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“La mayor satisfacción es ver cómo las víctimas de violencia de género logran salir adelante”

Yoanna Magdalena Benavente, coordinadora de la Red Regional de Casas de Acogida, ha intervenido en el curso de verano de UNED Asturias “Primeros auxilios psicológicos en las crisis personales y las grandes catástrofes”
23/07/2026
Yoanna Magdalena Benavente

La coordinadora de la Red Regional de Casas de Acogida del Principado de Asturias, Yoanna Magdalena Benavente, ha participado en el curso de verano de UNED Asturias “Primeros auxilios psicológicos en las crisis personales y las grandes catástrofes”. Responsable de uno de los centros más representativos de la atención integral a las mujeres víctimas de violencia de género, la “Casa Malva” —distinguido con la Medalla de Plata del Principado y del Ayuntamiento de Gijón, en 2019 y 2025, respetivamente—, la ponente ha abordado en su intervención la asistencia psicológica a las vícticmas de esta violencia. Yoanna Magdalena Benavente es licenciada y Diploma de Estudios Avanzados (DEA) en Psicología, y ha vivido muy de cerca la evolución que se ha producido en nuestra sociedad a la hora de entender y abordar esta lacra. La ponente señala que la Casa Malva, como “espacio visible en el que se articulan protocolos consensuados entre diferentes profesionales”, se ha convertido en “un referente para muchos lugares de España”.

¿Cuál es la función de la Casa Malva?

La Casa Malva es un centro de alojamiento y acompañamiento específico y especializado para mujeres víctimas de violencia de género y sus hijos e hijas. La Casa Malva, que es de titularidad autonómica y depende del Principado de Asturias —concretamente de la Dirección General de Igualdad—, es la punta de lanza de la red regional de casas de acogida para mujeres víctimas de violencia de género. La Casa Malva es el buque insignia de esa red, con 30 apartamentos completamente independientes para trabajar la privacidad durante la estancia de las mujeres. La mencionada red está conformada también por la Casa Municipal de Oviedo, la Casa Municipal de Avilés y, ahora mismo, 28 pisos tutelados distribuidos por toda la geografía asturiana. 

¿Qué papel cumple en la visibilización del problema de la violencia de género?

Se creó en el año 2007 a tenor de la Ley Integral de 2004 y supuso una iniciativa innovadora, porque es un centro visible. Se intentó que la sociedad no solamente entendiese y visibilizase la violencia de género, sino que también comprendiera que la violencia de género no hay que esconderla y que las mujeres víctimas no tienen por qué ocultarse, a diferencia de lo que ocurría en las casas de acogida antiguas, que eran casas refugio.

Este curso de verano se centra en los primeros auxilios psicológicos. ¿Cuáles son esos primeros auxilios cuando se detecta este un caso de violencia o cuando la mujer llega al centro, y cómo se desarrollan?

Lo primero es crear un espacio de confianza y una alianza terapéutica para que la mujer nos cuente su situación. Como comenté en el curso, el 80% —ocho de cada diez mujeres— llegan en un estado de emergencia. Es decir, se produce una intervención por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o porque las mujeres llaman a través del 016, el teléfono específico de violencia de género. En ese momento hay que ofrecer una atención de emergencia para acoger a la mujer, saber cuál es su situación de riesgo, conocer qué necesidades tiene y movilizar a otros profesionales para que la acompañen, incluso para ir a buscar enseres a su casa. Son mujeres que a veces tienen que salir de su hogar sin nada, y hay que movilizar a diferentes profesionales para que cuenten con lo necesario y puedan ir elaborando un proyecto de vida. Esa sería la parte de la emergencia. Atendemos esa llamada y la mujer pasa por una entrevista motivacional y estructural que nos permitirá conocer cuáles son sus necesidades para entrar en una casa de acogida. 

¿Y una vez que entra en el centro?

Una vez que entra, la mujer es acompañada profesionalmente por un equipo multidisciplinar. La alianza terapéutica es imprescindible para que confíe en su recuperación y para cubrir su seguridad. Hay que acompañarla en la toma de decisión en relación con la ruptura y, cómo no, atender a las necesidades físicas, psicológicas y sociales. 

¿La Casa Malva coordina esfuerzos con los distintos organismos e instituciones implicados?

