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La estudiante de la UNED Marina Dáder, entre los 111 jóvenes españoles con más talento
Hay reconocimientos que llegan como una meta y otros que funcionan como un punto de partida. Para Marina Dáder, incluida recientemente entre los 111 jóvenes con más talento de España, el reconocimiento supone sobre todo “una motivación para seguir trabajando y aprendiendo”. La joven asturiana acaba de graduarse en la primera promoción del Grado en Ciencia e Ingeniería de Datos de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón y ha compaginado ese recorrido académico con sus estudios de Economía en la UNED.
“Recibí la noticia con muchísima ilusión y también con bastante sorpresa. Cuando ves el nivel de personas que forman parte de la lista, cuesta creerse que estés ahí”, reconoce. Lejos de interpretar este reconocimiento como un logro exclusivamente individual, lo vincula también al entorno universitario que ha marcado su formación. “Creo que pone en valor el talento joven que hay en Asturias y el trabajo que realizan universidades como la Universidad de Oviedo o la UNED, que me han permitido formarme en ámbitos muy distintos y complementarios”.
Su perfil combina disciplinas que hasta hace poco parecían transitar caminos separados: inteligencia artificial, ciencia de datos y economía. Una convergencia que, en su caso, responde a una convicción clara: detrás de los algoritmos siguen estando las personas. “La Ciencia e Ingeniería de Datos me permite trabajar con modelos, algoritmos e inteligencia artificial, mientras que la Economía me ayuda a interpretar mejor la realidad que hay detrás de los datos: cómo toman decisiones las personas, cómo funcionan las empresas o qué impacto pueden tener las soluciones tecnológicas”.
Esa combinación de modelos formativos también ha marcado su experiencia universitaria. Mientras la formación técnica en la Universidad de Oviedo le ha proporcionado una base especializada en datos e inteligencia artificial, la UNED le ha permitido desarrollar una metodología basada en la autonomía y la capacidad de organización. “El modelo a distancia me ha dado una flexibilidad enorme para poder estudiar Economía mientras avanzaba en otros proyectos académicos y profesionales”, explica. “También me ha obligado a desarrollar mucha autonomía, planificación y constancia”.
Además de la adaptación a circunstancias muy diversas, la estudiante destaca el valor social de la UNED como universidad pública y accesible. “La UNED hace accesible la universidad a muchísimas personas con circunstancias muy distintas. Hay estudiantes que trabajan, que viven lejos de una universidad presencial o que necesitan mayor flexibilidad, y aun así pueden acceder a una formación pública y de calidad”.

Frente a la idea de que la educación a distancia conduce inevitablemente al aislamiento, su experiencia ha sido justamente la contraria. “He encontrado un grupo de amigos con los que he compartido mucho durante estos años”, afirma. A ello suma el acompañamiento recibido tanto por parte del profesorado como de los centros asociados: “Hay profesores muy implicados y cercanos, dispuestos a ayudarte y orientarte cuando lo necesitas”.
Compaginar distintos grados, proyectos de investigación y formación de posgrado exige una disciplina poco común a edades tempranas. Sin embargo, Dáder rechaza la idea del rendimiento sostenido a cualquier precio y reivindica la importancia del equilibrio. “Para mantener un ritmo exigente durante varios años no basta con trabajar muchas horas; también hay que saber descansar, desconectar y cuidar mucho la organización personal”.
Su reflexión conecta con una transformación más amplia en la manera en que las nuevas generaciones entienden el éxito académico y profesional. “Tengo la sensación de que nuestra generación entiende el éxito de una manera menos rígida que hace unos años”, sostiene. “Ahora valoramos más construir trayectorias propias, combinar disciplinas distintas y buscar proyectos que realmente nos motiven”.
A su juicio, la universidad continúa desempeñando un papel esencial, aunque distinto al de otras épocas. “La universidad ya no se percibe únicamente como un lugar donde obtener un título, sino como una etapa en la que desarrollar capacidades, aprender a adaptarse y seguir formándose constantemente”. Aun así, defiende el valor de instituciones públicas por su capacidad para “enseñar a pensar de forma crítica” y fomentar “disciplina y constancia”.
De cara al futuro, su objetivo pasa por orientar su carrera hacia la investigación y la aplicación de la inteligencia artificial y la ciencia de datos en proyectos con impacto social y económico, especialmente vinculados a Asturias. “Combinar tecnología y economía permite entender mejor los problemas, tomar mejores decisiones y desarrollar soluciones más útiles para la sociedad”.
En cuanto a la formación, considera que no ha concluido. “Al contrario, siento que estoy en una etapa de seguir aprendiendo y creciendo. Para la juventud, formarse ya no es algo que termine al acabar una carrera, sino una actitud continua y una forma de estar preparada para un mundo en continuo cambio”.
A quienes afrontan etapas académicas exigentes desde la UNED les lanza un mensaje basado menos en la competitividad que en la resistencia emocional y la perseverancia. “No descarten su valor antes de tiempo”, afirma. “No todo avance se ve de inmediato y no todo lo importante cabe en un expediente académico. Hay que aprender a sostener la ambición con equilibrio, porque llegar lejos también implica cuidarse”.
