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Una investigación sobre migración y envejecimiento rural en la Amazonía acerca a la UNED la realidad de la Nación Quijos
El trabajo de campo desarrollado en la Amazonía ecuatoriana muestra cómo migración, envejecimiento, identidad, territorio y acceso a servicios aparecen profundamente conectados en la vida cotidiana de quienes permanecen en estas comunidades. En este contexto, la investigación partió de una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué ocurre con quienes permanecen en las comunidades rurales cuando hijos, nietos y familiares migran?
Los primeros resultados mostraron una realidad compleja. El 80% de las personas mayores incluidas en el estudio declaró sentirse en situación de abandono; el 64% afirmó experimentar soledad permanente; el 96% manifestó tristeza y el 76% ansiedad. A ello se suman ingresos insuficientes, dificultades de acceso a servicios básicos y redes de apoyo muy limitadas.
Pero la investigación plantea una idea más amplia. Como explica Rafael Díaz Moya, “el abandono de las personas mayores no se entiende solo mirando a la familia que migró. También hay que mirar el territorio que queda atrás”. La investigación muestra que la migración genera efectos acumulativos que afectan simultáneamente a la economía familiar, al cuidado cotidiano, a la salud emocional y a la vida comunitaria. En territorios rurales amazónicos, además, estos procesos se ven condicionados por el aislamiento geográfico, las dificultades de movilidad y las limitaciones para acceder a servicios básicos o participar en espacios colectivos.
La memoria viva de la Nación Quijos
La relación entre envejecimiento, migración y territorio apareció con especial claridad en la Nación Originaria Quijos. El acercamiento se produjo a través de la Universidad Nacional de Chimborazo, desde donde la comunidad solicitó apoyo académico para visibilizar su situación y su petición de reconocimiento institucional.
La Nación Originaria Quijos, conocida como NAOQUI, agrupa actualmente 127 comunidades distribuidas entre las provincias amazónicas de Napo y Orellana y declara una población de 10.663 personas. Entre ellas, más de 2.200 son personas mayores, descritas por la propia organización como “poseedores de la memoria colectiva y social”.
Para el investigador, la importancia de Quijos dentro del estudio es evidente: “La Nación Quijos no aparece como un caso periférico. Aparece como un ejemplo claro de cómo la identidad, el territorio, los derechos colectivos y el cuidado de los mayores se cruzan en la vida cotidiana de las comunidades amazónicas”. Precisamente, son estas personas mayores quienes ocupan un lugar central dentro de la investigación. En muchas comunidades rurales amazónicas conservan conocimientos tradicionales, sostienen redes comunitarias y transmiten la memoria histórica colectiva mientras observan cómo parte de las generaciones más jóvenes emigran.
Durante el trabajo de campo, además, hubo algo que impactó especialmente al equipo investigador: “Vimos mayores respetados como memoria viva, dirigentes comprometidos con proteger a sus comunidades y una enorme capacidad de resistencia”, resume Díaz Moya.
Mucho más que una cuestión administrativa
La reivindicación de la Nación Quijos aparece repetidamente durante la investigación porque la propia comunidad considera que el reconocimiento institucional tiene consecuencias directas sobre su capacidad para defender derechos, acceder a determinados servicios y reforzar su interlocución institucional. Pero el trabajo desarrollado por la UNED evita interpretar esta realidad únicamente desde una perspectiva administrativa. Como explica el investigador, “el caso Quijos permite comprender que la migración genera efectos sociales en cadena. Afecta a la economía familiar. Afecta al cuidado. Afecta a la salud emocional. Y, en territorios indígenas amazónicos, afecta también a la continuidad cultural y al papel de los mayores como transmisores de memoria”.
La investigación continúa avanzando, pero sus primeras conclusiones ya apuntan hacia una idea clara: comprender la migración exige mirar también a quienes permanecen en el territorio. Y, en muchos casos, quienes permanecen son precisamente quienes conservan la memoria de toda una comunidad.
En este contexto, Rafael Díaz Moya reivindica también el papel que puede desempeñar la universidad pública en este tipo de investigaciones: “La universidad no sustituye a las comunidades. Las escucha, ordena la información, contrasta documentos y ayuda a que la sociedad entienda por qué determinadas realidades importan”. Para el investigador, este trabajo demuestra además que la investigación universitaria puede contribuir a visibilizar problemas que habitualmente quedan fuera del debate público. “No se trata de hablar por las comunidades indígenas. Se trata de acompañar con evidencia, ética y utilidad social realidades que muchas veces permanecen invisibles”, concluye.


