El suelo griego



Antes de penetrar en la historia de Grecia es necesario echar una mirada al escenario en que se desarrolló esa historia. Si pensamos en la teoría de Toynbee acerca de la génesis de las civilizaciones, como una respuesta a un reto y, especialmente, al reto del medio geográfico, no hay duda de que el suelo griego, el mar que lo rodea y el cielo luminoso que lo enmarca fueron, desde el principio de la instalación humana en esta región, un incentivo para la acción y un estímulo para la creacion. No podemos pensar como Hipólito Taine que el genio griego es el resultado de la belleza de su cielo o la bonanza de su clima, pero es indudable que estos factores han contribuido grandemente a la formacion del espíritu y el carácter griegos.



La Grecia propiamente dicha forma el extremo sur de la península baca. Su tamaño es modesto pues hay poco más de 400 km desde el monte Olimpo, al norte de Tesála, hasta el cabo Matapán, extremo meridional del Peloponeso. Pero este pequeño país está completamente dividido por las montañas, ya que se trata de un territoriomontañoso en un 80%. Esta complicada fragmentación del terreno y Ice hundimientos que fueron debidos a frecuentes movimientos sísmcos dan como resultado un paisaje rico en variedad de formas y aspectos. Esta multiplicidad de paisajes es la causa de la belleza del suelo griego y también la razón de la variedad de cultivos, de recursos y generos de vida.

Los dos únicas llanuras de alguna importancia son la de Beocia al centro y la de Tesalia al norte. En el resto del territorio no hay entre las montañas sino pequeñas cuencas interiores cuyo tamaño no excede los 20 km2

A causa de su poca elevación las montañas de Grecia no constituyen un obstáculo para las comunicaciones. De un valle a otro se abren gargantas que ponen en comunicación los cantones montañosos. Sin embargo, Grecia no conoció nunca los magníficos caminos que. tuvieron los imperios persa y romano. Pero el mar, deslizándose profundamente en el territorio, constituye una cómoda vía de comunicion; ningún punto de Grecia continental se encuentra a más de 90 km del mar.

Suele ser un tópico el atribuir la fragmentación política de Grecia a la estructura geográfica en forma de compartimientos naturales. Así, el lo se impuso en tal forma al hombre que los griegos no consiguieron librarse de él para constituir un gran estado único. Sin desconocer la verdad que tiene esta afirmación, no debemos caer en un determinismo geográfico pues comprobamos frecuentemente la formación de estados griegos por sinecismo (o acuerdo) o por conquista de otros territorios saliendo del marco fijado estrictamente por a geografía. Sin duda, la naturaleza señaló aproximadamente el emplazamiento de cada polis, pero luego el hombre intervino para fijar los contornos convencionales de su dominio. Desde luego y cualquiera que haya sido la influencia de la naturaleza, se comprueba el pequeño tamaño de los estados griegos. Ese tamaño reducido imprimió su huella en el espíritu griego. Como rasgo sobresaliente y que diferencia notablemente al griego del bárbaro, tenemos el amor del griego por su ciudad. Ese sentimiento se vio favorecido por la poca extensión de su patria a la que no conoció de modo abstracto, sobre un mapa, sino que podía recorrerla íntegramente a pie. Los sentimientos que a nosotros nos inspira la ciudad natal, la patria chica, con sus recuerdos de infancia, los paisajes queridos recorridos diariamente, la cara de nuestros amigos y parientes, todo podía hacerlo el griego extensivo a su patria, a su polis.



La Grecia continental, con las características físicas que hemos señalado, se complementa con las islas, sobre todo las del mar Egeo. Este mar está prácticamente sembrado de islas hasta el punto que los navíos pocas veces pierden de vista la tierra.



La mayor parte de estas islas tienen suelo rocoso, poco apto para la vegetación. Sólo algunas de las Cícladas, mayores, como Naxos, Andros, Paros o Melos, ofrecen mejores condiciones para la vida. Más ricas son las grandes islas cercanas a la costa asiática como Lesbos, Quíos y Samos y que participan de la vida del litoral de Asia Menor.


Al norte del Egeo tenemos las Espóradas, y al sur, además de

Rodas, la gran isla de Creta. Por el oeste encontramos las islas Jonicas,

mas desvinculadas del corazón de Grecia.

A pesar de las diferencias y contrastes notables del paisaje griego, el clima mediterráneo le confiere unidad. Ya desde la Antigüedad este fue elogiado por su benevolencia. El verano es ardiente, pero la proximidad del mar y los vientos etesios lo hacen soportables.El invierno, suave, es la estación de las lluvias, aunque es difícil que falte el sol en todo un día. El hielo y la nieve no son desconocidos, pero estos rigores no duran mucho. El cielo es luminosamente azul y de una transparencia elogiada ya por los poetas griegos. En esta atmosfera transparente y luminosa, aun los objetos alejados se distinguen con gran nitidez. El ojo, y a través de él el espíritu, se habitua a la precisión. Nada impreciso ni brumoso hay en el paisaje griego como tampoco lo hay en su pensamiento.

Los ríos verdaderos por su extensión y caudal, son muy escasos,como el Peneo en Tesalia y el Aqueloo en Acarmania. La mayoría son `pequeños hilos de agua que discurren entre bancos de arena Por suerte no faltan las fuentes que proporcionan el agua aunque las islas ¡ Cícladas deben recurrir al uso de cisternas por carecer de fuentes en su mayoriaa.

En cuanto a los cultivos estos son variados: cereales, vid, olivo, higueras. El ganado mayor es escaso, aunque algunas regiones, como Tesalia, eran famosas en la antigüedad por sus caballos. Abunda en cambio, el ganado menor: ovejas, cabras y cerdos. En la Antigüedad la caza era muy abundante: jabalís, cievos, gamos, liebres, conejos y pájaros. También había fieras: osos, lobos y leones. El mar ofrecía abundancia de peces, tales como anchoas, sardinas y atunes. En cuanto a la vegetación natural, diremos que en tiempos remotos las montañas estaban cubiertas de bosques que, ya en la antigüedad, comenzaron a talarse y actualmente han desaparecido casi por completo. En su mayor parte la vegetación forma el monte achaparrado, típico en la región mediterránea.

En cuanto a la riqueza mineral, podemos señalar la piedra para la construcción, los marmoles de Paros y Ática. Hay también metales: cobre, plata y oro.

En síntesis, comprobamos que el medio geográfico ofrece al hombre condiciones favorables para su instalación. Sin embargo, junto a esto hay no pocos inconvenientes que exigen una actividad y un esfuerzo continuos. Señalamos entre ellos: frecuentes temblores y terremotos, y una tierra apta para cultivos, pero escasa. Además hay que defenderla constantemente de la erosión y la sequía. Por otra parte, si bien el mar ha favorecido el trueque comercial desde la antigüedad, Grecia solo puede exportar productos elaborados mediante técnicas complejas, como vino, aceite, cerámicas, perfumes, etc en tanto que tiene constante necesidad de ciertas materias primas, sobre todo de trigo. Vemos pues , que el medio ofrece un reto constante al hombre, y el griego siempre estuvo forzado a usar de una actividad inteligente y creadora para sobrevivir y desarrollarse como pueblo civilizador.



El poblamiento de Grecia.



En general, el mar Egeo y el mundo cultural que se desarrolló en torno de sí presenta un aspecto de unidad. Ese mar es como un camino o mejor un cruce de caminos, por el que hombres e ideas viajaban ya desde los tiempos neolíticos y continuaron haciéndolo durante la edad del bronce y los tiempos históricos.

Esta zona tiene características físicas similares en cuanto a clima, suelo y recursos materiales. Por consiguiente también su cultura material es similar. Sin embargo, esto no debe llevarnos a pensar que los pueblos que vivieron en sus costas tuvieron tan una evolución histórica similar, pues esa unificación cultural bajo  Grecia sólo se logro mucho más tarde.



Creta y Grecia tuvieron historias distintas hasta que ambas entraron en contacto activo hacia el aM 1.600 a.C. Lo mismo sucedió con Grecia y las costas de Asia Menor.



El neolítico contó en Grecia con algunos centros importantes cuyos habitantes desempeñaron un gran papel en el desarrollo de la riqueza potencial del país.

La aldea más antigua que conocemos es Nea Nicomedia, en Macedonia, comenzada a excavar en 1961. Al parecer ya se utilizaba allí la cerámica hacia el 6.200 a.C. - Los agricultores que poblaban esta aldea cultivaban trigo, cebada, lentejas y habían domesticado ovejas, cerdos, cabras y ganado bovino.

Se han encontrado ídolos hechos en barro y también de piedras suaves como la esteatita. El 99% de estos ídolos representan mujeres rollizas, con cabezas largas, narices agudas, vientres y posaderas prominentes.

En las llanuras de Tesalia se han encontrado numerosos montículos neolíticos en los cuales las excavaciones han desenterrado centros importantes de los cuales los más famosos son los de Sesklo y Dimeni (Dimini).

Sesklo corresponde a una fase anterior (Neolítico A). Las casas están agrupadas en aldeas pequeñas cuya población no era superior a las 150 personas. Cultivaban trigo, cebada, centeno, higos, peras, bellotas, etc. Aunque abundaba la caza mayor de jabalíes, ciervos, lobos y tal vez leones, estas gentes eran esencialmente agricultores, pastores, pescadores y marinos. La existencia de barcos supone habilidad para trabajar la madera, dominio de, las técnicas de navegacion e instintos comerciales. Eran también excelentes ceramistas con un delicado gusto artístico que sugiere afinidades raciales y culturales con el Cercano Oriente. Esto es también indicio de una organizacion social lo suficientemente compleja como para asignar tareas específicas dentro de la aldea.

El montículo de Dimeni (Neolítico B), cercano ,a Sesklo, nos revela un acontecimiento importante ya que, al parecer, un nuevo pueblo invadió estos valles de Tesalia. Algunas aldeas fueron quemadas y otras muchas fueron cubiertas por los restos de una cultura extranjera. Esto ocurrió tal vez a principios del cuarto milenio a.C. Sin duda estos pueblos poseían superioridad militar basada probablemente en el manejo de una nueva arma, el arco. Una flecha voladora debió ser algo terrible para quienes siempre habían luchado con cuchillos o con hondas. La novedad más importante de esta cultura es una muralla de fortificación de cinco o seis anillos concéntricos y una especie de casa rectangular que con frecuencia suele considerársela como antepasado del 'mégaron micénico. No se sabe de dónde vino el pueblo que ocupó Dimeni y su procedencia puede ser tanto de Ántolia (mégaron largo, aldea amurallada) o de la península balcánica.

