Una investigación de Enrique Martínez Lombó ha permitido identificar el origen de tres calcos con motivos egipcios conservados en la Real Academia de España en Roma.
Gracias a este estudio, los calcos, que reproducen tres escenas del templo: una figura del dios Toth y dos relieves del faraón junto a Horus y Hathor, han pasado de ser objetos prácticamente anónimos a convertirse en un documento histórico único, que refleja la participación de un español en una de las primeras campañas científicas dedicadas al conocimiento exhaustivo de un templo del antiguo Egipto, el de Horus en Edfu. Este descubrimiento ha supuesto para Martínez Lombó “la satisfacción de poner en valor unas piezas que no han sido estimadas en su justa medida dentro de la colección de la Academia. Un ejemplo más de lo necesaria que es la investigación en el campo de la Historia del Arte y del Patrimonio Cultural, ya que el primer paso es conocer la relevancia para poder conservarlo y divulgarlo”.
El trabajo, recogido en el volumen Egiptomanía, coleccionismo y falsificaciones del siglo XVIII a nuestros días, reconstruye con precisión el contexto en que se gestó la colección de yesos de la Academia de Roma, fundada en 1873, y cómo esos calcos egipcios llegaron a formar parte de ella. A partir de documentación de archivo y del cotejo con los relieves originales del templo de Horus, Martínez Lombó ha demostrado que los vaciados fueron realizados durante el viaje de Amador de los Ríos al Alto Egipto, donde colaboró con el epigrafista francés Maxence de Rochemonteix en una ambiciosa campaña de documentación arqueológica. El hallazgo resulta de especial relevancia para la egiptología española, explica el investigador, “ya que es el único vestigio de la primera participación de un intelectual español en una campaña científica que pretendía el total conocimiento y documentación de un templo completo. Antes, hubo viajeros españoles que habían recorrido Egipto, pero no se habían integrado en este tipo de proyectos arqueológicos”.
La pervivencia de los calcos resulta casi milagrosa si se tiene en cuenta el deterioro sufrido por buena parte de la colección de yesos a lo largo de los siglos. Hoy, las piezas siguen en la Academia de España en Roma, integradas en su jardín, donde este descubrimiento invita a mirarlas con nuevos ojos. “Son memoria de las vivencias de un pensionado de la primera promoción, de un viaje formativo por el Mediterráneo del que en 2026 se cumplirán 150 años, en un momento en el que viajar por esas zonas era una empresa extraordinaria”, relata el profesor. “Aparecen en los primeros inventarios de la Academia y son de los pocos yesos de la colección que han llegado hasta el momento presente, ya que son materiales frágiles y que al tener la condición de copias no siempre se valoran”, concluye.