Sí, funciona como un engranaje. Lo que hacemos al asistir esas llamadas de emergencia y gestionar esos ingresos es mover una maquinaria que hace que cada institución cumpla su función. Desde el ámbito jurídico, la abogada del Centro Asesor de la Mujer informa y asesora sobre medidas penales y civiles. Desde el ámbito sanitario, si la mujer viene con sintomatología, la derivamos tanto al hospital como al servicio de salud. Si llega con hijos e hijas, por nuestra parte les brindamos una atención de acogida. También nos ponemos en contacto con el policía de seguimiento si viene con una denuncia, para que pueda realizar los acompañamientos necesarios si se encuentra en una situación de riesgo extremo.

¿Qué es lo más difícil en esa fase?

La toma de decisiones por parte de las mujeres: la decisión de abandonar la relación violenta. Al tratarse de situaciones de emergencia, el 80% de estas mujeres llegan en la fase de explosión violenta. Un 20% llega en estados de acumulación de tensión o casi en la fase de reconciliación tras la tensión. Llegan inmersas en ciclos de violencia muy cortos, rápidos y agresivos. Por lo tanto, necesitamos que la mujer asimile cuestiones fundamentales sobre lo que les está pasando. Y lo que les está pasando es que, por mucha esperanza de cambio que tengan en sus parejas, eso no va a ocurrir nunca. Decir esto, cuando de por medio tienes todo un proyecto de vida, no es nada fácil.

¿A través de qué teléfonos se gestionan las llamadas?

Todo se canaliza principalmente a través del 016, el Servicio de Información y Asesoramiento Jurídico en Materia de Violencia Contra la Mujer, o del 112.             

La inserción laboral jugará también un papel muy importante, ¿verdad?

Importantísimo. Nosotras atendemos a mujeres que, en su gran mayoría, llegan en situación de desempleo; muy pocas entran teniendo un trabajo. Por suerte, los Servicios Públicos de Empleo cuentan con tutores y tutoras especialistas en violencia de género. A cualquiera de las oficinas de empleo a las que las derivemos, sabemos que van a ser atendidas de forma específica por profesionales formados en esta materia.

El hecho de ver de cerca los casos de mujeres que salen adelante y rehacen su vida supondrá una gran satisfacción.

Por supuesto, es una satisfacción enorme ver a las mujeres avanzar, tomar conciencia de su situación y aprender no solo a poner límites en su relación de pareja, sino también otras cuestiones vitales que las conciernen. Resulta muy gratificante observar cómo mejoran física y psicológicamente, cómo se empoderan, participan en programas de ocio y tiempo libre, buscan nuevas aficiones y logran salir de ese entorno. La mayor satisfacción es ver cómo consiguen que el trauma de la violencia de género deje de ser el centro de sus vidas y logran salir adelante. Ese proceso es fundamental.

¿Qué impresión le ha dejado el curso de verano?

Me ha parecido estupendo. He visto a la gente muy implicada. No daba abasto con el chat porque ha habido muchísimos comentarios, pero todos en muy buena sintonía. Normalmente, cuando voy a impartir algún curso suele haber ciertas resistencias —lo cual no está mal, porque es bueno que se pongan las dudas sobre la mesa—, pero aquí todo el mundo ha estado remando a favor. No hubo nadie que mostrara rechazo, algo que a veces pasa con el tema de la violencia de género porque hay mucha desinformación y a mucha gente le cuesta entender lo que es una víctima o lo que implica esta problemática. Me ha parecido genial tanto la actitud de la gente que estaba presente como los comentarios de las personas que estaban conectadas en línea.

Esa labor de divulgación y de colaboración con la Universidad es una parte importante también del trabajo contra la violencia de género.

Afortunadamente, sí. Cuando empezamos a trabajar en las casas de acogida, nuestro saber era tan clandestino, por así decirlo, como lo era la propia violencia de género. Las mujeres estaban ocultas, metidas en refugios. Por eso creo que es una gran oportunidad que se nos permita hablar abiertamente de nuestro trabajo, debatir tranquilamente sobre lo que es la violencia de género y visibilizar lo que las mujeres y sus hijos e hijas realmente necesitan.

¿Qué supone, como psicóloga, especializarse en la violencia de género?

Elegir este camino implica estar en contacto directo con el sufrimiento humano; en este caso, con el sufrimiento de las mujeres. Por eso, cualquier profesional que se encargue de esta labor tiene que hacer un gran trabajo interno para lograr que ese sufrimiento no lo arrastre. Es importante seguir formándonos y trabajar en equipo. Sentir la pertenencia a un proyecto permite superar el hecho de ser testigos de tanto sufrimiento.