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La AIRP reconoce a María Dolores del Mar Sánchez por su excelencia docente y su apuesta por la transferencia
Los dos galardones reconocen facetas diferentes pero estrechamente relacionadas de su trayectoria. El primero pone el foco en una labor docente desarrollada durante años y marcada por un modelo educativo, el de la UNED, que Sánchez González vincula con la exigencia, la accesibilidad, la innovación y la atención a un alumnado especialmente diverso. El segundo mira más allá de las aulas: el SCEPGE pretende trasladar el conocimiento generado por la investigación a un sector profesional en expansión mediante criterios científicos compartidos que permitan identificar buenas prácticas y evaluar la calidad en protocolo y gestión de eventos.
Una doble vertiente que la profesora resume en una misma concepción de la universidad: investigar para generar conocimiento, enseñar para transmitirlo y transferirlo para que revierta en la sociedad. Hablamos con ella sobre los premios, su forma de entender la docencia en la UNED y un proyecto que aspira a tender nuevos puentes entre la investigación académica y la práctica profesional.
María Dolores del Mar Sánchez: “La distancia física no puede convertirse en distancia académica”

Recibir dos premios de la AIRP en una misma edición supone un reconocimiento tanto a tu labor docente como a la transferencia de conocimiento. ¿Qué significa para ti este doble galardón?
Ha sido una satisfacción muy especial porque reconocen dos dimensiones de la actividad universitaria que para mí están estrechamente relacionadas: la docencia y la transferencia del conocimiento. El Premio a la Excelencia Docente tiene además un significado particular por reconocer una trayectoria desarrollada durante muchos años.
Entiendo ambos premios como un reconocimiento conjunto a una determinada manera de concebir la universidad. Investigar, enseñar y transferir no deberían ser actividades separadas. La investigación proporciona fundamento a la docencia; la docencia obliga a sistematizar y transmitir el conocimiento; y la transferencia permite que ese conocimiento revierta finalmente en la sociedad.
¿Qué principios han guiado tu manera de entender la docencia universitaria y cómo ha influido en ella el modelo educativo de la UNED?
Siempre he entendido la docencia universitaria como algo más que la transmisión de contenidos. La universidad debe proporcionar conocimientos sólidos, pero también enseñar a pensar, a relacionar conceptos, a interpretar críticamente las fuentes y a aplicar lo aprendido.
Mi trayectoria ha estado profundamente marcada por la UNED. La distancia física no puede convertirse en distancia académica. Además, trabajamos con un alumnado extraordinariamente diverso, muchas veces con responsabilidades profesionales y familiares, lo que exige flexibilidad sin renunciar nunca al rigor académico. Creo que esa combinación entre exigencia, accesibilidad, innovación y atención al estudiante ha configurado en buena medida mi manera de entender la docencia universitaria.
El otro reconocimiento pone el foco en el SCEPGE. ¿Qué pretende aportar este proyecto?
El SCEPGE parte de la necesidad de avanzar en la sistematización y fundamentación científica del protocolo y la gestión de eventos, ámbitos en los que todavía existe una considerable diversidad de criterios, terminologías, procedimientos y estándares de actuación.
El proyecto propone dos instrumentos complementarios: un Sello Científico, orientado a reconocer actuaciones desarrolladas conforme a criterios de rigor, calidad y buenas prácticas, y un Manual de Estandarización en Protocolo y Gestión de Eventos, que pretende convertirse en un instrumento de referencia para la planificación, organización, ejecución y evaluación de actos y eventos.
No pretendemos uniformar una actividad que debe adaptarse a contextos muy diversos, sino establecer un marco científico común con criterios compartidos, verificables y transferibles.
¿Y qué aplicación puede tener fuera de la universidad?
El SCEPGE está concebido para que el conocimiento generado desde la investigación se convierta en una herramienta útil para quienes trabajan diariamente en la organización de actos y eventos. Puede resultar de interés para administraciones públicas, instituciones, universidades, empresas, asociaciones profesionales, agencias y departamentos de protocolo y comunicación.
Para los profesionales aporta un marco de referencia fundamentado científicamente y, para las organizaciones, una herramienta de mejora continua. Esa posibilidad de traducir el conocimiento académico en criterios concretos de actuación y evaluación es, precisamente, lo que entiendo por transferencia: lograr que la investigación universitaria tenga una incidencia efectiva en la sociedad.
Tras este doble reconocimiento, ¿cuáles son tus próximos retos?
En el ámbito docente, uno de los retos más interesantes es la incorporación de la inteligencia artificial generativa a la enseñanza universitaria desde una perspectiva crítica y metodológicamente rigurosa. Dirijo un proyecto de innovación docente de la UNED centrado en su utilización en la asignatura Historia del Derecho Español, analizando tanto sus posibilidades como sus límites y su uso responsable.
En investigación mantengo mis dos grandes líneas de trabajo: la Historia del Derecho y de las Instituciones y el estudio científico del protocolo, el ceremonial y la comunicación institucional. Y en transferencia, uno de los principales retos será desarrollar el SCEPGE durante los próximos meses y presentar sus resultados en junio de 2027.
Creo que todos estos proyectos comparten una misma idea de fondo: que la universidad debe ser capaz de producir conocimiento riguroso, transmitirlo mediante una docencia de calidad y conseguir que ese conocimiento tenga finalmente una repercusión real en la sociedad.
