Articulo Padula Perkins- BENED. Sobre costos y costas en EaD

SOBRE COSTOS Y COSTAS EN EDUCACIÓN A DISTANCIA 

 
 

 Jorge Eduardo Padula Perkins*  

Universidad del Salvador
Argentina.

 


En distintos foros y de diferentes formas hemos difundido las virtudes de la educación a distancia, la modalidad de capacitación que permite el sostenimiento de vínculos formativos a través de medios y sin la necesidad de la presencia simultánea de docentes y alumnos en un mismo espacio físico.

 Pero también hemos sostenido la importancia social de que las ofertas educativas a distancia que incorporan nuevas tecnologías no dejen de lado a las precedentes. Proponemos la coexistencia operacional de distintas tecnologías cuya utilización alternativa o simultánea sea opcional para el estudiante.

 Esto es así porque señalamos como lícitas pero excluyentes a las propuestas que se basan únicamente en Internet en tanto es sabido que el acceso a la web, si bien muy difundido en las grandes urbes, aun se limita a minorías de la población mundial.

 En igual sentido puede hacerse referencia a las formas concretas de acceso a las tecnologías, que varían notablemente en su calidad y capacidad operativa, de acuerdo con el uso de equipos propios, prestados o alquilados (en locutorios, bibliotecas, etc.) y con las características técnicas (tipo de conexión, servidor de Internet, capacidad de los equipos, etc.).

 Con preocupación somos testigos de la mutación de ofertas educativas no presenciales que hasta hace poco se presentaban en soporte papel y operaban vía correo postal, en propuestas de cursado exclusivo (y excluyente) por Internet.

 Resulta que de este modo, además de dar una imagen moderna y actualizada, las instituciones reducen costos.

 Lo hacen porque la publicación en CD rom o en plataformas web del material digitalizado es mucho menos onerosa que la impresión del mismo en papel. De igual modo resulta menos costosa la gestión de interacción a través de foros, chat o correos electrónicos que por correo postal, teléfono o fax.

 Y de paso, el carácter transnacional de la oferta y la demanda educativa, justifica la utilización de estas herramientas de moderna tecnología. Asimismo, los materiales presentados de esta forma pueden ser enriquecidos con elementos multimediales que los favorecen.

 Para ello, sosteniendo la brecha entre quienes tienen acceso a las tecnologías de punta y quienes quedan al margen, gran parte de la oferta de capacitación a distancia reclama como requisito ineludible una PC, modem, impresora, lectora de CD rom, conexión a Internet y casilla de e-mail.

 No obstante, la reducción de costos no se traduce a los precios, que siguen siendo los mismos aun cuando los materiales ofertados varíen su presentación del papel al texto y las imágenes digitalizados.

 El estudiante, por su parte, obtiene los beneficios en tanto y en cuanto sea usuario habitual de Internet y disponga de las tecnologías requeridas para la aceptable recepción de los materiales. No así, si está obligado a utilizar equipos de baja capacidad, con conexiones telefónicas particulares o mediante el uso de locutorios públicos. En estos casos, algunas de las supuestas ventajas constituyen en realidad modernos problemas.

 Uno de los más notorios resulta el del manejo útil de los materiales, su lectura comprensiva y pormenorizada, en definitiva, el estudio de los contenidos conceptuales,  ya que por influencia de la cultura o por exigencias de la forma de vida cotidiana, sigue siendo más cómodo y práctico un libro o un apunte en papel que una computadora personal.

 Es por ello que el estudiante, amén de pagar los aranceles institucionales del curso del que se tratare, debe asumir en la mayoría de los casos también el costo de la bajada del material on line y su impresión. Es decir que los costos no se reducen sino se trasladan de la institución educativa al estudiante o usuario. 

El educando es quien asume las costas que impone la nueva modalidad cuando buscando la libertad del papel baja e imprime los materiales para poder luego procesarlos en función del aprendizaje.

 Porque los soportes virtuales requieren en todos los casos de equipos informáticos y de energía que los mantenga en funcionamiento y porque el estudiante está habituado a moverse con los papeles, a leer en el tren, en el colectivo, en el subte, en bares y confiterías y hasta en el baño, y ni siquiera la notebook, de la que las grandes mayorías carecen, pueden desempeñar el dúctil rol de los impresos.

Las instituciones educativas a distancia tienen la libertad de elegir su “target” entre quienes tienen acceso a Internet, como así también a trasladar sobre sus “clientes” el costo de la impresión.

 Serán los potenciales estudiantes quienes evaluarán los beneficios reales que en términos comparativos les ofrezca cada sistema a la luz de la realidad que les toca vivir.

 Pero la sociedad en su conjunto merece ofertas de educación a distancia inclusivas que contengan a quienes no tienen acceso a Internet o pueden acceder con limitaciones y a aquellos que buscan en el papel impreso el conocimiento al que acceder en los momentos y lugares que la vida diaria les permite.

 

 FUENTES:

 

 * Licenciado en Periodismo y Analista en Medios de Comunicación Social, Universidad del Salvador. Miembro activo de la Red de Estudiosos de la Educación a Distancia en el ámbito Iberoamericano (REEDI) de la Cátedra UNESCO de Educación a Distancia (CUED). Autor del libro “Una introducción a la educación a distancia” próximo a ser editado (marzo de 2003) por el Fondo de Cultura Económica de Argentina.  

 

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