Estos pobladores neolíticos fueron el grupo humano que usufructuó la tierra griega durante mucho más tiempo que cualquier otro. Su lengua se extendió mucho y tuvo una excelente oportunidad de sobrevivir en algunos lugares aislados que no fueron conquistados por invasores posteriores. Aun en los tiempos clásicos los griegos se dieron cuenta de que había entre ellos grupos de extranjeros que hablaban una antigua lengua o varias. Herodoto agrupó a todos ellos bajo el nombre de "pelasgos". Históricamente el nombre de Pelasgiotis o país de los pelasgos pertenece solamente a la región de Tesalia limitada por Sesklo al oriente y los montículos del valle del río Peneios at occidenote. Las regiones de este país siguieron siendo neolíticas hasta mediada la edad del bronce.

En cuánto a la religión de estos pobladores neolíticos era del tipo característico de todas las culturas neolíticas mediterráneas con abundancia de ídolos femeninos y cuevas como lugares de culto. Podemos afirmar que en toda Grecia se adoraba en este período el mismo tipo de madre tierra fértil, con ídolos similares, sacrificios himnos. El extraordinario poder de persistencia de esta religión, tan profundamente arraigada en la vida agrícola, se manifiesta en el hecho de que nunca murió en Grecia. Pudo haber sido proscripta, no oficial, transformada, suprimida o puesta en equilibrio político con las religiones mas nuevas, pero cualquier estudioso de la religión reconocerí en ella uno de los principales dones de la civilización neolítica para sus herederos en Grecia y en el Cercano Oriente.

La Edad del Bronce

O período neolítico es el tramo histórico más largo sin interrupcion en la historia griega, más de tres mil años apenas perturbados por una o dos invasiones locales y por alguna mezcla de tipos humanos.

Este periodo es diez veces más largo que el período clásico en Grecia y tres veces más largo que todo el período de su historia antigua escrita. Sin embargo, esta civilizaciones neolíticas no pudieron haber continuado como estaban más allá del tercer milenio a.C., aun cuando a lo nuevo hubiese desembarcado en sus costas. Se habían inventado demasiadas cosas para que una economía de la edad de piedra sobreviviera la competencia.

Los grandes progresos en la metalurgica tuvieron lugar en las regiones de recursos abundantes: El Caucaso, la costa de Anatolia, las mesetas de Mesopotamia, Chipre y el sur de Egipto. Las propias vetas de metal de plata y oro de Grecia todavía no serían descubiertas ni exploradas en miles de años y nunca sería rica en cobre, hierro o estaño. Todavía en plena Edad del Bronce en el continentegriego, las nuevas herramientas de cobre fueron raras durante muchas graciones y la mayor parte de los trabajadores continuaban utilizando la obsidiana y el pedernal.

Una tecnología del metal especializada afecta profundamente la estructura social en las aldeas, aun en aquellos lugares en donde el metal no es muy abundante.

Los que no están adiestrados para extraer el metal de las minas deben producir excedentes agrícolas para comprar las nuevas herramientas o bien continuar trabajando con una menor efectividad utilizando las tradicionales herramientas de piedra. Por el contrario, los que pueden ponerse a tono con las nuevas tecnologías desarrollan un modelo de vida comercial que supera en mucho la organización agrícola neolítica. Este desarrollo del comercio y aumento de la riqueza personal, además de producir un crecimiento de la población antes del año 3.000 a.C., creó las impresionantes- estructuras urbanas del Cercano Oriente. Estos cambios afectaron de dos maneras las regiones periféricas: a) la arquitectura y la industria en los, lugares colonizados se hicieron más complejas cuando las aldeas se convirtieron en ciudades; b) se aumentó la movilidad entre las tribus que conocían las nuevas técnicas pero que no tenían territorios propios. Esto condujo

a colonizar nuevas costas e islas. Se produjo así una gran variedad de movimientos desde Anatolia, a través de las islas egeas hasta la mitad oriental de Grecia. Creta también recibió sin duda a grupos de marinos anatolios, lo mismo que Macedonia y Tesalia.

Con la Edad del Bronce comienza el tradicional sistema cronológico de tríadas adoptado por los arqueólogos a partir del sistema creado por sir Arthur Evans para la cronología cretense. Se denomina Heládico al período del bronce de la Grecia propiamente dicha, Minoico al de Creta y Cicládico al de las islas. Cada uno de ellos ha sido subdividido en tríadas: Antiguo, Medio y Tardío (o Reciente), las que, a su vez, han recibido otras subdividones: I, II, III. Por ejemplo el Heládico Antiguo puede ser dividido así: H A I,,H-AII, H A III

Estas subdivisiones, que a simple vista son de un gran atractivo lógico, resultan claramente desafortunadas en la práctica a causa del diferente ritmo existente entre el Heladico, el Minoico y el Cicládico. Es una verdadera camisa de fuerza para los investigadores actuales impuesta por los -del siglo XIX.


Heládico Antiguo:



El heládico Antiguo dura probablemente la mayor parte del tercer milenio a.C. y corresponde, con cierto margen de seguridad, Reino Antiguo y al primer periodo intermedio en Egipto; al Protoliterarioa, al Dinástico Anterior:-(.Ur I), al Acadio y Neosumerio en Meotamia; a Troya I y II, etc.

Debido a que Lerna es el lugar excavado más recientemente (1952-1958) y el más impresionante en cuanto a edificios, bien puede servir para mostrarnos las características básicas del período. Lerna, está en el fondo de la bahía de Nauplia en la Argólida. Hay dos motivos para asegurar que en Lerna se conervaba riqueza: la ambiciosa construcción denominada Casa de las Tejas y los sellos de los nes que se conservaban en su interior.



La Casa de las Tejas debe su nombre a la gran cantidad de tejas caídas del techo dentro del edificio cuando éste ardió y, se derrumbó. Tiene 25 m de largo por 12 m de ancho y poseía fortificacíones.

Este tipo de palacio, sí bien rudimentario, causa la impresión de un poder concentrado, aunque no debemos pensar en términos de "palacios" y "reyes" en el sentido histórico posterior. Como la polis clásica, pero en menor escala, cada población controlaba las tierras agrícolas y la cercanías a la costa dentro de un radio de aproximadamente 10 o 15 km.

La sociedad del H A era agrícola y comerciante. Cultivaban el trigo, la cebada, el olivo y a fines del período ya comienzan a plantarse viñedos. Se criaban los mismos animales domésticos que en el período neolítico: ovejas, cabras, cerdos. Los bueyes eran poco comunes y probablemente costaban mucho. Las mujeres del H A eran buenas tejedoras si juzgamos por las dimensiones de los telares que sobreviven.

Dos tipos de en entierros aparecen como propios de este período: la inhumación simple y la costumbre de amontonar varios cuerpos en hendeduras en la roca viva. Comienza a aparecer la costumbre de colocar artículos de arreglo personal junto a los muertos, lo que supone indudablemente una creencia en la supervivencia de ultratumba.

Poco más es lo que podemos saber acerca de su religión.La Grecia del H A no hizo ídolos femeninos en la cantidad y el gran estilo del Neolítico, lo cual sugiere un cambio en las creencias religiosas. Sólo se han encontrado unas cuantas figuras de terracota, vestidas y regordetas, con caras picudas, que a veces tienen fajas de pintura vidriada. A partir de estas figuras poco es lo que podemos reconstruir de las creencias religiosas, salvo que la fuerte impresión que causa el culto neolítico a la fertilidad y al matriarcado se ha esfumado. El H A es un mundo de contactos costeros. El comercio era realmente activo entre el continente griego y las islas vecinas, en el que los productos cicladicos como ídolos, diademas, artículos de cosmética y algo de cerámica se cambian en las poblaciones costeras seguramente por productos agrícolas.



Las Cícladas



El grupo de pequeñas islas llamadas Cícladas desempeñó un papel de importancia en la edad del bronce griega. Estas islas forman el puente central sobre el Egeo, entre Grecia y Asia. Su tamaño varía entre el de Naxos (442 kM2) y el de los pequeños promontorios rocosos que emergen del mar. Aunque muchas son inhospitas y ofrecen pocas posibilidades de vida¡ algunas poseen un interior bastante fértil. La mayoría de sus habitantes vivían, entonces como ahora, de la agricultura, la cría de animales pequeño, y la pesca. Sus costas rocosas, son, salvo excepciones, impracticables para los barcos modernos, pero ofrecían mejores puertos a los barcos de la Edad del Bronce. Ello explica su importancia para los contactos comerciales de ésta época.

Carecieron de fase neolítica importante pero alcanzaron un rápido florecimiento a principios de la Edad del Bronce hasta lograr un apogeo que no volvieron a conocer en tiempos posteriores. Las causas de este florecimiento permanecen, en la mayoría de los casos, en la oscuridad, como también las causas de su decadencia. De las Cícladas partió la producción de unas figurillas humanas muy estilizadas y despersonalizadas que se distribuyeron ampliamente por Grecia continental y Creta. De un tamaño que oscila entre unos pocos centímetrcia y, en uno o dos casos, metro y medio, parecen haber sido hechas para acompañar a los muertos en sus tumbas y satisfacer sus necesidades.

A diferencia de las figuras neolíticas, las esculturas femeninas cicladicas carecían de rasgos sexuales exagerados, de modo que no puede aplicarse a ellas la denominación de "diosas de la fertilidad".



