
Proteínas:
Son necesarias para el desarrollo del feto, placenta, aumento del volumen sanguíneo y
crecimiento de estructuras como el útero. Se estima suficiente un aporte adicional de 4,7
g/día durante las últimas 28 semanas para cubrir las demandas durante esta etapa. Este
aporte se puede cubrir fácilmente con un ligero aumento sobre una dieta equilibrada
normal, añadiendo aproximadamente una ración más de carne o
equivalente en la dieta diaria.
Hidratos de Carbono: Son
conocidas las situaciones de hipoglucemia durante el embarazo, sobre todo después de
periodos de ayuno. Se atribuyen a que la glucosa es un compuesto que atraviesa la placenta
con mucha eficacia y, aunque el proceso de gluconeogénesis (producción de glucosa a
partir de las reservas de grasa) aumenta durante la gestación, no es suficiente para
compensar la transferencia de glucosa al feto (E. Herrera, M.A. Lasunción). También se
ha observado una resistencia insulínica para evitar una reducción aún mayor de la
glucemia que sería mal tolerada por el feto.
Esta situación de déficit de glucosa se puede solucionar con una
buena distribución de alimentos ricos en carbohidratos en las diferentes comidas. Ver Guía práctica, Raciones tipo
Lípidos:
Durante el embarazo aumentan los ácidos grasos libres, triglicéridos, colesterol total y
fosfolípidos, debido a cambios en el metabolismo del hígado y del tejido adiposo. Esto
coincide con elevadas necesidades de estos nutrientes para la formación de las membranas
celulares en el feto. En la primera mitad del embarazo hay una tendencia a mayor consumo
de alimentos ricos en carbohidratos y lípidos, que permiten la síntesis y depósito de
grasa. En la segunda mitad, se reduce la ingesta de alimento, existe una resistencia
periférica a la insulina y los cambios hormonales favorecen la utilización de las grasas
acumuladas.
(National Research Council, 1991)