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“La poesía es una forma de resistencia estética y política”: Carmen María López, premio Adonáis

Profesora titular de Teoría de la Literatura en la UNED y especialista en narrativa contemporánea, Carmen María López es, ante todo, poeta. Autora de Yo también anochezco (Premio Complutense de Literatura 2023) y La madre de nadie (VII Premio ESPASAesPOESÍA 2024), fue finalista del Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe en 2024. Su poemario Oración de la lluvia ha obtenido el Premio Adonáis de Poesía 2025, uno de los galardones más prestigiosos de la poesía en lengua española. Conversamos con ella sobre el lugar de la poesía en un mundo saturado de ruido, la escritura como forma de resistencia y el diálogo entre su labor académica y su creación poética.
18/12/2025

 

En un contexto marcado por la sobreinformación y la distracción constante, ¿qué puede ofrecer hoy la poesía al lector contemporáneo?

La poesía puede ofrecer un espacio reflexivo donde no se escuche tanto ruido de fondo, la distracción perpetua, lo banal y lo innecesario. Leer poesía salva de la estupidez; amplía la mirada. En un mundo dominado por el capitalismo voraz, la mercadotecnia y la inteligencia artificial, la poesía es un refugio y una forma de resistencia estética y política. 

 

En este mundo que describes, ¿qué le dirías a los jóvenes que escriben poesía y dudan sobre su lugar o su visibilidad, pero que la conciben también como una forma de resistencia?

Les diría estas palabras de Rilke en sus Cartas a un joven poeta: “Sé paciente con todo lo que aún no está resuelto en tu corazón y trata de amar las preguntas en sí mismas”. La paciencia y la humildad son compañeras de la escritura y de la vida. La escritura poética casi siempre es lenta, pero merece la pena esa espera paciente y silenciosa. Y si bien es cierto que la poesía siempre ha sido la Cenicienta de la literatura, cada vez llega a más lectores y alcanza visibilidad por distintos medios (recitales poéticos, performances, poemas musicalizados). Su brevedad e intensidad le confieren cualidades muy notables para brillar por encima de otros géneros. Hay muy buenos poetas jóvenes y, en ese sentido, me atrevería a decir que la poesía vive un momento dorado.

 

Carmen María López


Entre tu trabajo académico en la UNED, tu investigación sobre narradores como Javier Marías y la escritura poética, ¿cómo encuentras tu propio ritmo y espacio creativo para que convivan estas facetas?

La docencia, la investigación filológica y la creación poética son parcelas de mi vida y de mi quehacer diario que no siempre se interconectan y que, sin embargo, conviven con naturalidad. Mi formación filológica puede, en algún punto, influir o modelar mi visión sobre la creación literaria, pero solo en una etapa inicial, la de pensar el poema. Siempre he sentido que al escribir poesía me distancio de mi “yo académico”, el que escribe libros y artículos de investigación, para dejar espacio a un “yo poético”, más irracional, menos sujeto a las normas de la academia, más libre y visceral. Experimento una metamorfosis. Es como la muda de la piel de la serpiente en un proceso misterioso. La filología está ahí, está Javier Marías, están las lecturas, la cadena de autores, pero en la escritura poética ese saber filológico se adelgaza y no debería verse ni asomar demasiado. 


Está claro que detrás de esa aparente sencillez hay todo un proceso de depuración estética, más allá del conocimiento de la técnica y las herramientas poéticas. La poesía es esa casa que está sostenida por todos nuestros conocimientos (filológicos o no), experiencias vitales, pasiones…, pero en el poema eso no debe notarse. La casa de la poesía se sostiene a sí misma. Y los poemas que a mí más me conmueven son aquellos en los que el ritmo y la música de las palabras fluyen como la oración de una voz de la que desconocemos su origen. Son inexplicables y en ellos de poco sirven la técnica y los recursos retóricos.

 

Si tuvieras que elegir una imagen, un tono o una idea que recorra tu obra poética y que quisieras que el lector se llevara consigo, ¿cuál sería? 

Mi poesía se nutre de distintas tradiciones poéticas y se ha ido moldeando con el paso del tiempo. Me interesa un tipo de poesía meditativa, un tono entre lo celebrativo y lo elegíaco, donde conviven lugares y tiempos, experiencias y vivencias con un lenguaje sencillo y depurado. Creo que mi poesía sigue una línea clásica y de homenaje a los libros, pero a su vez indaga nuevos caminos creativos, dialoga con la tradición y construye una estirpe femenina en consonancia con los ecos del tiempo, las genealogías y la memoria. Si tuviera que elegir una imagen que defina mi escritura, elegiría la del hilo de Ariadna, la princesa cretense que prestó el ovillo a Teseo para matar al minotauro y escapar del laberinto. Es una idea simbólica, pero también una convicción vital, porque de algún modo los poetas son como las hilanderas, tejen versos, dan vida a una estirpe a través de su voz. Escribir es tejer, hilvanar palabras.

 

En un tiempo atravesado por el exceso de información y la pérdida de referentes, la poesía que escribe y defiende Carmen María López se ofrece como ese hilo de Ariadna capaz de guiar al lector a través del laberinto contemporáneo.