En cuanto a la isla de Chipre, los testimonios arqueológicos sugieren que, a principios de la Edad del Bronce, Chipre estaba más orientada hacia las influencias del Levante que hacia Occidente. Los siglos siguientes presenciaron un rápido crecimiento de la población y la aparición de centros notablemente ricos en la costa meridional y la oriental en clara relación con el comercio oriental. Luego, durante los siglos XV y XIV a.C., los influjos y los objetos egeos parecen desplazar gradualmente a los orientales, tanto que a fines de la Edad del Bronce puede decirse que Chipre pertenece al ámbito egeo. No cabe duda de que este cambio está en relación con el florecimiento de la cultura micénica en la península griega. Seguramente en esta época Chipre constituía una verdadera potencia hasta que los llamados Pueblos del Mar acabaron con ella junto con muchos otros núcleos de Siria y Asia Menor.



El Heládico Medio. La llegada de los griegos



Aproximadamente alrededor del 2.200 a.C. se advierte en Grecia la destrucción más o menos completa de buen número de yacimientos importantes en la Argólida; algo similar parece haber ocurrido en el Ática y las Cícladas. Hasta el momento se ignora hasta dónde puede haberse extendido la devastación en Grecia. Coincide en forma llamativa, al otro lado del Egeo, en Anatolia, con el desastre más o menos simultáneo de Troya II. Los testimonios arqueológicos están plagados de cambios de toda índole, pero no es frecuente algo tan masivo y abrupto como lo que parece haber sucedido en este momento. En Grecia no habría de volver a ocurrir nada parecido hasta fines de la Edad del Bronce, mil años más tarde.

Centros que eran ricos y poderosos, con una larga historia de estabilidad y continuidad, se derrumbaron literalmente y lo que vino después fue completamente diferente. Cabe preguntarse si no existe relación entre estos cambios y la llegada simultánea de gentes que hablaban griego (o lo que había de ser el griego) a un lado del Egeo y de pueblos que hablaban otras lenguas indoeuropeas emparentadas entre sí (hitita, luvita, palaíta), a la orilla oriental.

La difusión de lenguas indoeuropeas reconocibles en el segundo milenio a.C. es el más complejo proceso histórico en la arqueología lingüística. Se extendieron desde la India hasta las Hébridas y suscitaron las emociones nacionalistas de los investigadores románticos en el siglo XIX. Los estudiosos serios han abandonado la concepción del "pueblo indoeuropeo" como dotado de temperamento, maneras e instituciones caracteristicas, el cual había barrido la tierra reemplazando las culturas que encontraba por la que traía consigo desde algún hogar de origen hipotético. Ni en Grecia ni en Anatolia hay testimonios válidos de que tal cosa haya sucedido. El gran poderío de -la cultura hítita en la da mitad del segundo milenio y la cultura micenica son, casi con certeza producto de perfeccionamientos ocurridos en Anatolia y Grecia respectivamente, no algo importado en el ímportado en el area por una única inmigración de conquistadores.

A pesar de ello, es necesario tener en cuenta una serie importante de hechos reales. Llego un momento en que Grecia y las islas es unificadas lingüísticamente, con diferencias meramente dialectales que son fáciles de explicar. La lengua griega pertenece a la familia indoeuropeo, la que ya en la Antigüedad se extendía desde las orillas del Atlántico hasta Armenia y el norte de la India. Por sus características específicas los filólogos han distinguido dentro de esta familia dos grupos designados con el nombre correspondiente al número cien en sánscrito y en latín respectivamente.



El grupo satem (o grupo oriental) y el centum (u occidental) al que corresponde el griego. Hay testimonios convincentes de que estas lenguas no eran indígenas en esos territorios y que tropezaron con lenguas anteriores, quizá más ricas, que no podían dejar de influir en ellas.

No es posible, pues, evitar llegar a la conclusión de que un movimiento de pueblos acompañó a la expansión territorial de estas lenguas. Lo que debe descartarse es que se tratara de un único movimiento masivo, y sí de oleadas sucesivas a partir de centros de expansión diferentes y en diversas direcciones.



Hipotéticamente puede sugerirse que este movimiento se refleja en las ya mencionadas destrucciones en Grecia, Troya y seguramente en Anatolia, a principios del segundo milenio a.C.

Sin embargo, no debemos caer en la tentacion de pensar en una afinidad racial bien definida entre estos primeros griegos y los de la época clásica. Tampoco podemos asegurar que la lengua que hablaban pudiera identificarse con el griego posterior, el cual en sus dialectos conocidos: jónico, dorico, eolio y sus variantes, quedó definitivamente constituido en el período que siguio al hundimiento del mundo micénico, es decir, después del 1.200 a.C..



La mayoría de los investigadores vinculan la llegada de estos primeros griegos con la aparición de la cerámica denominada "miniana". Schliemann le dio este nombre porque encontró las primeras manifestaciones en Orcomenos (Beocia) donde vivió el legendario y fabulosamente rico rey Minyas. Esta cerámica es de un estilo característico, hecha ya en torno, con una textura jabonoso, inspirada sin duda en utensilios metálicos. Se difundió notablemente por Grecia, las islas y parte occidental de Anatolia desde el 1.900 a.C., o sea, desde principios del H. M. I. Ya dijimos que para muchos esta cerámica fue traída por inmigrantes que se identifican con los griegos. Sin embargo, se ha hallado en Lerna y en otros lugares,cerámica hecha en tomo, correspondiente al H. A. I[II, que se distingue poco de la miniana salvo por ser más primitiva. ,



El período del heládico medio es de una característica pobreza cultural. No hay una arquitectura ni un arte notables, salvo en lo que se refiere a la cerámica. Se introdujeron pocas innovaciones, en el campo de la agricultura; en el de la ganadería la más importante fue la introducción del caballo traído sin duda por los indoeuropeos.

Aparaece así una nueva costumbre funeraria desde principios del H M. Se cavan tumbas en forma de cajas poco profundas, las llamadas cistas, cubiertas con lajas de piedra. Al principio eran tan pequeñas que los cuerpos se colocaban en ella contraídos en posición fetal, y sin ningún acompañamiento de bienes. Luego se hacen más grandes, con el muerto en posición extendida y acompañado con ofrendas. En realidad, ninguno de estos rasgos funerarios es nuevo pues estaban extendidos en las Cícladas desde hacía siglos. Lo nuevo es la costumbre de situar las tumbas de los niños, y a veces de los adultos, bajo el suelo, dentro de las casas. Esta costumbre, nueva en Grecia aunque vieja en Oriente, no ha encontrado todavía una explicación satiafactoria. La pobreza cultural del H M, el que solo podemos conocer por los datos arqueológicos pues falta completamente la escritura, contrasta notablemente con la explosión de grandeza y magnificencia del, Heládico Tardío o Reciente. El hecho más significativo revelado por la arqueología es que, desde el principio mismo del H M, aparecen objetos e influjos cretenses.

Conviene, pues, dar una ojeada a la cultura desarrollada en esta isla.



Creta y su cultura



Situada a igual distancia de Europa, Asia y África, la isla de Creta era considerada en la Antigüedad como el centro del mundo. Segunda isla del Mediterráneo Oriental después de Chipre, tiene una superficie de 8.275 km2. Su longitud es de 260 km y su ancho oscila entre los 60 y los 12 km.



Actualmente es un territorio inhóspito y en gran parte desierto a causa del mal trato dado por el hombre. Está recorrida la isla por una cadena de montañas. calcáreas, las Montañas Blancas, que por el oeste son casi inaccesibles.



En la Antigüedad, Creta gozaba de una justa reputación por sus prados y sus pastos, sus bosques de encinas y cipreses, sus vinos y la abundancia de buenos puertos en la costa norte y oriental.

Los asentamientos neolíticos en Creta se remontan aproximadamente al 6.000 a.C. y se encuentran especialmente en las cuevas que abundan en las montañas. Hay allí enterramientos y lugares de culto. Sin duda durante este período hubo contacto con las Cícladas, especialmente con Melos, de donde llega la preciosa obsidiana para fabricar instrumentos.

El cobre y luego el bronce aparecieron tardíamente en Creta, no antes del 2.300 a.C. Para esta época los habitantes de la isla se habían agrupado en aldeas, abandonando las cuevas (nunca del todo), habían crecido en número y habían progresado mucho en la técnica. Al principio de la Edad del Bronce los principales asentamientos se encontraban en la parte oriental de la isla, pero luego fueron desplazandose hacia el centro.

Las nuevas influencias culturales que acompañaron la introduccion de los metales proceden especialmente de Anatolia, Siria, e indirectamente de Egipto.

Sir Arthur Evans, quien fue el primero en iniciar las excavaciones arqueologicas en Creta y el descubridor del palacio de Cnosos, trato de reconstruir la cronología de la Creta antigua y de establecer correspondencias con la historia de Troya, las Cícladas, la Hélade y tambien con Egipto y Mesopotamia. Para ello se basó en los objetos anatolios , sirio-fenicios y egipcios encontrados en Creta y los objeto cretenses que los arqueólogos habían encontrado en Oriente.

Denominó al período comprendido entre fines del Neolítico y la invasión de los dorios con el nombre del legendario rey de Cnosos, Minos. Califico, pues, de minoica a la civilización desarrollada en Creta. Basándose en la cerámica distinguió dentro del minoico tres épocas; un Minoico Antiguo (con cerámica ahumada, frecuentemente de un solo color), un Minoico Medio (con la cerámica llamada de Camares de decoración policroma sobre fondo oscuro) y un Minoico Reciente (con cerámica de decoración oscura sobre fondo claro). Estas épocas se dividen a su vez en períodos y fases.

La cronología de Evans tiene sus puntos débiles y ha tenido que ser rectificada pues recientes hallazgos arqueológicos han introducido profundas transformaciones en la cronología del -Oriente Antiguo.

Durante el Minoico Antiguo comienza el gran desarrollo comercial de Creta, especialmente los puertos situados al oriente de la isla. Cuando aún Cnosos está en una fase subneolítica, el emplazamiento de Mallia es una verdadera metrópoli. El papel de la Creta oriental, abierta a las influencias de Anatolia, parece esencial en el desarrollo de la civilización minoica.

Esta civilización que comienza a esbozarse en el M A llega a un súbito esplendor en el M M (entre el 2.000 y el 1.600 a.C.). Fue la edad de oro de Creta durante la cual se acabó de realizar la "revolucion urbana", se edificaron los grandes palacios decorados con frescos de asombrosa belleza, las artes menores (vasos, joyas, sellos) alcanzaron su perfección y se organizó un tipo de sociedad que poseía valores muy diferentes a todos los de su época.

