Sin embargo, la objeción de mayor peso en contra de estas sangrientas teorías la proporciona el hecho de que no se haya encontrado ningún esqueleto, ni cualquier otro resto óseo aislado encuadrable en el Paleolítico Superior, carente de algunas de las falanges de las manos o de los pies (mucho más sensibles al frío). Tampoco se ha constatado la existencia de deformaciones o amputaciones parciales en estos restos óseos. En cuanto a las llamadas mutilaciones patológicas sorprende que las mismas se produjeran siempre sobre los dedos más largos y NUNCA sobre el dedo pulgar.
Compartimos en líneas generales las teorías de A. Leroi-Gourhan (1967), quien en su momento planteó la posibilidad de interpretarlas como un repliegue intencional de los dedos y, de esta forma, tratarse de un código gestual con algún significado cinegético. Además, este autor observa un orden de frecuencia de aparición de estas mutilaciones, pudiéndose corresponder con las cinco especies de animales más representadas. Este lenguaje practicado incluso actualmente por los bosquimanos del desierto del Kalahari, es de gran utilidad, ya que permite la comunicación entre los cazadores sobre el tipo de presa que han avistado sin necesidad de articular sonidos que podrían alertar a los animales.
Nosotros, con las importantes novedades que nos ha aportado el descubrimiento de la ocultación intencional del dedo meñique en numerosas representaciones de manos, y retomando en parte la teoría de A. Leroi-Gourhan, creemos que podría interpretarse en efecto como un código, cuyo significado conceptual se nos escapa. Su repetición obedece posiblemente a una intencionalidad manifiesta, como una marca de posesión de un determinado espacio, en definitiva un signo de propiedad que estaría asociado con la ausencia del dedo meñique.
Sin embargo, al mismo tiempo somos conscientes de las limitaciones que esta interpretación tiene. ¿Cómo puede ser que ese mismo código se repita en lugares tan distantes, como son Gargas y Maltravieso, entre otros? Otra objeción a esta teoría es ¿porqué en un código de cinco dedos, el pulgar siempre aparece en su totalidad, limitando las variables combinatorias de dicho código?. También sería plausible realizarse otras preguntas: ¿cómo se interpretarían entonces las manos que aparecen completas con todos sus dedos? ¿Porqué aparece siempre la primera falange en todas las representaciones identificadas hasta ahora? ¿Porqué se repinta el dedo meñique en Maltravieso? ¿Porqué la gran mayoría (98%) de las denominadas manos positivas están completas?
Todas las hipótesis a propósito de las manos mutiladas han hecho correr ríos de tinta sin que ninguna de ellas pueda explicar de una manera precisa los hechos observados. Por otro lado, el reciente descubrimiento en Maltravieso de la ocultación intencional del dedo meñique, ya intuida por F. Jordá y J.L Sanchidrián (1992) en la mano del panel principal (nº 22), ha sido corroborado fehacientemente por nosotros en otras representaciones de este tipo en la cavidad. Este hecho introduce una nueva variable no contemplada hasta el momento en ninguna otra cueva, que habrá que analizar más extensamente, no sólo referida a esta gruta extremeña, sino también al resto de cavernamientos con este tipo de manifestaciones.
De cualquier forma, su significado sigue siendo desconocido. El intentar dar actualmente una explicación definitiva y absoluta para un símbolo de hace más de 25.000 años, sería por nuestra parte una osadía, ya que no poseemos la piedra de Rosetta que nos pudiera facilitar su interpretación y desciframiento, y además muchos de los datos son desgraciadamente irrecuperables. Parece claro que ya sean autógrafos, signos (según A. Leroi-Gourhan femeninos), símbolos de poder o de posesión, estas representaciones serían posiblemente el testimonio directo de un intento de entrar en contacto con alguna divinidad o el reflejo de un acto intencionado por parte del autor de dejar sobre una pared rocosa la silueta de su herramienta más preciosa y por ende de sí mismo.
Todas éstas son cuestiones en las que, a pesar de los avances que se han producido tanto en este campo de la investigación como en las nuevas metodologías aplicadas a su estudio, el significado de las manos no parece que pueda tener una clara e inmediata solución y permanecerá como otro más de los misterios interpretativos de este arte dejado por nuestros antepasados.
Creemos que en la actualidad, las interpretaciones se encuentran muy influenciadas por trances chamánicos, visiones entópticas y demás hechos relacionados con un mundo mágico o alucinógeno, y a falta de pruebas documentales claras, debemos limitarnos a constatar científicamente su existencia a través de una exhaustiva recogida de todos los datos disponibles, que tal vez permita a nuestros sucesores averiguar el código para descifrar su significado. Esto no quiere decir que íntimamente, cada uno de nosotros pueda pensar que detrás de esas huellas hay algo más.
Lo único que podemos afirmar sin temor a equivocarnos es que las manos son un símbolo unívoco que se repite en lugares muy distantes geográficamente, con cronologías dispares y en culturas muy diversas.
Este tipo de representaciones no sólo se conocen en el arte rupestre paleolítico europeo, fundamentalmente de Francia y España, sino también en manifestaciones más o menos recientes desde Italia hasta Indonesia, entre los antiguos cazadores recolectores de la Patagonia, en las cuevas sagradas de los mayas o en infinidad de abrigos decorados del sur del Sahara. Australia, es la isla-continente con mayor número de figuras de manos. Algunas de ellas han sido datadas indirectamente por métodos poco fiables en torno a los 20.000 años B.P., otras son posteriores a la colonización europea y algunas de ellas son incluso subactuales.