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Gerd-Christian Weniger: “Los neandertales eran más humanos de lo que se pensaba”

10/07/2026
Gerd-Christian Weniger

El investigador Gerd-Christian Weniger, profesor emérito de la Universidad de Colonia (Alemania), ha sido el encargado de pronunciar la ponencia inagural de la quinta edición del curso de verano “150 años de investigaciones prehistóricas en el valle del Sella, Asturias”, desarrollado por UNED Asturias en el Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo. Weniger, que hasta su jubilación dirigió el prestigioso Museo Neandertal de Mettmann, ha disertado sobre “El desafío neandertal: reflexiones entre la empírica, la hipótesis y el mito”. En la presentación del ponente, el director del curso, Jesús F. Jordá, se refirió al científico como “un gran conocedor” del Paleolítico y destacó su labor al frente del mencionado museo y sus investigaciones en diferentes yacimientos españoles, entre ellos el de La Güelga (Cangas de Onís), en colaboración con Mario Menéndez y con otros investigadores como el propio Jordá. En su trabajo arqueológico, Gerd-Christian Weniger nunca se ha considerado un “cazador de hallazgos”. “Si aparece una pieza una pieza importante en el yacimiento, bien, pero siempre me ha interesado una perspectiva más holística”, afirma.

El “desafío neandertal” continúa, como ha subrayado en su ponencia.

Sí, claro, incluso 170 años después. Este verano se cumplen 170 años de su descubrimiento en el valle de Neandertal.

¿Por qué se construyó el mito de los neandertales como los “desharrapados” de la humanidad? 

Es un mito muy profundo, que en el mundo europeo se encuentra ya en Mesopotamia, en la epopeya de Gilgamesh, y llegó a tener también su tradición en el pensamiento de los europeos. Aparece de muchas formas en la pintura, se ve incluso en la literatura, por ejemplo, en Goethe, que habló del hombre salvaje. Ese concepto estaba presente en el pensamiento europeo cuando se produjo el descubrimiento del Neandertal, que supuso una ruptura fundamental con la visión del desarrollo del ser humano. En ese momento no sabía cómo tratar este descubrimiento tan importante, porque faltaba metodología científica. El descubrimiento se conectó con el mito. Pero los neandertales eran más humanos de lo que se pensaba.

¿Por qué ha cambiado nuestro punto de vista a este respecto en las últimas décadas?

Hace 30 años se pensaba que el comportamiento moderno, el simbolismo, etc., eran constructos exclusivos del hombre moderno, que creaba arte, arte móvil, arte rupestre, joyería, elementos que tienen una significación simbólica. La creencia general es que el Neandertal no tenía eso. Sin embargo, ahora sabemos que también hay bastantes de estos testimonios de simbolismo en los yacimientos de los neandertales.

Algo que sorprendió mucho a algunos de los alumnos y que dio lugar además a preguntas y a diálogo en el coloquio, fue esa idea de que el ser humano moderno y el neandertal no son especies diferentes. ¿Nos puede hablar un poco más de eso?

Con la paleogenética se ha probado que hubo mezcla genética entre hombre moderno y neandertal, y sabemos que la separación estricta entre dos especies normalmente no permite la hibridación. Por eso, ahora podemos saber que había mezcla entre ambos y que probablemente se deba hablar más de subspecies, homo sapiens sapiens y homo sapiens neanderthalensis, que de dos especies muy distintas.

¿Qué ha supuesto la península ibérica en su trabajo como investigador?

Ha sido la región más importante para toda mi vida científica. Al concluir la tesis empecé a trabajar aquí sobre arpones del Magdaleniense. Trabajé en toda la península ibérica, en Francia y en Alemania, y todo ello supuso el primer paso para entrar en la arqueología de la península ibérica. Asimismo, con mi trabajo en el Instituto Arqueológico Alemán di otro paso para seguir ligado con península ibérica por muchos años. Llevo unos 40 años trabajando temas de la hora estoy aquí hasta 40 años más o menos trabajando con temas de la península ibérica.

¿Cuál fue la clave para conseguir que el Museo Neandertal de Mettmann alcanzara tanto prestigio? 

Lo que nosotros hemos hecho, por un lado, ha sido popularizar el museo hacia un acceso fácil, no solo mediante vitrinas y objetos, sino también a través de historias, algo que a finales de los años 90 resultaba muy novedoso en Alemania. Se pusieron audioguías a disposición de los visitantes, se organizaron debates… Intentábamos facilitar todos los medios didácticos para atraer al visitante. Al mismo tiempo, siempre contábamos con proyectos científicos, tratábamos de investigar las cosas directamente. El hecho de formar parte también de la comunidad científica facilitaba las cosas sin perder el contexto científico. Hay que conseguir popularidad y contenidos didácticos y, a la vez, mantener el nivel científico. Eso es muy importante. Hoy en día los museos siguen esa senda.

¿Qué papel puede jugar la inteligencia artificial (IA) en las investigaciones prehistóricas?

Pienso en el futuro. Hay un camino para jugar con todos estos datos que cada año están creciendo y que no se puede controlar muy bien. Yo pienso que falta realmente un banco de datos, por ejemplo, como el banco mundial con el que cuenta la paleogenética, en el que los investigadores aportan los datos que consiguen. De este modo, tenemos acceso a todos los datos paleogenéticos. En cambio, en arqueología los datos están más aislado. Hay personas que intentan compilar bancos de datos, pero es muy difícil, todavía no hay. Muchos colegas no están tan abiertos a dejar a otros colegas entrar en su “caja del tesoro”. Eso es algo que hay que cambiar en el futuro. 

¿El laboratorio no debe olvidarse de la importancia que tiene el yacimiento?

Sin todos estos análisis del laboratorio, de varias formas y varias disciplinas, la arqueología no estaría en la posición en que se encuentra hoy. Pero tampoco es la clave para todo. Las muestras son puntos aislados de un continuo, con una historia propia que muchas veces no se puede realmente leer bien debido a la historia del yacimiento. Hay que ser prudente con los análisis aislados. Siempre hay que intentar ponerlo en un contexto más grande y conocer muy bien la historia de cada una de estas muestras.

Nos habló de una península ibérica con 2000 neandertales y con una población general de unos 20.000 individuos, o incluso menos.

Con los ojos de hoy a veces es difícil comprender esa realidad. Hoy en día estamos viviendo en poblaciones muy grandes y es normal que haya vecinos, que haya mucha gente cada día en nuestro entorno. Pero en aquel período los grupos eran pequeños y aislados. Y entonces es difícil imaginarse la vida en esos pequeños grupos, con estas demografías muy limitadas y con muchos movimientos. Y siempre con excepciones…

¿Cuándo descubrió que su vocación era la arqueología?

En la época del instituto me atrajo mucho la biología. Quería investigar chimpancés. Pero en ese momento, en Alemania, no había ninguna investigación importante de chimpancés, solo en los Estados Unidos. Y cuando estaba en esta fase de preguntarme qué hacer se abrió una puerta hacia la prehistoria. Ahí encontré un campo de hombres antiguos, de evolución humana, los primeros seres humanos... Poco a poco fui entrando en esta disciplina. Al final puedo decir que fue una decisión perfecta.

¿Cuál fue el momento más emocionante o más gratificante que vivió en su trayectoria como investigador?

Nunca he sido un cazador de hallazgos. Si aparece una pieza importante en el yacimiento, bien, pero siempre me ha interesado una perspectiva más holística.