Uno de -les aspectos más interesantes y originales de esa cultura es indudablemente, la escritura. Su evolución primero consistió en una especie de pictografía a la que Evans denominó "jeroglífico" por analogía con la escritura egipcia. Más tarde este tipo de escritura se esquematiza en un sistema en el que cada signo representa una sílaba. Evans llamó a esta escritura "lineal A", de la que salió un tercer tipo de escritura utilizada en Cnosos: el "lineal B". Este último tipo no se ha hallado en el resto de Creta, aunque si en la Grecia continental. Todos los esfuerzos realizados para descifrar el lineal A han sido infructuosos. No ocurre lo mismo con el lineal B. El búlgaro Georgiev sostuvo la hipótesis de que las tablillas encontradas en Creta y en Grecia, escritas con el sistema del lineal B, reproducían una lengua indoeuropea muy próxima al griego. Esta idea fue compartida por el filólogo inglés Chadwick, quien ayudado por Ventris, descifrador de claves de la RAF durante la guerra, logró el desciframiento de las tablillas y con ello demostró que estaban escritas en griego arcaico.

El hecho de que hacia el 1.450 a.C., fecha en que el palacio de Cnosos alcanza su apogeo, se habla allí el griego,nos indica que los verdaderos amos del palacio no son ya cretenses sino los aqueos continentales.

Estos tipos de escritura cretense los conocemos a través de unas cuatrocientas tablillas de arcilla en forma de hoja, la mayoría de las cuales son simples fragmentos. Estas tablillas han sobrevivido por casualidad pues no se cocían y se tiraban cuando no eran neas; sólo los grandes incendios que acompañaron la destrucción de los palacios conservaron las tablülas que estaban en uso. Los textos consignados en ellas son breves y muy poco importantes en lo relativo a la vida espiritual pues se componen de listas de artículos, registros de propiedades, nombres de-servidores y funcionarios, etc.



Aun cuando el desciframiento (no logrado aún con absoluta certeza) de estas tablillas escritas en lineal B nos haya proporcionado algunos datos interesantes, especialmente en lo que se refiere a la historia de la lengua griega, la mayor parte de nuestros conocimientos relativos a la cultura cretense proceden de los restos materiales.



Puede afirmarse que las necesidades del poder impulsaron al desarrollo de la escritura con más fuerza que las exigencias intelectuales o espirituales. El rápido crecimiento de los recursos naturales y humanos, unido a . una concentración social y geográfica del poder, determinaron la edificación de los grandes palacios cretenses desde los cuales era dirigida toda la administración económica. Esto se comprueba con el hallazgo en Cnosos de tablillas en las que abundan las listas de personal e inventarias. de mercancías.



El indudable poderío económico de Creta, y especialmente Cnosos, nos lleva al discutido tema de la talasocracia o imperio marítimo minoico al que hacen referencia los historiadores griegos de la época clásica. Herodoto y Tucídides hablan de este dominio, pero su relato es demasiado tardío para que el dato pueda tomarse muy en serio. Suele apelarse a la leyenda de Teseo y el Minotauro para hablar de la sujeción de Atenas al señorío cretense. Sin embargo, es curioso que, precisamente, Atenas no muestre restos arqueólogicos de influencia cretense que tanto abundan en el resto de Grecia.



También se aduce el carácter abierto de los palacios cretenses y la falta absoluta de fortificaciones, para reafirmar la existencia de ese dominio marítimo. Debemos tener en cuenta que las amenazas por mar no han sido nunca la única causa de las fortificaciones. Ellas no explicarían, sin duda, las formidables murallas de Micenas y Tirinto.

Posiblemente la falta de esas fortificaciones deba mejor atribuirsele al caracter pacífico de la civilización cretense que tan bien se manifiesta en la ausencia de elementos guerreros en las pinturas murales o en los ajuares funerarios. Estos elementos guerreros en las pinturas murales o en los ajuares funerarios aparecen únicamente cuando individuos de habla griega, procedentes del continente, dominan el palacio de Cnosos. De cualquier modo, aunque no haya existido un, imperio marítimo cretense en el estricto sentido de la palabra, no puede negarse un predominio cultural que se manifestó en gran parte del mundo egeo. Veamos algunos aspectos sobresalientes de esta original civilización.



Religión



Como en todas las sociedades, especialmente las antiguas, la religión ocupaba un lugar destacado. No podemos, sin embargo, tener una idea exacta de ella pues carecemos de textos escritos, al menos por el momento, ya que su escritura no ha podido ser descifrada. Hay abundancia de restos arqueológicos y artísticos pero el significado profundo de estos restos se nos escapa.

Sin duda, uno de los rasgos más característicos de esta religión es la abundancia de símbolos cuya presencia bastaba para crear una atmósfera divina, sin necesidad de la epifanía del dios.

Pero este simbolismo se combina también con un innegable

antropomorfismo.

Entre los símbolos más importantes está el pilar. Sin duda, en tiempos remotos, los betilos (rocas que emergen del suelo, aerolitos caídos del cielo, estalactitas de las cavernas) fueron objeto de culto. Posteriormente este culto se cambio por el del pilar que, mas que un elemento arquitectónico, aparece como el símbolo de los poderes estabilizadores de la divinidad.



La doble hacha o bipennis es un símbolo tan característico de la religión cretense como la cruz para el cristianismo o,la media luna para el islamismo. Se la encuentra en los frescos murales, en los vasos, las gemas, sortijas, ete. ¿Cuál es su significado? Existe una palabra de origen cario, "labrys", que significa doble hacha. En Labranda, en Caria (Asia Menor), se adoraba en tiempos históricos a Zeus Labrandeo, el dios de la doble hacha. Como los pueblos primitivos de Creta y de Caria estaban indudablemente relacionados, resulta natural suponer que también en Creta se adoraba al dios de la doble hacha. Esa doble hacha puede identificarse con el rayo. Pero si nos atenemos exclusivamente a los testimonios cretenses comprobamos que la doble hacha nunca aparece en las manos de un dios masculino. Esto descarta " la posibilidad de que simbolice el rayo pues éste siempre es atributo de divinidades masculinas. Es' posible pensar que la doble hacha fuera el instrumento destinado al sacrificio de los animales consagrados a la divinidad. Con el tiempo este instrumento pudo llegar a convertirse en un símbolo del culto.

El escudo bilobulado es otro frecuente símbolo de la religión cretense. Como arma defensiva pudo en un principio simbolizar la fuerza antes de pasar a ser atributo de una diosa.

Los cuernos de consagración aparecen frecuentemente 'sobre los altares y lugares de culto. Es un objeto formado por dos puntas córneas reunidas en pareja sobre un grueso travesaño. Sin duda están ligados al culto del toro, procedente de Anatolia, y que tuvo en Creta mucha importancia, como se desprende de la representación de escenas de tauromaquia, desde luego con un carácter sagrado. Con seguridad puede decirse que estos cuernos constituían el lugar de consagración pues los objetos sagrados están colocados entre ellos. El árbol ocupa también un lugar destacado en las representaciones de escenas relacionadas con el culto. El pino, la palmera, el olivo, el ciprés, son honrados en Creta. No se trata de un culto simple y primitivo del árbol sino que está relacionado con los dioses antropomórficos. En esas escenas representativas del culto arboreo desciende por el aire un dios con lanza o escudo o bien un pájaro. Este ultimo constituye generalmente la forma que adoptan los dioses para manifestarse. Quizá se viera una manifestación del dios en cualquier pajaro que volara cerca en el momento de realizarse un sacrificio.

Un aspecto indudable dentro de la religión cretense es el predominio de las divinidades femeninas; las masculinas aparecen mucho menos y se distinguen por la lanza o el escudo.



Aunque subsisten abundantes dudas o discrepancias, puede aventurarse la opinión de que en Creta, lo mismo que en Anatolia, existe una supurioridad de las divinidades femeninas sobre las masculinas, contrariamente a lo que es frecuente en las sociedades patriarcales de origen indoeuropeo. En las frecuentes representaciones de estas divinidades femeninas hay indudables reminiscencias del culto de la gran Madre de Asia Menor. Sentada al pie del árbol de la vida, aparece generalmente acompañada por animales: serpientes, leones, palomas, etc. Se la encuentra también con casco y armas, convertida en diosa guerrera, que dispensa la muerte igual que da la vida. Representada sobre una barca, se supone que protege la navegación. También tiene dominio sobre el mundo subterráneo, infernal. La presencia a su lado de la serpiente atestigua su origen ctónico.

Esto no debe inducirnos a suponer la existencia de un monoteísmo cretense. Abundan, en cambio, las divinidades femeninas con atributos diferentes la que, a través de la religión micénica, sobrevivieron en el panteón griego.



Los cretenses no elevaron templos a sus dioses sino que tenían lugares especiales destinados al culto. Entre ellos se destacan las cuevas, tan abundantes en el territorio montañoso de la isla. En tiempos remotos constituyeron lugar de habitación que, al ser abandonadas por las aldeas, continuaron como recinto sagrado. No olvidemos que

en el posterior culto de Zeus, el mito lo relacionaba con el monte Ida, en una de cuyas cuevas encontró refugio al escapar de la vorade su padre Cronos. También en las cumbres de las montañas aparecen instalaciones de culto, las que por otra parte, abundan en las moradas sobre todo en los palacios.



Las ceremonias consistían en sacrificios de animale, libaciones, ofrendas de las primicias de frutos o granos, procesiones, danzas y juegos. El más importante era el de la tauromaquia, muy bien representado por las pinturas murales del palacio de Cnosos.



En cuanto a las creencias en una vida después de la muerte, estan manifiestas por la abundancia de objetos usuales colocados junto al -muerto en sus tumbas. De esa manera quedaba asegurada su subsistencia en el más allá. Se desarrolló un culto funerario que incluía hasta sacrificios sobre las tumbas. Posiblemente el culto griego posterior del héroe tenga su origen en estos rituales cretenses.



