¿Qué es un Educador/a Social?

La figura del Educador/a Social recoge una larga tradición de pedagogos/as que venían insistiendo en la idea de que no sólo la Escuela es Educación y que cristalizaron en uno de los principios de la Pedagogía del siglo XX: el principio de Educación Permanente. Según esta base, aprendemos en todo momento y a lo largo de toda nuestra vida. La formación no se limita a los períodos de escolarización; se prolonga a lo largo de toda nuestra vida consciente. Ello nos ha conducido a comprender que no sólo existe Educación Formal, sino también Educación Informal, es decir, no sometida a organización académica.

A la vez, nuestro Saber es limitado: en el tiempo, en la cantidad y en la calidad. Por ello, es preciso actualizar, renovar, cambiar, adquirir o sustituir nuestros conocimientos, valores y formas de actuar. Ello nos ha llevado a crear espacios de formación no escolares que cubren facetas tan diversas como el ocio, la atención a personas desatendidas o indefensas, la actualización profesional, las formaciones compensatorias, etc. Todo ello, al no estar ubicado en la Escuela, se denomina Educación No Formal. A diferencia de la formación informal se ciñe a procesos organizados y planificados. A diferencia de la Educación Formal, no tiene por finalidad la consecución de un título académico.

En este inmenso campo de trabajo, No Formal e Informal, situamos al Educador/a Social, como un agente de formación que se interviene en procesos formativos no académicos o, al menos, cuya finalidad inmediata no es la consecución de un título académico o él desarrollo de un currículo formativo oficial (lo que, en el caso español, podríamos situar al amparo de la actual LOGSE).

¿Cómo interviene entonces el Educador/a Social en este tan amplio campo de trabajo? Pensamos que puede actuar en 2 niveles, que son complementarios pero que no necesariamente tienen que ser realizados por la misma figura profesional:

- Diseño, elaboración, promoción, organización y/o evaluación de procesos formativos no formales o informales.

- Desarrollo e intervención directa en la aplicación de dichos programas de formación.

Sin embargo, estas funciones viene siendo desarrolladas por otras figuras más o menos definidas que denominamos animadores/as, monitores/as, educadores/as, voluntarios/as, formadores/as, y una larga lista de denominaciones bajo las que se identifican profesionales de formaciones muy diversas, cuando no personas sin formación específica para la tarea desarrollada.

Ello nos plantea un problema estratégico: construir la imagen social de esta figura profesional, es decir, dar a conocer a la Comunidad qué es un Educador/a Social, para qué es útil, en qué puede intervenir, cómo puede contribuir al desarrollo social y comunitario, por qué se deben crear puestos específicos para ellos/as, etc.

Por ello, pensamos que la formación inicial del Educador/a Social ha de enfocarse dentro de estos parámetros que pasan sin lugar a dudas por generar una capacitación  profesionalizada y profesionalizadora, pensada para permitir la intervención en contextos y momentos muy diversos, pero también promotora de un estilo, un quehacer, una forma de actuar y de entender la intervención, que fecunde la sensibilidad comunitaria y genere una figura aceptada porque es valiosa, válida y valorada.

Mucha suerte a nuestra primera promoción que acaba de empezar.

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Equipo docente de Didáctica General de la Educación Social.
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Revisado por última vez el 29 de October de 2009.