Propiedades químicas.

    Las propiedades químicas, salvada la composición, tienen en las gemas menor importancia global que las propiedades físicas. Como es lógico, sólo puede considerarse el uso gemológico en piedras que sean estables desde un punto de vista químico, que no sufran oxidaciones, carbonataciones o alteraciones de otro tipo, que no sean solubles ni fácilmente atacables por los productos de empleo común en la vida diarias: alcohol, jabones, etc.

    La mayor parte de las gemas cumplen bien estos requisitos. Como ejemplo de gemas con las que se debe tener un cuidado especial, las perlas (compuestas por capas alternadas de carbonato cálcico y una sustancia orgánica llamada conquiolina) son fácilmente atacables por ácidos débiles, por lo que pueden deteriorarse a causa del sudor y los perfumes. Lo mismo puede decirse del coral.

    Algunas variedades de ópalo, cuya composición es sílice amorfa con moléculas de agua, pueden sufrir una deshidratación progresiva en climas secos, por lo que se conservan a veces inmersos en agua. En todo caso, se trata de unas propiedades químicas especiales y poco frecuentes.