Actualización:  15 mayo 2005

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Principal, Leyes hititas


  Batalla de Kadesh  

 

 

De abajo a arriba: División Seth , Path, Ra, Amón (dirigida por Ramsés II)

 

 

Batalla entre Ramsés II, el joven faraón de Egipto, y Muwatalis, rey del Imperio Hitita, más los aliados de este último; librada aproximadamente el año 1295 a.C., en los alrededores del poblado de Kadesh, cerca del río Orontes, en lo que actualmente es Siria.

Durante el siglo XIV a.C. el equilibrio de poderes en el Medio Oriente había cambiado substancialmente. La crisis provocada por la reforma religiosa del faraón Eknatón, sumada al empuje del enérgico monarca hitita Shubiluliuma, provocaron que Siria completa cambiara de manos egipcias a hititas. Al asumir el faraonato, el joven faraón Ramsés se lanzó a una gran campaña militar para recobrar dichos territorios de manos hititas; sin embargo, la guerra se tornaría complicada para los egipcios cuando los hititas consiguieron trabar alianzas con distintos reyezuelos de la región (los de Nahr el-Kelb, Gubla, Arwad, Ugarit, Naharina y Kargamis, concretamente), formando una coalición contra Ramsés. Este, a su vez, consiguió la amistad del príncipe Bentesina de Amurru, hasta el momento aliado de los hititas.

De esta manera, Ramsés se adentró en Siria con cuatro divisiones, compuestas por batallones egipcios, algunos fieros guerreros negros reclutados en Nubia, y un importante contingente de amorreos que detestaban profundamente a los hititas. De esta manera llegó hasta Kadesh y flanqueó la ciudad por el oeste hacia el norte, ignorante de que los hititas habían hecho lo propio, flanqueando la ciudad por el este hacia el sur (por la ribera oriental del río Orontes). Muwatalis, el rey hitita, dio grandes muestras de astucia al enviar soldados que debían dejarse capturar, e informar de esta manera a los egipcios que los hititas se encontraban bastante más al norte. Confiadamente, el impetuoso Ramsés había avanzado con las divisiones Amón y Ra, sin esperar al resto de su ejército, desoyendo los prudentes consejos de sus oficiales. Cuando Ramsés descubrió la verdad, ya era tarde. Nervioso, ordenó preparar las defensas, mientras trataba de enviar mensajes a las divisiones Ptah y Sutekh para que aceleraran la marcha.

Los hititas, que al contrario de los egipcios estaban muy bien organizados y desarrollaban un plan sobre pasos firmes y concretos, cruzaron el río Orontes de este a oeste, por el sur de Kadesh, y se lanzaron a un feroz ataque. Los egipcios, hambreados y cansados por la marcha, a duras penas consiguieron defenderse. La división Ra fue atacada por el centro y dispersa, mientras que los supervivientes egipcios eran masacrados por los carros de combate hititas. De esta manera unos 5.000 egipcios perecieron (ambos ejércitos contaban más o menos con 20.000 hombres, lo que da una idea de la tragedia). La división Amón, por su parte, resistía desesperadamente. Las divisiones Ptah y Suketh seguían avanzando, ignorantes aún del peligro en que estaban por caer.

La batalla estaba en un punto decisivo. Muwatalis tenía todo a su favor para aniquilar las restantes tres divisiones, e incluso dar muerte a Ramsés, que estaba escondido en el fondo de su campamento y protegido por la avidez de los propios hititas, cuyo heterogéneo ejército se desbandó nada más tomar el campamento enemigo, para dedicarse al saqueo y la rapiña. De esta manera, Muwatalis perdió un tiempo valioso en reorganizar su ejército, mientras que Ramsés consiguió quebrar el cerco que los carros de combate hitita habían creado en su torno, y se abrió paso hasta el cercano río Orontes, salvando de esta manera con vida del trance. En su empresa fue auxiliado por un escuadrón militar (se ignora si cadetes egipcios desembarcados en la costa, o alguna tribu de milicianos amorreos), que apareció en la hora undécima y se abalanzó sobre el derruido campamento egipcio, desorganizando aún más a los saqueadores hititas y poniéndolos finalmente en fuga; de esta manera la victoria escapó de las manos de Muwatalis, cuando estaba casi asegurada.


Tratado de  Kadesh
descubierto en  Hattusas
Archaeological Museum - Istanbul
Después de la batalla, Ramsés se retiró al sur, hacia Damasco, desde donde se vio forzado a regresar a Egipto sin ningún triunfo a su haber, e incluso con grandes pérdidas materiales. De todas maneras, esto no le impidió escribir un glorioso poema épico por encargo (el Poema de Pentaur), en el cual describe la batalla como una gloriosa victoria suya (lo que es falso, como es posible cotejar en las crónicas hititas).

De todas maneras, Muwatalis optó por no continuar la guerra, y envió una oferta de paz a Ramsés. El tratado de paz subsiguiente, después de algunas hostilidades posteriores, sería la base de un acuerdo posterior más permanente, el Tratado de Kadesh, que no firmaría Muwatalis sino su sucesor Hattusil III. En cuanto a Bentesina, el aliado amorreo de Ramsés, tuvo un triste destino en manos de Muwatalis, quien se vengó derrocándolo y poniendo en su lugar a Sabili, un rey títere de sus intereses en la región.

 

 

 

La Batalla de Kadesh fue la última contienda a gran escala entre egipcios e hititas, pueblos que ya no volverían a invadir cada uno la esfera de influencia del otro. Es también la primera batalla en la Historia Universal que está documentada hasta el punto que es posible reconstruirla etapa por etapa, incluyendo la estrategia militar y el armamento empleado en la misma.