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Universidad del Salvador |
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Pero
también hemos sostenido la importancia social de que
las ofertas educativas a distancia que incorporan
nuevas tecnologías no dejen de lado a las
precedentes. Proponemos la coexistencia operacional de
distintas tecnologías cuya utilización alternativa o
simultánea sea opcional para el estudiante. Esto
es así porque señalamos como lícitas pero
excluyentes a las propuestas que se basan únicamente
en Internet en tanto es sabido que el acceso a la web,
si bien muy difundido en las grandes urbes, aun se
limita a minorías de la población mundial. En
igual sentido puede hacerse referencia a las formas
concretas de acceso a las tecnologías, que varían
notablemente en su calidad y capacidad operativa, de
acuerdo con el uso de equipos propios, prestados o
alquilados (en locutorios, bibliotecas, etc.) y con
las características técnicas (tipo de conexión,
servidor de Internet, capacidad de los equipos, etc.). Con
preocupación somos testigos de la mutación de
ofertas educativas no presenciales que hasta hace poco
se presentaban en soporte papel y operaban vía correo
postal, en propuestas de cursado exclusivo (y
excluyente) por Internet. Resulta
que de este modo, además de dar una imagen moderna y
actualizada, las instituciones reducen costos. Lo
hacen porque la publicación en CD rom o en
plataformas web del material digitalizado es mucho
menos onerosa que la impresión del mismo en papel. De
igual modo resulta menos costosa la gestión de
interacción a través de foros, chat o correos electrónicos
que por correo postal, teléfono o fax. Y
de paso, el carácter transnacional de la oferta y la
demanda educativa, justifica la utilización de estas
herramientas de moderna tecnología. Asimismo, los
materiales presentados de esta forma pueden ser
enriquecidos con elementos multimediales que los
favorecen. Para
ello, sosteniendo la brecha entre quienes tienen
acceso a las tecnologías de punta y quienes quedan al
margen, gran parte de la oferta de capacitación a
distancia reclama como requisito ineludible una PC,
modem, impresora, lectora de CD rom, conexión a
Internet y casilla de e-mail. No obstante, la reducción de costos no se traduce a los precios, que siguen siendo los mismos aun cuando los materiales ofertados varíen su presentación del papel al texto y las imágenes digitalizados. El
estudiante, por su parte, obtiene los beneficios en
tanto y en cuanto sea usuario habitual de Internet y
disponga de las tecnologías requeridas para la
aceptable recepción de los materiales. No así, si
está obligado a utilizar equipos de baja capacidad,
con conexiones telefónicas particulares o mediante el
uso de locutorios públicos. En estos casos, algunas
de las supuestas ventajas constituyen en realidad
modernos problemas. Uno
de los más notorios resulta el del manejo útil de
los materiales, su lectura comprensiva y
pormenorizada, en definitiva, el estudio de los
contenidos conceptuales, ya que por influencia
de la cultura o por exigencias de la forma de vida
cotidiana, sigue siendo más cómodo y práctico un
libro o un apunte en papel que una computadora
personal. Es
por ello que el estudiante, amén de pagar los
aranceles institucionales del curso del que se
tratare, debe asumir en la mayoría de los casos también
el costo de la bajada del material on line y su
impresión. Es decir que los costos no se reducen sino
se trasladan de la institución educativa al
estudiante o usuario. El
educando es quien asume las costas que impone la nueva
modalidad cuando buscando la libertad del papel baja e
imprime los materiales para poder luego procesarlos en
función del aprendizaje. Porque
los soportes virtuales requieren en todos los casos de
equipos informáticos y de energía que los mantenga
en funcionamiento y porque el estudiante está
habituado a moverse con los papeles, a leer en el
tren, en el colectivo, en el subte, en bares y
confiterías y hasta en el baño, y ni siquiera la
notebook, de la que las grandes mayorías carecen,
pueden desempeñar el dúctil rol de los impresos. Las
instituciones educativas a distancia tienen la
libertad de elegir su “target” entre quienes
tienen acceso a Internet, como así también a
trasladar sobre sus “clientes” el costo de la
impresión. Serán
los potenciales estudiantes quienes evaluarán los
beneficios reales que en términos comparativos les
ofrezca cada sistema a la luz de la realidad que les
toca vivir. Pero
la sociedad en su conjunto merece ofertas de educación
a distancia inclusivas que contengan a quienes no
tienen acceso a Internet o pueden acceder con
limitaciones y a aquellos que buscan en el papel
impreso el conocimiento al que acceder en los momentos
y lugares que la vida diaria les permite. FUENTES:
*
Licenciado en Periodismo y Analista en Medios de
Comunicación Social, Universidad del Salvador.
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