El arte cretense



Aunque ya durante el neolítico la cerámica cretense revela caracteres originales, el arte de la isla cobra esplendor en el Minoico Antiguo, posiblemente por influencias orientales.



Tres artes sobresalen en esta época: la cerámica, la orfebrería y la glíptica. Hay una fuerte tendencia al realismo que se manifiesta en la representación de muchos animales, tanto en los vasos cerámicos como en las joyas y los abundantes sellos de piedra o marfil. Al final de este período se introduce en Creta el empleo del torno de alfarero, factor decisivo para la industrialización de la cerámica. Estos progresos técnicos y el refinamiento del gusto dan al arte cretense una supremacía y originalidad que supera sus modelos orientales y egipcios.



En arquitectura, el Minoico Medio es la época en que se cons-



truyen los primeros palacios, los que serán destruidos hacia el 1.700 a.C., seguramente por un cataclismo, y posteriormente restaurados.



Se trata de construcciones poco imponentes: una yuxtaposicion de salas unidas por corredores, sin preocupación alguna por la unidad, pero dotadas de un encanto sorprendente que nace de las terrazas superpuestas, las hileras de pórticos y las entradas monumentales. Abundan los pequeños patios interiores para ofrecer luz y aire a los habitantes del palacio y se muestra una preocupación por el confort en el empleo de conductos que llevan el agua a las dependencias. Estos palacios los encontramos principalmente en Cnosos Festos y Mallia.



Estas residencias principescas estaban ricamente adornadas con frescos para los cuales los artistas se inspiraban en el mundo vegetal y animal. Sin embargo, al final del período las escenas con animales se hacen más raras, los paisajes desaparecen, la pintura reserva el fresco para las ceremonias del culto y otorga el primer lugar a la figura humana.



En escultura se muestra, como siempre, la falta de obras de gran tamaño, el artista gusta de las obras pequeñas y- fáciles de transportar, prefiere la esteatita, el marfil o la arcilla al mármol. Abundan las representaciones desfiguras femeninas vinculadas sin duda al culto, como por ejemplo la llamada "diosa de la serpiente".



En la cerámica se logran sorprendentes y maravillosos resultados utilizándose abundante colorido, esmaltes y elementos decorativos de gran belleza, como los animales marinos y las plantas. Surge así el llamado "estilo de Camares".

En cuanto a la orfebrería los artistas cretenses se convierten en maestros del trabajo en oro y plata con incrustaciones de piedras preciosas. Sus joyas constituyen un verdadero tesoro artístico.

A principios del Minoico Reciente, entre 1580 y 1450 a.C., el arte cretense alcanza su culminacion, que coincide con el apogeo de Cnosos en la isla. Las obras de los artistas no sólo se acumulan en los palacios, sino también en las casas de los ricos particulares.

Entre los más famosos frescos de esta época figuran el llamado "Rey sacerdote" y la "Parisiense". En la cerámica triunfa el estilo naturalista con adornos de delfines, flores y pulpos. Son también abundantes las estatuillas votivas, las joyas y los sellos de ónix y hematita.

En el Minoico Reciente II, posiblemente en coincidencia con la instalación de un dominio continental grecoparlante en el palacio de Cnosos, advertimos un cierto estancamiento en el arte cretense, preanuncio de una futura decadencia. Todavía encontramos hermosos frescos como el de los Toreros o de la Procesion. El primero se destaca por los moviminentos de los personajes y él segundo por la belleza de una de sus figuras, el "portador del ritón". También hay al modificaciones arquitectónicas, como el agregado del salón del trono al palacio de Cnosos. En cerámica florece el llamado "estilo palacio", en que la estilización reemplaza al naturahsmo anterior y se emplean motivos lineales y vegetales con una gran fuerza decorativa.

Contrariamente a lo que se ha afirmado tradicionalmente, la instalación de los griegos en Cnosos no trajo aparejada la ruina de Creta. Las tablillas en lineal B y la cerámica nos muestran que toda Creta prosperaba bajo esta dominación, sin interrupción de su comercio exterior e interior. Desde luego se, notan influencias. nuevas en la vida de la isla, sobre todo en el arte en que los temas militares se convierten en populares. Además también las tumbas revelan en sus ajuares una fuerte tendencia militarista. Pero nada hace suponer la catástrofe que acabaría con el poderío de Cnosos y de la cultura cretense.

Se desconoce cuándo (posiblemente hacia el 1400 a.C.) y por qué cayó Cnosos. Algunoa afirman que su destrucción fue obra de la violencia humana, pero otros piensan que sólo un terremoto podría ser el responsable de la ruina simultánea de tantas poblaciones distantes entre sí, como Festos, Hagia Triada, Mallia, Goumia, etc.



Si se trató de una guerra, pueden aventurarse muchas explicaciones pero no probarse ninguna de ellas.

Al no conocer los detalles de este colapso de la civilización cretense sólo podemos observar cómo ésta se transformó en el mundo griego posterior.



El Heládico Reciente. La civilización Micénica o Aquea.



En la época de los grandes palacios cretenses, es decir, hacia el MM, ocurrió algo en la tierra griega que dio un giro radicalmente nuevo a los acontecimientos de esta región y de todo el Egeo. Al apagado mundo del H M, sin grandes contactos con el Mediterráneo, siguio el deslumbrante mundo del HE, que se abrió plenamente hacia Creta, el Oriente, y aun Occidente. Permanece en el misterio lo que pueda haber ocurrido exactamente, dando pie a continuas especulaciones y controversias. Para algunos fue la influencia de la Creta minoica lo que sacó a Grecia de su letargo. Para otros (por ej., para M.P. Nilsson), la influencia cretense no bastaría para explicar por completo esta transformación. Hay también influencias nórdicas que podrían explicarse por la llegada de nuevos griegos, los denominados posteriormente aqueos. Estos, procedentes de los Balcanes, se instalaron primero en Tesalia pero luego se extendieron por otros lugares de Grecia, especialmente por el Peloponeso.

Cualquiera sea la explicación de este fenómeno, lo que interesa son sus consecuencias. Micenas, en la Argolida, se convirtió repentinamente en el centro poderoso y rico de una civilización de guerreros sin parangón en esta región. Pronto surgieron otros centros importantes en el centro y sur de Grecia, desde donde irradiaron influjos culturales hacia las islas del Egeo, las costas de Asia Menor y Siria por el Este, y hacia Sicilia y el sur de Italia por el Oeste. El hecho de que Micenas constituya uno de los focos más importantes de esta civilizacion ha llevado a aplicar el término "micenica" a toda ella. Sin embargo, es necesario evitar el error de creer que alude a una autoridad política centralizada, a una sociedad repartida por una extensa zona y gobernada desde Micenas. No existe ningún indicio que pueda respaldar esta afirmación.

Como preludio de esta floreciente civilización encontramos en Micenas, y sólo en Micenas, las llamadas "tumbas de fosa vertical", correspondientes al período de transición entre el H M y el HR (hacia el 1.600 a. C.).

El descubrimiento de estas tumbas constituye el más famoso de la Grecia de la Edad del Bronce y sus tesoros son, sin duda, los más admirados de todos los entierros prehistóricos. Schliemann descubrió estas tumbas en 1876 y de esa manera introdujo la civilización micenica en el mundo de la investigación, la cual, en cierto modo, todavía está en sus comienzos. El círculo de tumbas de fosa vertical descubierto por Schliemann recibe el nombre de "Círculo A". Mucho

tiempo después, en 1951, un grupo de arqueologos griegos descubrió

otro, el "Círculo B".

El "Círculo A" tenía seis profundas tumbas de fosa vertical, así como otras inhumaciones anteriores. Era el punto central de un gran cementerio prehistórico que se extendía hacia abajo, a lo largo de las laderas ubicadas al oeste de la población de Micenas. Posteriormente este grupo de tumbas quedó dentro del recinto de la ciudad cuando la Puerta de los Leones y el muro sudoccidental fueron construidos después del 1.300 a.C..



El "Círculo B", situado fuera de los muros, es mayor, más pobre y más antiguo. Del total de 24 tumbas, 14 son verdaderas fosas verticales. Por las excavaciones realizadas en el "Círculo B" puede ahora verse claramente cómo se hicieron estas tumbas. En el lecho rocoso se excavaba un pozo rectangular que llega a tener hasta 4 metros de profundidad. Despues los trabajadores hacían paredes artificiales formadas por piedras pequeñas o por ladrillos contra las murallas de roca, hasta la altura de la cintura del hombre, y extendían una capa de guijarros sobre el piso. El cadáver se hacía descender sobre una piel o por medio de cuerdas. Su atavío funerario se completaba con piezas de oro y, especialmente, con mascarillas del mismo metal que seguramente recibían su forma sobre el rostro mismo del muerto. Luego se colocaban vigas a través de la parte superior de las paredes interiores para sostener un techo de ramas unidas con barro. Después se llenaba con tierra la parte superior de la excavación casi hasta la superficie; se celebraba alguna ceremonia fúnebre consistente en comer carne y beber vino, se arrojaban sobre la tierra los huesos y las copas rotas. Luego se cubría todo con tierra hasta formar un pequeño montículo y se ponía una estela funeraria cuando se trataba de una tumba importante. Como estas tumbas contenían varios cadáveres, en cada entierro posterior habíá que ir abriendo la tumba desde arriba, colocar el nuevo cuerpo y rehacer el trabajo.



El ajuar funerario de estas tumbas es riquísimo. Se empleaban todos los materiales suntuarios tradicionales, el oro sobre todo, y éste en tal cantidad y tan bien trabajado que solo puede compararse, en la Antiguedad,con los hallazgos de las tumbas escitas, posteriores en mil años. Además de muchos ornamentos y joyas trabajados en delicada filigrana, hay cantidad de espadas y atributos guerreros. Tanto en las técnicas empleadas como en los estilos artísticos hay influencias de otras culturas, especialmente orientales e incluso de Creta, pero hay muchos rasgos originales atribuibles exclusivamente a artesanos micenios.



Quienes quiera que fuesen los hombres y mujeres enterrados en -estas tumbas, no hay duda de que poseían una estructura de poder económica y política diferente a todo lo que Grecia había conocido hasta entonces. Si fueron aventureros nativos procedentes del Heládico Medio hay que tratar de explicarse cómo llegaron a poseer tantas riquezas y por qué se apartaron tanto de la tradición.

