Calcio
y Fósforo. El metabolismo de estos minerales está muy relacionado con el
metabolismo de la hormona paratiroidea y la vitamina D. Los niveles de calcio descienden
ligeramente hasta la semana 34 de gestación, sobre todo disminuye el calcio que va unido
a la albúmina. Los niveles de calcio iónico son mantenidos durante toda la gestación en
los niveles necesarios, gracias al equilibrio que establecen la PTH (paratohormona) y la
vitamina D. Ambos actúan conjuntamente para aumentar la absorción intestinal, la
reabsorción ósea y los niveles totales de calcio circulante. Con todo esto se consigue
cuidar los depósitos de la madre y aumentar la disponibilidad para el feto, que durante
la última etapa del embarazo consume del orden 200-300 mg/día. Las recomendaciones de
algunos países establecen la ingesta, durante el embarazo, en 1200 mgr/día, para cada
uno de ellos.
Fuentes de calcio: Productos lácteos, salmón, sardinas, grano
de soja, levadura de cerveza, semilla de sésamo, almendras, germinados, algas, col rizada
y berza.

Hierro.
Se ha calculado que durante la gestación, las necesidades de hierro son de 0,9 mg/día
durante el primer trimestre, 4,1 mg/día durante el segundo y 6,2 mg/día durante el
tercero. Es importante señalar, que durante el periodo de gestación la capacidad de
reabsorción de hierro por parte del intestino aumenta aproximadamente en un 40%, por lo
que las pérdidas disminuyen de forma importante. Este mejor
ajuste hace que no sean necesarios grandes suplementos, sobre todo en mujeres con unos
depósitos de hierro buenos al inicio del embarazo, y que sigan una dieta completa y
equilibrada. Sin embargo, ocurre que las mujeres en edad fértil, sobre todo de sociedades
desarrolladas, suelen tener reservas muy pequeñas de hierro. Por este motivo, necesitan
con frecuencia aportes externos, al no ser posible cubrir las necesidades totales de
hierro con la cantidad procedente de la dieta.
Combinar los alimentos ricos en hierro con vitamina C aumenta la
absorción del hierro. Evita beber té o café durante las comidas, o inmediatamente
después de ellas, puesto que inhiben la absorción del hierro.
Fuentes: Carne de ternera, sardinas, huevos, fruta seca
(especialmente los higos, las ciruelas y los albaricoques), almendras, levadura de
cerveza, cacao, pan integral, germinados, remolacha, brécol, verduras de hoja verde y
algas.

Zinc. Los
niveles plasmáticos de zinc descienden, con la progresión del embarazo, en un 40%
aproximadamente debido a la reducción de la albúmina circulante (Solomons y Jacob,
1981). También se manifiesta una disminución de la afinidad de la albúmina por el zinc
durante la gestación, y un aumento de las pérdidas urinarias. A pesar de todo, se ha
comprobado que una suplementación farmacológica no previene la disminución de los
niveles plásmáticos, siendo poco probable que esta disminución se deba a un desajuste
entre lo que se ingiere por la dieta y las necesidades. Tampoco hay que olvidar que
excesivas cantidades de hierro interfieren en el proceso de absorción del zinc.
Fuentes: Ternera, ostras, mariscos, frutos secos, zanahorias, maíz, tomate,
plátanos, levadura de cerveza, semilla de sésamo, almendras, germinados, algas, col
rizada y berza.