
El
coste energético durante todo el periodo de la gestación está calculado entre 75.000 y
80.000 kcal, lo que aumenta las necesidades en unas 150 kcal diarias en el primer
trimestre del embarazo y en 340 kcal en los trimestres restantes. Parte de esta energía
es almacenada en forma de depósitos de grasa que constituyen un mecanismo de protección
del feto frente a un posible estado de déficit al final de la gestación o durante la
lactancia. Algunos estudios establecen dicho coste energético adicional en 20.000 kcal
(Durnin et al.; 1987) por lo que sólo sería necesario aumentar el aporte energético
durante las 10 últimas semanas de embarazo y, en el caso de que existiese reducción de
la actividad física, no sería necesario (Durnin et al., 1.985). Las recomendaciones para
EEUU del año 1989 (National Research Council, 1991) aconsejan un aporte igual al anterior
al embarazo durante el primer trimestre y un incremento de 300 kcal diarias durante el
resto de la gestación, lo que significa un aporte extra de aproximadamente 55.000 kcal
durante todo el embarazo.
Parece razonable y según esta distribución de necesidades, debe recomendarse
concentrar el suplemento energético al final del embarazo, pero numerosos estudios
muestran la tendencia espontánea a consumir mayor cantidad de alimentos en la primera
mitad del embarazo y mantenerla o incluso reducirla posteriormente.