Si son extranjeros,., sus víncidos apuntan especialmente hacia el norte. De lo que no cabe, duda es que esta aristocracia guerrera abrió nuevos horizontes a medida que se posesionó de Grecia con lo que puso los cimientos de lo que podemos llamar ya civilización micenia. La duración de esta civilización odemos limitarla entre las fechas 1550 a.C. y 1.100 a.C., fecha esta última en que se produce la llegada de los dorios.



El Heládico Reciente, en sus períodos I y II, nos demuestra un incremento en la técnica y el arte, así como una mayor concentracion de poder. Desde el punto de vista arquitéctonico no encontramos todavía los grandes palacios fortificados que causarán la admiración de los arqueologos, sino un tipo especial de construcción funeraria: las tumbas de bóveda o "tholoi". No se puede determinar con precision de dónde proceden las influencias que dieron origen a este espectacular tipo de tumba. Seguramente es el resultado de una serie de factores: un gusto megalítico propio de los micenios, datos recibidos acerca de'las pirámides de Egipto, nuevas técnicas aprendidas de Creta sobre el modo de cortar las piedras y, seguramente, un afán en los príncipes por superar a sus rivales en las construcciones funerarias.



Se trata de cámaras circulares abiertas en la ladera de un promontorio rocoso; un corredor o "dromos" conduce hasta la cámara desde el nivel natural de la superficie del suelo. Por una entrada profunda o "stomium" se penetra en el interior de la cámara. Esta ha sido techada mediante una estructura cupular de piedras dispuestas en anillos decrecientes hasta que una piedra fundamental puede taponar y pesar sobre el hoyo en la parte más alta. Lo que se ve exteriormente es un, pequeño montículo de tierra por encima del nivel del suelo, pues toda la construcción era cubierta con tierra. Podemos hacemos una idea del tamaño de estas tumbas por una de las más conocidas y tardías. El llamado "tesoro de Atreo", construido seguramente hacia el 1.300 a.C.. La cámara tiene 14,5 m de diámetro y 13,2 m de altura; el dromos es de 36 m de largo y el dintel sobre la puerta de entrada pesa unas 100 toneladas.



La época de las tumbas de tholos corresponde, sin duda, a un período de concentración de poder de tipo monárquico durante el cual se intenta cambiar el centro del poder de Creta a Grecia, en que se comienzan a introducir ciertos elementos de civilización como la escritura y en que los aventureros griegos se hacen presentes en Cnosos.

La forma en que estas dinastías reales se van extendiendo por la Grecia central y meridíonal puede determinarse en un mapa en que se señalen las "tholoi" erigidas, la mayoría de las cuales se construyeron durante el siglo XV a.C.

La riqueza artístico que nos muestran las ofrendas abundantes encontradas en estas tumbas revelan todavía la influencia cultural cretense, especialmente en la cerámica.

En pocos años, sin embargo, vemos cambiarse la dirección de estas influencias. El poderío de esta cultura micénica se nos manifiesta en los múltiples hallazgos dé cerámica en Sicilia y en el sur de Italia, en Rodas, Chipre, costas de Asia Menor y otros muchos puntos del Egeo. Las relaciones entre estos lugares donde se ha encontrado abundante cerámica micénica y los centros políticos de la Grecia continental, son muy difíciles de precisar. Algunos autores afirman que Rodas y Mileto eran colonias micenias pero ésta es una hipótesis imposible de demostrar, al menos por el momento.



Después del 1.400a.C. tuvo lugar en Grecia un cambio trascendental: en lugar de levantarse grandes cámaras funerarias se comenzaron a erigir los palacios-fortalezas. Los cinco principales encontrados hasta ahora son: Micenas, Tirinto, Atenas, Tebas y Pilos. Todos ellos, y también los de menor importancia, se asemejan más a los castillos medievales que a los complejos palaciegos abiertos de Creta.



De los palacios excavados, Tirinto y Pilos son los mejor conservados y los más interesantes. La mayor parte del palacio de Micenas cayó sobre la colina en que se levantaba; la Acrópolis de Atenas fue nivelada completamente y se construyó sobre ella; la fortaleza-palacio Cadmea en Tebas descansa debajo de una zona elegante de la poblacion moderna.



Estos palacios han sido construidos en colinas de elevación importante y sus muros tienen varias puertas o entradas desde las cuales se dominan los principales caminos que convergen hacia ellos.

La población interior puede tener varias calles principales, como en Micenas, y el palacio está situado en el montículo más alto por encima de las casas particulares y en ocasiones se comunica con ellas por medio de una rampa o de escaleras. El bienestar de la población era incrementado mediante la construcción de caminos y el abastecimiento de agua. Él sistema de caminos micenio era extraordinariamente avanzado para su época y formaba una larga red que conectaba a las principales poblaciones de Argólida y de Mesenia, y probablemente también a Beocia y el Ática. Había puentes de piedra y con frecuencia su superficie estaba cubierta con grava. Los carros de guerra y los agrícolas podían viajar por ellos con menos saltos que en la época clásica posterior. Los abastecimientos de agua eran también refinados. El agua pasaba por los barrios industriales y por el palacio en tubos de terracota y era sacada por medio de un sistema de canales subterráneos, algunos de ellos revestidos con piedra. En realidad, los micenios anticiparon casi todas las realizaciones que en el campo de la hidráulica conocieron los tiempos clásicos, salvo la invencion del cemento impermeable; cuando deseaban impermeabilizar utilizaban barro refinado o un emplasto de cal.



Los talleres de los artesanos, así como las salas de los guardias, los almacenes y las cocinas están junto a los palacios, en la parte posterior o a sus lados. El palacio siempre es el centro económico e industrial del conjunto, así como el centro civil y militar. Las poblaciones

aldeanas tenían sus habitaciones fuera del recinto amurallado, pero podían buscar protección en él en caso de ataque.

El palacio de Pilos, en Mesenia, ilustra con gran claridad el diseño de una población micenia. Las excavaciones que allí se hicieron, dirigidas por el profesor Blegen, han sacado a la luz uno de los planos más completos de un palacio de la Grecia micénica. Las abundantes tablillas escritas en lineal B que allí se encontraron ofrecen más información específica acerca de la función del palacio que cualquier otro sitio. La habitación principal, como en todos los demás palacios micénicos, es el "mégaron", compuesto por un porche anterior con columnas y una larga habitación cerrada, con un hogar central rodeado por cuatro columnas que sostienen una claraboya para expulsar el humo. Tras esta habitación hay una cámara destinada a almacén.



El mégaron es el núcleo principal del palacio, pero hay abundantes cuartos subsidiarios que son muy interesantes para comprender las actividades que allí se desarrollaban. Aunque estos palacios pueden válidamente ser comparados con los castillos medievales, no debemos llevar la comparación demasiado lejos. En efecto, una población como Pilos era mucho más que un albergue para el gobernante, su familia, servidores y tropas especiales. También servía como un depósito seguro de toda clase de productos y como central de intercambio tanto de los productos elaborados en los talleres del palacio como de los que procedían de las aldeas colocadas bajo su dominio economico. Estas ciudadelas representaban, por primera vez en Grecia, verdaderos centros de población.



Debido a sus funciones de almacenamiento y de intercambio gran parte del palacio estaba destinada a finalidades comerciales, aunque sorprende la gran cantidad de habitaciones adornadas y decoradas con pinturas. Estos frescos, de indudable influencia cretense, muestran escenas de la vida diaria; damas sentadas en las ventanas contemplando lo que ocurre en el exterior, soldados ejercitándose, animales, elementos decorativos como escudos bilobulados, ete.

El moblaje de estos palacios debía ser muy simple, aunque poco es lo que ha sobrevivido ya sea al incendio o a la destrucción. Estaba, constituido por mesas, sillas, escabeles, lechos pequeños, perchas para colgar las ropas o algún cofre.

Como ya dijimos, lo más característico de estos palacios, en el aspecto artístico, es la pintura al fresco: es la expresión más ilustratíva de la cultura micénica y más llena de espíritu.

A pesar de ello no hay diferencias esenciales con respecto a la pintura cretense.

Se muestra allí la misma afición por la decoración abstracta y floral, las mismas procesiones, las mismas figuras estáticas, propias de los modelos cretenses.

Abundan más los temas guerreros que en las pinturas cretenses y hay un movimiento mayor, con fuerza dramática, pero en lo relativo a las formas siguen siendo de inspiración cretense. Afirmaciones similares pueden hacerse respecto de la cerámica micénica.

En cuanto a la escultura, lo mismo que en Creta, está ausente lo monumental, con excepción de la Puerta de los Leones de Micenas. Hay un gusto por lo pequeño, la miniatura, tanto en los marfiles como en la terracota y las gemas talladas. Parece extraño que estas dos civilizaciones, tan bien dotadas, hayan pasado por alto el progreso de la escultura monumental en Egipto y Anatolia. En Grecia, la ausencia de una tradición escultórica de gran tamaño es particularente extraña pues se extraía buena piedra de las canteras, la que sí era utilizada en una arquitectura monumental. La falta de modelos minoicos fue, probablemente, lo que demoró la aparición de una gran escultura. La ya mencionada Puerta de los Leones es una expresión tardía, cuando históricamente la cultura micénica estaba proxima a morir. Se trata de un altorrelieve tallado en el revestimiento del triangulo colocado sobre el dintel de la puerta de la ciudad. Son dos leones con el cuerpo de perfil y las cabezas (que han desaparecido) mirando hacia el frente. Ambos aparecen custodiando el pilar, elemento simbólico ya mencionado. Sin duda tenían un sentido religioso y alusivo, al mismo tiempo, a la doble autoridad, divina y política del rey. Están talladas con mucho realismo y su modelado es claro y limpio como si estuvieran talladas sobre marfil.

