Efectos ópticos especiales.

    Se denominan así las distintas apariencias de determinadas gemas en condiciones especiales de iluminación, al moverlas o en otras circunstancias. Todos tienen relación con la estructura del mineral y la presencia de inclusiones. En muchos casos influye también la distribución de determinados elementos en la red, el tipo de talla y la fuente de iluminación que se utilice. En ocasiones se los engloba bajo la denominación común de "resplandor" o "refulgor".

    Existen muchos efectos ópticos que dan más valor a la piedra, sea por su rareza o por conferirle mayor belleza. Los más frecuentes son:

Efecto "ojo de gato" o "chatoyancy". Es un resplandor causado por la orientación paralela de agujas cristalinas o tubos. El efecto consiste en que, sobre una talla en cabujón de la gema iluminada con una luz puntual fuerte, se observa una línea de luz que se desplaza al mover la piedra. Un ejemplo es la variedad de crisoberilo denominada cimófano. También la sillimanita, algunas turmalinas, berilos y cuarzos.

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Efecto "ojo de gato" en un crisoberilo
(Foto: IGE)

Asterismo o "efecto estrella". Es el resplandor causado por inclusiones aciculares que se disponen cortándose a 120° o a 90°. Se observa, al igual que el anterior, en cabujones fuertemente iluminados, como una estrella de 6 o 4 puntas, respectivamente, que se desplazan al mover la gema. Ejemplos típicos son el corindón estrella (rubí y zafiro) (6 puntas) y el diópsido estrella (4 puntas)

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Zafiro y rubí con asterismo
(Foto: IGE)

Opalescencia se llama a cierta turbidez, característica, pero no exclusiva, de los ópalos. La presentan muchas piedras que contienen inclusiones dispersas. Además del ópalo, el cuarzo lechoso, la calcedonia y otros minerales.

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Ejemplo de opalescencia
(Foto: J. M. Sanchís)

Adularescencia es un resplandor azulado o blancuzco característico de la adularia o piedra luna (variedad de feldespato). También pueden presentarla la ortosa, la albita y los demás feldespatos. Se debe a las maclas polisintéticas y a la presencia de inclusiones dispersas.

Aventurescencia es el brillo producido por "chispas" incluídas en ciertas piedras. Estas chispas son, en realidad, inclusiones dispersas de micas o, en el caso de las aventurinas artificiales, cristales tetraédricos de cobre metal. El nombre procede de la aventurina o venturina, variedad de cuarzo con inclusiones de mica fuchsita (verde).

Iridiscencia es una interferencia, por lo general perjudicial para el valor de la gema, consistente en la aparición de diversos colores "del arco iris" en ciertas fracturas o exfoliaciones del cristal, por interferencia y difracción de la luz. Es frecuente en el topacio y en muchos cuarzos.

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Iridiscencia
(Foto: IGE)

Pátina es una cubierta iridiscente superficial que se presenta en ciertos minerales por oxidación, sulfuración u otra alteración química. Desde el punto de vista gemológico es perjudicial. Es frecuente en sulfuros y óxidos metálicos que no se usan como gemas.

Labradorescencia es el reflejo metálico azul verdoso producido por la inclusión repetida y paralela de agujas de ciertos minerales (normalmente ilmenita o rutilo) en las maclas polisintéticas de algunos feldespatos (labradorita, oligoclasa, anortita).

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El efecto de labradorescencia en plagioclasas
(Foto: IGE)

Juego de colores es un efecto característico del ópalo noble. Se produce por la disposición aleatoria de plaquitas submicroscópicas de esferas de tridimita o cristobalita, que actúan como redes de difracción de la luz. Se observa como una gama de plaquitas imprecisas, vivamente coloreadas, que se desplazan al mover la gema.

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Juego de colores en un ópalo natural (izquierda) y en una imitación del ópalo (derecha)
(Foto: IGE)

Pleocroísmo. Se llama así a la propiedad que presentan ciertos minerales anisótropos de absorber luz de distinta longitud de onda según la dirección, mostrando, por lo tanto, los colores complementarios según dicha dirección. El efecto es que, al girar la piedra respecto al observador, cambia de color. Los minerales uniáxicos sólo pueden presentar, como máximo, dos colores; en tal caso se denominan dicroicos. Los biáxicos pueden llegar a ser tricroicos.

El pleocroísmo es un fenómeno muy frecuente pero, por lo general, poco acusado, por lo que pasa desapercibido. En ciertas piedras, como la andalucita, el apatito, la axinita, el crisoberilo, la epidota o la turmalina es más evidente.

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Una iolita, sumergida en un líquido de imersión, cambia de color, como consecuencia de su pleocroismo, en función de la dirección de la luz
(Foto: IGE)