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'El cuerpo errante' reconstruye la experiencia del exilio republicano español en la Casa de América

Los profesores de la UNED Jorge Moreno Andrés y Julián López García son los comisarios de la exposición El cuerpo errante. Exilio español 1939-1975, inaugurada ayer en la Casa de América de Madrid y que podrá visitarse hasta el próximo 14 de febrero. La muestra, fruto del trabajo de investigación desarrollado en la UNED por el equipo de Mapas de Memoria en colaboración con la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, propone un recorrido por las vivencias del exilio republicano a través de documentos, objetos y testimonios que permiten acercarse a una memoria construida desde la experiencia personal y colectiva.
17/12/2025
UNED Media :: Videonoticia

Jorge Moreno explica que “el cuerpo errante es una exposición diferente porque cuenta el exilio no desde los grandes nombres, sino desde las experiencias cotidianas de la gente que sufrió el desarraigo”. Experiencias que, añade, “muchas veces se condensan en pequeños materiales y en pequeñas cosas donde se expresan el dolor, pero también, en algunos casos, la ilusión y la esperanza”. 

 

La muestra se articula en dos plantas —comunicación y memoria— y se organiza en seis salas, cada una concebida como una propuesta expositiva autónoma. El recorrido está pensado para que el visitante se relacione con el pasado desde gestos diversos: girar una imagen para descubrir su reverso, atravesar un bosque de palabras, abrir armarios, sentarse a escuchar voces, cruzar un pasillo sonoro o deambular por un desván. “Al pasado se accede por distintas vías”, señala el comisario, y cada una de estas acciones invita a una forma distinta de encuentro con la memoria del exilio.

 

Jorge Moreno Andrés
Jorge Moreno Andrés

Ese planteamiento responde a una idea central del proyecto: que la memoria no se contempla solo con la mirada, sino que se experimenta con el cuerpo. “El visitante tiene que poner el cuerpo de una manera distinta en cada una de las salas”, afirma Moreno. Abrir un armario para descubrir una pequeña piedra cargada de historia, atravesar décadas de cartas escritas por una madre a su hijo o sentarse a escuchar una voz obliga a una implicación emocional que va más allá de la observación pasiva.

 

El proceso para condensar el sentido del exilio desde lo íntimo y cotidiano implicó numerosos desplazamientos, encuentros con familias y una ardua labor de investigación. “Hemos viajado mucho a casas, hemos hecho trabajo de detectives para encontrar a familiares e historias que condensen paradigmáticamente esta cuestión, tan importante para nosotros, que es contar el exilio desde las pequeñas cosas”, explica Moreno. El reto, añade, ha sido trasladar esas historias y esos objetos al espacio expositivo sin perder su carga emocional.

 

El recorrido culmina en un desván concebido como un espacio de tránsito entre la nostalgia y la acción. Un lugar que remite a la memoria infantil, al desorden y a la imaginación, y que invita a deambular sin un itinerario cerrado. “Los desvanes pueden ser lugares de nostalgia, pero también pueden ser lugares donde comienza la aventura”, señala Moreno, quien subraya que ese espacio final apela a una memoria viva y creativa, “porque un desván está desordenado y quien transita por él comienza a ordenarlo de una manera imaginativa y, al mismo tiempo, vital”.

 

La exposición se completa con una programación paralela de actividades que incluye encuentros, diálogos y pódcast a partir del mes de enero, concebidos como espacios de reflexión sobre las distintas formas de narrar, transmitir y representar la experiencia del exilio desde el ámbito artístico, literario y de memoria.