Donde sobresalieron sin duda los micenos fue en el trabajo

de orfebrería. Las piezas más hermosas se han reunido en el museo nacional de Atenas, donde podemos apreciar todo el esplendor de Micenas "rica en oro" según las palabras de Homero. Además de las famosas mascarillas encontradas por Schliemann en las tumbas del Círculo A, contamos con hermosos ritones de plata y copas como la que responde a la descripción que Homero nos trae de la copa de Néstor. En Vafio se encontraron dos vasos de oro en forma de cubilete con un firme sentido de la composición, y una claridad, muy alejados de los principios estéticos cretenses. En ellos estamos tratando de descubrir las primeras manifestaciones del espíritu griego. Uno de ellos muestra un paisaje montañoso con escenas de la vida de toros salvajes: un toro ha quedado prisionero en una red, en tanto que otros dos embisten furiosos. En el otro vaso aparecen ya, en un paisaje llano, dos toros domesticados.

Merecen también especial mención las armas de lujo que enriquecen las tumbas de los príncipes aqueos.

Un sincretiemo similar al que encontramos en el arte se nos muestra en la religion micénica. Tropezamos con enormes dificultades para conocerla con alguna precisión pues las tablillas en lineal B nos proporcionan muy pocos indicios, al menos por el momento. En cuanto al testimonio de Homero resulta sumamente peligroso pues hay en él numerosos agregados posteriores. Tampoco las manifestaciones artísticas nos proporcionan mayores datos y siempre están sujetas a interpretaciones diferentes. La abundancia de figuras divinas femeninas tanto en la cerámica y pintura como en la escultura puede inducirnos -de hecho ocurrió así durante mucho tiempo- a pensar que la religión cretense y la micénica eran idénticas. Gracias a los recientes trabajos de M. Parson Nilson y de Charles Picard se han podido establecer diferencias entre ellas.

La religión micénica es la síntesis de elementos nórdicos con elementos mediterráneos. Los indoeuropeos llevaron a Grecia su religion que adoraba divinidades uranias y pastoríles. Estas divinidades tropezaron con las que eran propias de las poblaciones agrarias mediterráneas, es decir, ctonicas y predominantemente femeninas. De la fusión de estas dos religiones diferentes surgió la religión micénica, con algunas otras influencias procedentes de Egipto y Oriente.

Este sincretismo explica por qué la religión griega posterior se aparta de otras religiones indoeuropeas, como la germana, la de Roma o de la India en las que sobreviven mejor los rasgos primitivos de las creencias indoeuropeas. Desde luego en la religión micénica los dioses tienen una importancia que equilibra o supera en algunos casos la de las diosas. Además hay en su panteón una organización jerárquica similar a la que encontramos en la sociedad humana.

En lo que se refiere al culto, las influencias cretenses-fueron mayores. Lo mismo que en Creta los lugares de culto están estrechamente vinculados a la vivienda humana y faltan también los templos. Abundan los ídolos, preferentemente femeninos, y también los símbolos sagrados.



En cuanto a las costumbres funerarias, éstas fueron variadas aunque, en. general, los muertos eran inhumados y no incinerados. Algunos de ellos, los antiguos dueños de estos palacios, designados con el nombre cretense de "heros" (posiblemente señor) recibirán un culto especial, como antepasados de las familias reinantes. Adquirirán así el carácter de potencias sobrenaturales, intermediarias entre los dioses y los hombres. Nace así, en el período micénico, el culto de los héroes, que continuará más allá de las invasiones doricas.

Relacionada con este culto hará su aparición la mitología heroica que atravesando la época, enriquecerá la literatura y el arte de la Grecia arcaica y clásica.

En cuanto a la organización social y política, el testimonio proporcionado por las tablillas en Lineal B viene a completar los datos bastante confusos brindados por Homero.

De acuerdo con esas tablillas comprobamos que la sociedad aquea estaba completamente jerarquizada. A la cabeza se encontraba el rey (Wanax en las tablillas; basileus en Homero). Estaba asistido por un funcionario llamado en las tablillas "lawagetas", cuyas funciones no han podido establecerse con precisión. Tal vez se trataba de una especie de gran visir o un comandante en jefe de las tropas. Por debajo de ambos existía una larga serie de funcionarios cuyos nombres conocemos, pero no sus funciones. Algunos de ellos cumplirían tareas administrativas, y otros, militares. También figuran en las tablillas nombres de sacerdotes y sacerdotisas, de acuerdo con las importantes tareas que cumplían dentro de la sociedad.

Por debajo de esta capa privilegiada se encontraba el "damos" o pueblo, para el cual existía una sistemática división del trabajo. Había profesionales, burócratas, artesanos de todo tipo, campesinos, y en la última escala, los esclavos. Estos procedían de las expediciones de saqueo como, seguramente, fue la toma y destrucción de Troya.

Los trabajos realizados por Georges Dumézil sobre mitología comparada muestran que la sociedad divina de los indoeuropeos se basaba en una división tripartita y trifuncional que se trasladaba a la sociedad humana. A las tres clases sociales de sacerdotes, guerreros y campesinos, correspondían tres tipos divinos que encarnaban la soberanía, la fuerza y la fecundidad. De allí la existencia de tríadas tan frecuentes en los pueblos indocuropeos. Tomemos por ejemplo a los pueblos indoiranios: la soberanía está representada por Varuna y Mitra, la fuerza por Indra, y la fecundidad por los Nasatya. (Para ampliar esta teoría puede consultarse la obra de G. Dumézil: Los Dioses de los Indoeuropeos. La sociedad en castas de la India manifiesta con rigidez esta división tripartita: los brahmanes cumplen funciones de gobierno y sacerdotales; los chatrias son los guerreros y los vaisias son la casta productora.



También en la sociedad aquea podemos encontrar resabios de la organización trifuncional de los indoeuropeos: dos clases privilegiadas nobles (funcionarios y guerreros) y sacerdotes, las que dirigían la clase productora del damos.



Los fundamentos económicos de esta sociedad los encontramos en la agricultura, ganadería, industria y comercio. Todas estas actividades alcanzaron un gran desarrollo en la época del apogeo micénico. La abundancia de objetos de esta cultura, encontrados tanto en el Mediterráneo oriental como en el occidental, revelan la expansión comercial de un mundo pleno je vitalidad.

Sin embargo, la existencia de tan macizas fortificaciones construidas en torno a los palacios aqueos parece indicarnos que entre ellos no se disfrutaba de mucha paz y concordia. El peligro que amenazaba a estos grandes señores no procedía tanto del mar como del propio continente. Las guerras entre ellos deben haber sido frecuentes y su poderío ya estaría muy debilitado y decadente cuando irrumpieron los dorios. Sin duda, el canto del cisne de esta civilización fue la expedición conjunta llevada a cabo contra Troya, al otro lado del Egeo.

La historia de Troya es, arqueologicamente hablando, una de lo más complicadas del mundo. Esta ciudadela, situada sobre una cadena de promontorios a pocos kilómetros del mar Egeo y los Dardanelos, que dominaba y gobernaba una fértil llanura adyacente, carece de restos del neolítico. Luego, a partir del 3.200 a.C. aproximadamente el lugar fue ocupado de manera ininterrumpida hasta el 1.100 a.C. De allí en adelante y hasta el 720 a.C. no volvió a ser habitado.

Se ha tomado la costumbre de distinguir en Troya ocho niveles arqueológicos diferentes cuya cronología aproximada es la siguiente:

 

Troya I 3.200 - 2.600 a.C. Troya IV 2.200 - 2.050 a.C. Troya VII a '1.300 - 1.240 a.C.
Troya Il 2.600 - 2.300 a.C. Troya V 2.050 - 1.900 a.C Troya VII b 1.240 - 1.100 a.C.
Troya HI 2.300 - 2.200 a.C. Troya VI 1.900 - 1.300 a.C. Troya VIIII después del 720 a.C.

Durante toda su larga fase de la Edad del Bronce Antigua, hasta quizá el 1.800 a.C., la arqueología troyana revela una notable continuidad cultural. No es que los tiempos fueran completamente pacíficos; hubo una serie de catástrofes periódicas que explican la existencia de cinco estratos superpuesto, pero a cada ruptura parece haber seguido una reconstrucción inmediata y no se muestran indicios de la aparición de elementos nuevos en la población. De todas estas Troyas, la da es la más rica y floreciente como lo demuestran los abundantes tesoros hallados por Schliemann, quien, equivocadamente, los atribuyó a Príamo.

Luego, hacia el 1.800 a.C., surge con Troya VI una nueva civilización que aparece sin prevío aviso, como aconteció en todo el Egeo con similares innovaciones importantes. Este período muestra una técnica militar avanzada, con murallas complejas y arquitectura en general perfeccionada, pero carece de tesoros y de obras estéticamente importantes. No es una coincidencia que las ruinas de Troya VI estén llenas de huesos de caballos, pues fue el caballo lo que dio a los nuevos ocupantes una ventaja militar decisiva sobre sus predecesores. Las cantidades de cerámica miniana primero y luego de la micénica encontradas en Troya VI indican una íntima vinculación con Grecia, hasta el punto que muchos arqueologos han lanzado la hipótesis de que en aquel momento Troya estaba en manos griegas o al menos de una clase dirigente griega.

El más grande misterio que rodea a Troya es que los troyanos no parecen haber enterrado a sus muertos. No se ha descubierto más que un pequeño cementerio de umas funerarias a 500 m de la ciudadela, y que parece haber pertenecido a Troya V. En consecuencia, el largo tiempo de ocupación y de esplendor de Troya VI que dura 600 años implica seguramente más de un millón de muertos en ese lugar. ¿A donde han ido a parar sus restos? Es un misterio. En cualquier caso la ausencia de tumbas convierte a la reconstrucción de la historia troyana en algo particularmente difícil. Por lo demás, los troyanos no tenían escritura o, si escribían, lo hacían sobre materiales perecederos tales como la madera o el cuero. No nos ha quedado nada. La arquitectura de Troya VI es más cuidadosa y menos megalítica, que la de Micenas. Casi da una impresión de lujo. Los Aqueos construían de un modo utilitario, únicamente para defenderse; los soberanos de Troya eran más amantes de la apariencia.

