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(Véanse los mapas en grande en IV y en las últimas páginas, XVII, XVIII , XIX)
Petra. La Ciudad rosa del desierto. (XIV)

Sentada con los últimos nabateos que viven en Petra( los demás han sido trasladados al cercano Wadi Rum y sus alrededores), sentí como si el tiempo se hubiese detenido. A la luz del atardecer, nos protegía del viento frío del norte una alta pared de rocas de color rosa: El color de Petra.
Detrás de nosotros, a nuestros pies, toda la ciudad antigua dormía su eterno sueño de olvido y destrucción. Solo las rocas, inmortales, han salvado su recuerdo de la nada.
A mi derecha todo( creo) el harén del señor que lleva la cabeza tapada con un paño blanco. En último término, a la izquierda de la fotografía, su esposa más joven, de solo doce años, a la que le daba vergüenza que le hiciese fotos. La señora del pañuelo rojo también es esposa suya. Y madre de la niña pequeña que se asoma curiosa y del bebé morenito al que su madre sostiene en brazos, tapado con una manta amarilla.
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