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Cinco magnicidios para recorrer un siglo de violencia política en España
Entre 1870 y 1973, cinco presidentes del Consejo de Ministros fueron asesinados en España: Juan Prim, Antonio Cánovas del Castillo, José Canalejas, Eduardo Dato y Luis Carrero Blanco. Estos cinco magnicidios, separados por más de un siglo y producidos en circunstancias políticas muy diferentes, sirven como hilo conductor de Matar al presidente. Cinco magnicidios en la Historia de España, un seminario dirigido por Ángel Herrerín López, catedrático de Historia Contemporánea de la UNED, y coordinado por el profesor Eduardo Juárez Valero, que se celebrará del 2 de octubre al 27 de noviembre en el Real Sitio de San Ildefonso, en Segovia.
El congreso propone analizar las causas y consecuencias de estos asesinatos y, a través de ellos, recorrer algunos de los principales procesos políticos y sociales de la España contemporánea. Las sesiones tendrán lugar a las 19:00 h en el Salón Siglo XXI del Ayuntamiento del Real Sitio de San Ildefonso, con acceso libre hasta completar aforo. Para obtener el crédito ECTS que proporciona la asistencia al seminario y seguir las jornadas online en directo o diferido es necesario realizar la correspondiente inscripción y matrícula.
"Lo que les une, primordialmente, es su cargo de presidente del Consejo de Ministros", explica Herrerín, quien señala también que los regímenes políticos en los que se produjeron sus asesinatos no eran democracias "plenas" y recuerda que, en el caso de Carrero Blanco, tuvo lugar durante la dictadura franquista. Existen, además, conexiones entre algunos de ellos: Cánovas, Canalejas y Dato fueron asesinados por anarquistas, "dentro de un contexto de violencia y represión que se retroalimentaba".

La violencia política y sus consecuencias
El seminario parte de una cuestión que trasciende los cinco episodios concretos: "¿Es la violencia la solución?". Herrerín recuerda que el asesinato de figuras políticas ha acompañado a la humanidad a lo largo de la historia y que sus objetivos pueden abarcar desde conquistar, conservar o reformar el Estado hasta eliminar a un dirigente por su influencia o vengarse de quien ejerce el poder de forma tiránica.
El historiador relaciona también el recurso a la violencia con los cauces de participación política disponibles en cada momento. "Los regímenes democráticos facilitan más la intervención en política, el control de las instituciones y la búsqueda de otras actuaciones que no sean violentas", señala. Cuando un régimen no respeta derechos y libertades, reprime sus manifestaciones o utiliza ilegítimamente la fuerza, añade, quienes defienden la violencia pueden sentirse legitimados para recurrir a ella.
Sobre la influencia que estos asesinatos pudieron tener en el curso de la historia, Herrerín evita especular sobre qué habría sucedido si no se hubieran producido: "Los historiadores nos dedicamos a estudiar el pasado, no lo que podría haber sucedido si hubiera tenido lugar un hecho diferente al que sucedió". Sí pueden analizarse, sin embargo, sus repercusiones. La muerte de Prim condicionó la llegada y actuación de Amadeo de Saboya; la de Cánovas influyó en un cambio de actuación del Estado ante la cuestión social; y la de Carrero Blanco pudo facilitar el final de la dictadura de Franco y el tránsito hacia la democracia, apunta el historiador, aunque insiste en la necesidad de distinguir el análisis histórico de las hipótesis sobre aquello que podría haber ocurrido.
Todos provocaron, además, una profunda conmoción en la sociedad de su tiempo. Más de medio siglo después, el asesinato de Carrero Blanco continúa especialmente presente en el imaginario colectivo, mientras que los magnicidios anteriores han ido perdiendo presencia en la memoria social. Precisamente por ello, el seminario quiere volver la mirada también hacia estos casos para utilizarlos como vía de entrada al estudio del "poder político, la represión, la violencia política y el terrorismo" y, en definitiva, del devenir histórico de España.
El recorrido comenzará el 2 de octubre con Juan Prim y continuará el 16 de octubre con Cánovas del Castillo; el 30 de octubre, con Eduardo Dato; el 13 de noviembre, con José Canalejas, y el 27 de noviembre, con Luis Carrero Blanco. En las distintas sesiones participarán especialistas de la UNED y de las universidades de Cádiz, Complutense de Madrid, Carlos III de Madrid, Valencia y Rey Juan Carlos. Por su parte, la UNED de Segovia, El Ayuntamiento de La Granja, El Centro de Investigación Histórica de esta localidad (CIGCE) y Verescence han participado en la organización del seminario.

Para Herrerín, estudiar conjuntamente estos episodios permite además evitar el "presentismo", la interpretación del pasado exclusivamente a partir de nuestra realidad presente, sin percibir las diferencias, los cambios y la evolución de nuestra sociedad. “Es importante analizar las causas que motivaron los hechos históricos, el conocimiento de esos hechos y las consecuencias que tuvieron para el devenir de la historia. En definitiva, el conocimiento del pasado nos puede servir para comprender mejor la sociedad actual, afirma.
Una reflexión que conduce al propósito último del seminario: utilizar el conocimiento histórico para pensar también sobre el presente. Para Herrerín, una de las principales enseñanzas que deja el análisis de estos episodios es la importancia de valorar y defender un régimen democrático que garantice el acceso al poder, respete los derechos y libertades y no utilice arbitrariamente la violencia. "Estas actuaciones son el mejor antídoto contra la violencia", concluye.