Troya estaba aislada del mundo asiático con el cual no tenía buenas comunicaciones naturales. Particularmente los troyanos parecen haber ignorado y haber sido ignorados por los soberanos hititas. Salvo dos pequeños sellos cilíndricos, no se ha encontrado, en todos los trabajos efectuados en el nivel de Troya VI, ningún objeto de origen oriental. Todas las importaciones son micénicas y la mayor parte son objetos de lujo. Esto prueba la gran afinidad de cultura existente entre Troya y el mundo egeo.

Troya era un reino habitado por una población, si no griega, al menos fuertemente helenizada, que se dedicaba principalmente a la cría de caballos y de ganado menor. Esto le permitió desarrollar una floreciente industria textil a fin de intercambiar sus tejidos por los productos de lujo venidos del mundo micénico.

Troya VI fue destruida por una catástrofe tan grande que es más razonable atribuirla a un movimiento sísmico que a causas humanas.

Troya. VIIa representa la continuación directa de Troya VI, pero todo esplendor ha desaparecido. Esta ciudad disminuida es la que coincide con la última gran fase de Grecia que comienza hacia el 1.300 a.C.. La cerámica miniana persiste, pero esta sociedad arruinada no estaba en condiciones de importar la magnífica cerámica micénica, orgullo de los banquetes de Troya VI. La industria textil parece haberdesaparecido y ya no existen artículos para el intercambio. Este aspecto es de mucha importancia para comprender las causas que impulsaron a los aqueos a emprender la guerra contra Troya. Troya VIIA desapareció en una inmensa conflagración producida por la mano del hombre alrededor de 1240 o 1230. La fecha de su caída está en relación con todos los problemas que afectaron el final del mundo micénico. Es obvio que no pudo organizarse una invasión micénica de Troya después de 1.200 a.C., pues las propias potencias griegas estaban sufriendo ataques y siendo destruidas.

En cuanto a las razones que pudieron impulsar a los aqueos a esta guerra, dejando de lado a Homero y la tradición épica, parecen haber sido simplemente las de un saqueo a fondo de esta ciudad que, si bien ya no era tan poderosa como la Troya VI, guardaba sin duda suficientes recuerdos del pasado esplendor como para despertar la codicia de los señores aqueos. Esta es, sin embargo, una de las tantas conjeturas y posibilidades que han sido formuladas sin comprobación, hasta este momento.



El final de la Edad de Bronce



En los archivos hititas se conservan unos veinte textos en los que se hace referencia al reino de Akhkhiyawa. Desde que se descifró la escritura hitita se ha intentado reconocer en los pobladores de este reino a los aqueos, denominación que los poemas Homéricos aplican a los griegos que participaran en la guerra de Troya y, probablemente, el nombre con que se designaban a sí mismos en la época micénica.

La mayoría de los especialistas acepta hoy esta identificación, pero subsiste el problema de la ubicación de este reino. Algunos piensan

que estaba en el continente, pero todas las probabilidades están en contra de opinión. Puesto que tal reino de Akhkhiyawa estaba lo suficientemente cerca del reino hitita como para amenazarle en la última etapa de su historia, es casi seguro que se trata de un reino aqueo ubicado en Rodas. En todo caso, los datos hititas no nos informan sino que las gentes de este reino, fueran o no griegos micénicos, tomaron parte, en la segunda mitad del siglo XIH a.C., en las hostilidades y actos de piratería que se produjeron contra las fronteras del reino hitita. Este fue destruido entre 1.200 y 1.190 a.C. Aunque no tenemos testimonios acerca del pueblo que lo destruyo, parece cada vez más probable que su ruina está vinculada a las devastaciones provocadas en el Mediterráneo oriental por una coalición de pueblos, mencionada por dos veces en las fuentes egipcias, con la equívoca denominación de "Pueblos del Mar". Al parecer se trataba de pueblos de la más variada procedencia que aún no han podido ser identificados, con excepcion de los filisteos.

Alrededor de esa fecha (1.200 a.C.) se produjo el abrupto final de la mayor parte de estas civilizaciones del bronce. Desde Tesalia en el norte hasta Laconia en el sur, hay al menos una docena de fortalezas arrasadas, entre ellas Yolco, Gla, Pfios, Micenas, etc.

Tanta destrucción es difícil imaginarla independientemente de los actos de piratería de los pueblos del mar y de los destructores del imperio hitita. También se registraron trastornos en regiones tan alejadas como Mesopotamia en el este e Italia en el oeste. Ello indica un amplio movimiento de pueblos no organizados en forma de una auténtica coalición, sino provocado por alguna causa que expulsara a aquellas gentes de algún lugar. Algunos piensan que el centro originario de estos movimientos estuvo en la región cárpato-danubiana de Europa. Otros prefieren creer que en el Asia Menor.

Por lo que se refiere a Grecia el ataque vino del norte, fuesen cuales fuesen sus orígenes remotos. Los intrusos penetraron con éxito y consiguieron destruir tanto las fortalezas del Peloponeso como la organizacion política que sostenían. Como el Peloponeso y Creta fueron en siglos posteriores la sede del dialecto dorico, muchos historiadores creen que estos invasores fueron "dorios", una rama de la inmigración de lengua griega que se había asentado en la parte noroccidental de la penínstúa, permaneciendo allí tal vez durante mil años, al margen de la brillante civilización del bronce que se desarrolló en el resto de Grecia. Luego comenzaron a moverse lentamente hacia el sur y su desplazamiento fue quizá una consecuencia del movimiento de pueblos producido en los Balcanes. Cuando hacia el 1.200 a.C. se rompió el equilibrio de poder existente en el mundo griego, aprovecharon su oportunidad. En realidad, ellos no ocasionaron la caída del imperio micénico sino que se aprovecharon de las condiciones generales existentes en ese momento y que, de todos modos, lo hubieran hecho caer.

La tradicion ha conservado un recuerdo muy vivo de este amplio movimiento de pueblos en el mito del retorno de los Heráclidas. Se decía que, después de muerto Héracles, sus hijos tuvieron que huir del Peloponeso por causa de su primo, el cruel Euristeo.

Varias veces sus descendientes intentaron retomar al Peloponeso pero fracasaron. Finalmente, un siglo después de la muerte de Heracles, sus descendientes recuperaron su reino. La tradición consideraba a los Heráclidas como los jefes y conductores de unos invasores nórdicos, los dorios. La ruta que siguieron los dorios en su marcha hacia el Peloponeso ofrece muchas dudas. Al parecer unos penetraron en esta región atravesando el golfo de Corinto en Naupacta y se instalaron en la Élida,



Acaya y Laconia. Otros penetraron por tierra a través del istmo de Corinto y se instalaron sobre todo en Argos, Corinto y Megara.

La marejada dorica abarcaba casi toda Grecia. Solo algunas regiones escaparon indemnes; tal es el caso de Arcadia, en el centro del Peloponeso, y Atenas, que no sabemos si fue dejada a un lado por los invasores o si resistió su ataque logrando rechazarlo.

No hay duda que la Regada de los dorios coincidió, en Grecia, con múltiples trastornos. En consecuencia, los investigadores se inclinaron a ver en estos invasores el origen de tales trastornos y a atribuirles una se-

rie de cambios importantes.

Durante mucho tiempo se ha sostenido que los dorios introdujeron dos novedades de gran importancia: la metalurgia del hierro y la cerámica de estilo geométrico. De esa manera podía explicarse fácilmente su conquista del Peloponeso ya que sus armas de hierro eran muy superiores a las de bronce de los aqueos. Actualmente, sin embargo, no existe ninguna duda de que fue en Anatolia donde primero se conoció el trabajo del hierro, cuyo monopolio tuvieron los hititas durante mucho tiempo. Una vez producida la ruina del imperio hitita, hacia 1.200 a.C., el manejo del hierro, se extendió por Palestina y Creta y de allí, seguramente, pasó a Grecia continental.



Fue en Grecia donde los dorios se familiarizaron con el hierro.

Tampoco podemos atribuir a los dorios la introducción en Grecia del estilo geométrico. Este parece haber sido una derivación del arte micénico sobre el cual actuaron influencias orientales. Además, este estilo alcanzó sus más brillantes manifestaciones en Chipre y en Atenas, que no habían sido afectadas por la invasión de los dorios. En cuanto a la incineración de los cadáveres, tampoco parece haber sido una aportación exclusiva de los dorios ya que la civilización micénica había comenzado a utilizarla, aunque muy rara vez.

En el terreno de lo social encontramos algunas aportaciones de los invasores, especialmente en lo que se refiere a la implantación de un sistema férreamente patriarcal según la tradición indoeuropeo. El ideal de esta sociedad es el caballeresco, que exalta las virtudes varoniles, la fuerza, el valor, la fidelidad. En todas las regiones donde se establecieron aplicaron su dura mano sobre las poblaciones sometidas, convirtiéndolas en esclavas. El caso más conocido es el de los flotas de Esparta.

En el campo religioso hubo asimismo innovaciones pues allí también se puso de manifiesto la superioridad masculina. Es el momento en que dos divinidades masculinas, Zeus y Apolo, afirman su dominio por todas partes a expensas de las divinidades femeninas vinculadas a la tierra.

No debemos pues, sobreestimar las aportaciones de los dorios y atribuirles la destrucción de la brillante civilización del bronce griego.

Esta ya estaba en decadencia como resultado del complejo movimiento de pueblos y migraciones que durante los siglos XIII y XII a.C. habían afectado el Mediterráneo oriental. Su llegada sólo sirvió para acelerar el proceso.

Durante los dos o tres siglos siguientes se puede apreciar un vacío de poder en todo el Mediterráneo oriental. Fortalezas y palacios se derribaron sin ser reedificados y todo parece indicar que se produjo un descenso notable en el nivel de vida, así como grandes movimientos migratorios y una considerable reducción de la población.

Desaparecen los grandes imperios característicos de la Edad de Bronce y el comercio se paraliza notablemente.

Como también desaparece el manejo de la escritura, lo poco que sabemos es a través de la arqueología.

Sin embargo, en estos siglos oscuros se estaba gestando un nuevo tipo de sociedad y de cultura griega. Por esa razón, al calificar de oscuros los siglos que corren entre el 1200 a.C. y el 800 a.C. aproximadamente, debemos señalar que los que estamos a oscuras somos nosotros.

En medio de esa evidente pobreza material, se estaba dando forma a un nuevo mundo.